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Política

Una demanda ciudadana: 'repartir mejor' los apagones

Una señora mayor, en muletas, anda tocando puertas en La Habana solicitando firmas para una petición ciudadana. La demanda es bien concreta.

Miami
Un hombre carga agua ante la falta de suministro.
Un hombre carga agua ante la falta de suministro. DDC

Una señora mayor, en muletas, anda tocando puertas en La Habana solicitando firmas para una petición ciudadana. La demanda es bien concreta: una distribución equitativa de los apagones. Aunque a algunos les pueda parecer algo irrisorio en el actual contexto cubano, la iniciativa tiene mucho más valor que el que se aprecia a simple vista y de hecho, es portadora de cambios fundamentales en las actitudes y aptitudes de los ciudadanos en la Cuba de hoy.

En primer lugar, está centrada en un objetivo bien específico y, sobre todo, alcanzable, una regla de oro de cualquier campaña no violenta. Los grandes objetivos se alcanzan a partir de ir escalando en base a pequeñas victorias. Como dice Sun Tzu en El Arte de la Guerra, escoge las batallas que puedas ganar. Gandhi comenzó con un tema tan simple como marchar hacia el Océano Índico a producir sal, y el movimiento pro derechos civiles en EEUU con una demanda tan específica como no ceder el asiento en un autobús en la ciudad de Montgomery, Alabama.

No se trata de establecer comparaciones, sino de observar patrones, aprender lecciones y seguir reglas de involucramiento. Tampoco es que esta venerable anciana sea una estratega como Kansuke Yamamoto, pero los que practican la acción no violenta no tienen que estar conscientes de que están implementando un tipo de método particular. El teólogo americano Walter Wink entrevistó en 1986 a participantes en el movimiento antiapartheid en Sudáfrica y descubrió que "la mayoría simplemente no sabían nombrar sus experiencias de lucha no violenta... Citaron una extraordinaria lista de acciones no violentas como huelgas laborales, plantones, boicots, no cooperación con órdenes de funcionarios, etc, pero fallaban en identificar estas tácticas como no violentas e incluso se sorprendían al escuchar el término en sí".

En segundo lugar, la campaña (porque esto es lo que está promoviendo esta anciana) ataca varios pilares de apoyo de cualquier dictadura. La legitimidad, puesto que hay zonas priorizadas que no son golpeadas de la misma manera por los apagones que otras zonas marginalizadas o vulnerables. La autoridad, debido a que busca revertir disposiciones de las autoridades en una cuestión crítica para la ciudadanía, y además, hasta propicia fracturas en los estamentos de poder por el hecho de que en el mes de mayo, el primer ministro Manuel Marrero ordenó "repartir mejor" los apagones en la capital, reconociendo de forma implícita la validez de esta petición.

No se trata entonces de algo puramente simbólico, como ella misma dice al solicitar las firmas, sino un excelente ejemplo de lo que es una campaña de acción estratégica no violenta, enfocada en un tema específico, con posibilidades de agrupar a grandes cantidades de personas en torno a una demanda conectada a sus vidas diarias, sin necesidad de discursos o postulados ideológicos rimbombantes que en la mayoría de los casos no resuenan en el imaginario popular. Es un ejercicio de empoderamiento individual en busca de generar un empoderamiento colectivo y de esto se trata, en términos prácticos, a la hora de construir cualquier movimiento de cambio.

Lo importante es no ver esto de forma paternalista o costumbrista, como una viejita haciendo "lo que puede". Es un acto extraordinario, no solo de coraje ciudadano, sino también de respuesta cívica con un plan acertado, incluso aunque quien lo realiza no lo perciba en toda su magnitud. A menudo se tiene la impresión de que una campaña no violenta necesariamente tiene que contar con postulados políticos o ideológicos de largo alcance cuando, en realidad, las grandes transformaciones comienzan siempre con pequeños cambios.

La sociedad civil necesita de una victoria concreta contra el sistema, para desmontar el mito de la invencibilidad del sistema y demostrar a la ciudadanía en general que es posible generar cambios cuando está enfocada, organizada y comprometida. Esta es en esencia la propuesta de esta activista, porque cuando una ciudadana toma acción, ya deja de ser una simple espectadora para convertirse en agente de cambio. Lo que sigue entonces es la solidaridad, la acción conjunta en pos de un objetivo común. No por gusto el sindicato que inició el desplome del imperio comunista llevaba ese nombre, Solidarnosc.

Sería interesante que la gente reprodujera esta iniciativa dentro de Cuba para recabar más y más firmas, trabajar en serio en función de esta campaña, bien pensada y bien articulada. Mis respetos y admiración para esta señora. El poder siempre lo tiene la gente. Un movimiento —como su nombre indica— es un conglomerado de personas desplazándose en una dirección previamente escogida, una visión del mañana.

Es echar a andar, como esa señora.

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