"Estamos ocupándonos de Cuba", afirmó un alto funcionario de la Administración de Donald Trump al New York Post, al defender que la guerra contra Irán no ha frenado la estrategia de Washington en el hemisferio occidental. La declaración contrasta con un balance publicado por Newsweek: casi diez meses después de la captura de Nicolás Maduro, el régimen cubano conserva el poder y la presión estadounidense no ha conseguido, al menos de momento, la transformación política anunciada.
"Llevamos adelante todo el proyecto de Venezuela mientras lo de Irán estaba en curso, y estamos ocupándonos de Cuba. Hemos seguido a toda máquina en el hemisferio occidental", sostuvo el funcionario, cuya identidad no reveló el New York Post.
El Departamento de Estado publicó en X un extracto de ese reportaje, según el cual Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, han priorizado hasta 20 países americanos para contener amenazas, asegurar cadenas de suministro y frenar el narcotráfico y la migración.
El diario presenta esa estrategia como la "doctrina Donroe" y sitúa a Cuba entre sus objetivos pendientes. Sin embargo, el análisis de la revista describe una distancia entre los planes presidenciales y los resultados en Cuba.
Según esa publicación, Washington ha combinado el corte del suministro petrolero venezolano, amenazas arancelarias a otros proveedores de combustible y sanciones contra funcionarios, empresas estatales y compañías extranjeras vinculadas con La Habana. Pero el cerco económico, por ahora, no se ha traducido en concesiones políticas decisivas.
Christopher Hernandez-Roy, director interino del Programa de las Américas del CSIS, dijo a Newsweek que la guerra en Irán modificó los cálculos: absorbió medios militares desplegados en el Caribe y elevó el riesgo político de una operación contra Cuba que no obtuviera un éxito inmediato.
Mientras Trump ha sugerido que buques estadounidenses podrían detenerse frente a la Isla al regresar de Oriente Medio, Rubio apuesta, según el artículo, por una presión sostenida y una transformación con horizonte en 2028.
Para Sebastián Arcos, director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, ambos enfoques pueden formar parte de un mismo plan: "intimidar y estrangular", estimular fracturas internas y erosionar la confianza en la supervivencia del régimen.
Sin embargo, sustituir a un gobernante no equivale a desmontar el sistema. Los expertos consultados señalan que el entramado del Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia dificulta reproducir el desenlace venezolano.
"La prioridad de este régimen siempre ha sido el poder absoluto, incluso por encima del bienestar del pueblo cubano", afirmó Arcos. "Nunca negociarán su propia rendición", consideró.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó esta semana que "hay un 0% de probabilidades de que un Castro esté al mando de Cuba cuando deje el cargo". En una entrevista en Florida con el periodista Benny Johnson, reseñada por DIARIO DE CUBA, el mandatario subrayó que "el régimen comunista en Cuba no va a durar mucho más... Mira lo que hicimos en Venezuela".
El efecto más palpable en Cuba de la caída del dictador venezolano Nicolás Maduro fue el fin de los envíos de petróleo, lo que agravó la escasez de combustible. Además, el hecho también tuvo un impacto psicológico en la población: una mayoría de cubanos que participaron en una encuesta de DIARIO DE CUBA, hecha por Cubadata 12 días después de que fuerzas estadounidenses extrajeran a Maduro en Caracas, consideró que el rumbo de la Isla cambiará, a pesar de lo que quiera el régimen.