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Opinión

Sin amenaza militar, el castrismo va a seguir 'guapeando'

La mafia que gobierna Cuba parece considerar que no habrá intervención militar de EEUU y que el tiempo corre a favor suyo.

Miami
Miguel Díaz-Canel y Bruno Rodríguez, en vuelo Moscú-La Habana, 2024.
Miguel Díaz-Canel y Bruno Rodríguez, en vuelo Moscú-La Habana, 2024. Perlavisión

"A grandes males, grandes remedios". Fue Hipócrates, el padre de la medicina, quien acuñó esa sabia frase hace unos 2.400 años para expresar que, ante una enfermedad muy grave, el médico tiene que recurrir a remedios drásticos y no aplicar tratamientos convencionales no agresivos que resultarían inútiles.

Si aplicamos la faz filosófica de esa sentencia hipocrática al mal grandísimo que es la tiranía castrista vemos que hay que aplicar un grandísimo y agresivo remedio para librar al pueblo cubano de esa plaga que lo acogota desde mediados del siglo XX. No hay otra salida.

Hasta ahora la abrumadora presión económica, política, diplomática y psicológica del Gobierno de Donald Trump contra la mafia que usurpa el poder en Cuba no ha sido suficiente para forzarla a realizar cambios estructurales que desesperadamente necesita el país, ni ha movido un dedo en lo político. Y encima lanza "guaperías" a diario.

Hay para ello dos razones, una interna y otra externa. La primera es el control monárquico absoluto que sigue teniendo del país, no importa las protestas y los cacerolazos por doquier.

En lo externo, el empantanamiento con Irán y la candente situación en el Medio Oriente, la presión para evitar una intervención en Cuba que ejercen sobre Trump el Congreso, sectores políticos incluso republicanos, la opinión pública estadounidense (que de Cuba sabe muy poco), gobiernos, medios de comunicación, la ONU y una larga etcétera. Y que La Habana considera que Trump es más un buen negociante que un buen guerrero.  

En lo nacional recordemos que el régimen se afinca en una enorme y temible maquinaria de represión jamás vista en ningún otro país de este hemisferio, que incluye un ejército de espías y represores que acechan a las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior, el aparato del Partido Comunista, del Gobierno, la Asamblea Nacional, los sindicatos, y toda la población. Son chivatos que en su mayoría no se conocen entre sí y, por tanto, se vigilan entre ellos mismos.

El régimen alardea porque cree que no habrá intervención militar

En fin, la mafia dictatorial sigue con el control total del aparato político-militar capaz de sofocar las aisladas y no coordinadas expresiones de descontento popular, hasta ahora. Considera que no habrá intervención militar de EEUU, y que, por tanto, el tiempo corre a favor de ella.  En esos factores internos y externos se sustenta la "guapería" y la intransigencia castrista. Por ahora.

Con la situación en Irán y el sur del Líbano no resuelta del todo, Washington no tiene el margen de maniobra necesario para el caso cubano. En la práctica el Gobierno de Trump está medio paralizado en su ofensiva contra la dictadura cubana.

En estos momentos dispone de armas no tan agresivas como las que sugiere la filosofía hipocrática. Digamos implantar sanciones contundentes, como prohibir los vuelos de aerolíneas estadounidenses a la Isla, los viajes turísticos a Cuba, salvo los muy necesarios por razones familiares, O prohibir las remesas en cash.

Pero eso tampoco funcionaría. Empeoraría el malvivir de los cubanos y se mantendría el control dictatorial del país. A GAESA y toda la oligarquía tiránica, si no está en peligro su poder dictatorial les importa un pito que los cubanos pasen hambre, o mueran por falta de medicamentos, se desnutran y adelgacen por día peligrosamente, no tengan electricidad ni transporte, que de los basureros callejeros emane hediondez ambiental y gérmenes potencialmente mortales.

Al parecer el régimen desea se agrave la crisis y culpar a Trump

Es más —créase o no—, al parecer el régimen está apostando a que la crisis, ya existencial, se agrave al extremo y así poder culpar a Trump, obligarlo a levantar las sanciones, y de paso también el embargo. Sabe que una denuncia de "culpabilidad" contra Washington sería apoyada por medio mundo, cada vez más antiestadounidense.

Mientras tanto, el patriciado raulista privilegiado come opíparamente. Obsérvese sus voluminosos vientres. Y no carece de nada. Con los millones de dólares malversados al Estado poseen compañías privadas allende los mares, incluso en EEUU. Son capitalistas de negocios millonarios, a cargo de sus hijos, nietos, sobrinos, primos, amigos cercanos y de muchos testaferros. Y poseen miles de millones de dólares en cuentas bancarias personales, casi todas en el extranjero.

Además tienen la esperanza de que en noviembre el Partido Republicano pierda la mayoría en ambas cámaras del Congreso, y sea más difícil para Trump mantener su actual política con Cuba.  Albergan incluso la esperanza de que Trump sea destituido como presidente de EEUU por un impeachment en un Congreso de mayoría demócrata.

De manera que, por si las moscas, al castrismo-comunismo hay que desmantelarlo antes de enero de 2027, cuando tomarán posesión de sus cargos los nuevos miembros del Congreso. O todo podría complicarse.

El "tigre de papel" castrista no se enfrentaría al Ejército de EEUU

El meollo de todo esto es que con sanciones a cappella, sin un bullicioso ruido de sables (creíble amenaza de intervención militar), y dada la coyuntura internacional, e interna en EEUU no favorable a "otra guerra", la camarilla dictatorial no va a soltar el poder, ni compartirlo con un Gobierno de transición negociado con Washington al estilo de Venezuela.

Ahora bien, mucho ojo, porque al final lo que de veras cuenta aquí es que la intransigencia castrista es "un tigre de papel" de verdad, y no el "imperialismo yanqui" a quien el genocida Mao Tse Tung le endilgó esa frasecita. Porque toda esa resistencia castrista a mover ficha irónicamente está erigida sobre el temor-pánico a una posible intervención militar estadounidense.

Es decir, eso de no mover ficha llega hasta que llega a una línea roja que no se atreverá nunca a pasar. No importa lo que griten Díaz-Canel, Bruno Rodríguez y la infanta Mariela Castro, lo cierto es que temen tanto a una intervención militar estadounidense que, solo con amenazar de forma convincente con realizarla, lo cambiaría todo.

Por ejemplo, desplegar naves de guerra, realizar intimidatorios vuelos de aviones de combate. Y mejor aún, realizar específicos ataques quirúrgicos y destruir en tierra aviones, armamento, o drones que se dice tiene el régimen.  Eso, convoyado por una guerra psicológica de amenaza de ocupación del país, produciría un ablandamiento, o posiblemente una fractura en el alto mando mafioso, para negociar en serio con Washington.

Y ya con el "síndrome del Quijote" (el de confundir deseo con realidad) podemos pensar hasta en una rendición "decorosa" de parte de la plana mayor de la dictadura no manchada de sangre y de atropellos, aceptar la formación de un Gobierno de transición negociado con EEUU, la oposición interna y el exilio cubano, y entregar a la Justicia de EEUU al prófugo de la Justicia estadounidense cuyo apellido dio nombre a la autocracia-desgracia cubana.

Sí, porque los militares cubanos, sobre todo los que tendrían que poner el muerto, saben que sería un suicidio, y muy estúpido, enfrentarse a la más efectiva y mejor equipada fuerza armada del planeta. ¿A santo de qué? ¿Para defender qué y a quién?

Trump ha dicho que no descarta una intervención militar en Cuba, pero también que no será necesaria. Y ahí está el detalle. Aunque fuese cierto que no la habrá, decirlo insufla esperanzas a la jauría dictatorial de que un milagro todavía la puede salvar, y sigue intransigente frente al "imperio".

Colocar una espada de Damocles encima de la dictadura

Lo más inteligente es convertir la amenaza de una intervención militar estadounidense en una espada de Damocles colocada encima de las cabezas del dictador y toda la oligarquía dictatorial. Sería la mejor vía no traumática para acabar con la falaz intransigencia castrista. Con un fuerte ruido de sables, el castrismo sí movería ficha.

Ahora bien, es bueno aclarar (o más bien enfatizar) que no importa todo lo razonado y especulado hasta aquí, la verdadera espina dorsal de todo esto es que el castrismo ya falleció y de lo que se trata es de ponerle fecha a sus funerales, y preparar condiciones para "el día después".

En los próximos días echaremos un vistazo a una de las exequias fúnebres que el propio castrismo ortodoxo se prepara a sí mismo con mascaradas "reformistas", para mutar a neocastrismo y tratar de perpetuarse vestido de Caperucita. 

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