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Pobreza

Jugando a sobrevivir: las vacaciones de los niños cubanos

'Hay algo que se ha desarrollado en los niños de hoy, que es un alto grado de concientización de que hay que buscar dinero para comer. A los niños cubanos este sistema les acabó la infancia', dice una santiaguera.

Santiago de Cuba
Un niño vende mangos en Santiago de Cuba.
Un niño vende mangos en Santiago de Cuba. Diario de Cuba

"Por suerte, los niños todo lo convierten en un juego, porque no tienen ningún pasatiempo normal en estas vacaciones", dice Katia, madre de tres hijos. "La Revolución ha matado cualquier sueño infantil" en Cuba.

Tras el fin del curso escolar, las vacaciones son la nueva agonía para los padres cubanos, muchos de los cuales solo pueden "regalar" a sus hijos apagones y hambre. La infancia en Cuba se ha convertido en una fase de maduración acelerada en la que muchos niños deben ayudar en la subsistencia del hogar: recolectar leña, cargar agua, marcar en colas y vender mercancías son algunas de las encomiendas familiares.

"Para ellos todo es un juego, son los primeros que se alistan cuando vamos a buscar agua", dice Jesús, padre de dos varones de siete y nueve años de edad. "Buscan los porrones y las sogas, y empujan la carretilla. La parte que más le gusta es cuando se saca el agua de las cisternas para echarla en los porrones; se tiran agua, se empapan, se divierten, y yo los dejo, esos son sus momentos felices", afirma.

Estos niños cubanos apenas han tenido un juguete en su vida, los que han visto ha sido por la televisión, internet, o en los escaparates de las tiendas. Pero no los reclaman, desde hace mucho entendieron que la prioridad es la alimentación. Algunos inventan juegos y fabrican juguetes con lo que tienen a su alcance.

"No extrañan los juguetes porque nunca los han tenido", dice René, profesor de Educación Física. "Por eso, uno de los juegos más populares es el del 'quemao', que no utiliza juguetes. Es sencillo, es correr para que no te toquen; el tocado es el 'quemao', que tiene que tratar de tocar a alguien para quemarlo. Es un buen juego porque crea habilidades de escape con fintas, y esto desarrolla habilidades mentales y tácticas", argumenta.

Por estos días, el juego más popular es el fútbol, por la Copa Mundial que contempla el mundo y que los cubanos apenas han visto debido a los constantes apagones. Pero muchos niños no tienen una verdadera pelota para patear.

"Aquí en el barrio hay que esperar que los nietos de Caridad saquen la pelota que ella les trajo de Venezuela", dice una vecina de Micro 8, en el distrito José Martí. "Es una alegría para esos muchachos cuando pueden jugar con una pelota de verdad, y es una vergüenza que una pelota sea un lujo que los padres cubanos no pueden permitirse".

Pero el "juego" más importante para los niños cubanos hoy es luchar para ayudar a sus familias. Por las calles de Santiago de Cuba se les ve vendiendo leña, frutas, o cualquier mercancía que los adultos les den. Pregonan en las calles o escogen un espacio cualquiera donde colocar sus productos.

"Ya es normal ver a niños vendiendo en las calles, mayormente frutas como el mango, y ahora, con la temporada de mamoncillos, se verán más. Un mazo de mamoncillos cuesta 100 pesos", dice Anaisa, vecina de Micro 7, un barrio periférico desde donde los observa adentrarse en el monte en busca de los árboles silvestres.

"Se reúnen dos o tres niños, llevan una carretilla y sacos, se suben a los árboles, tumban los gajos y después se sientan a arman los paquetes. Luego, los ponen en la carretilla y a vender", explica. Para ellos es un juego porque se divierten, y en el proceso comen y obtienen dinero para ayudar a sus familias".

"Hay algo que se ha desarrollado en los niños de hoy que es un alto grado de concientización de que hay que buscar dinero para comer, porque a los niños cubanos este sistema les acabó la infancia", concluye.

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