Back to top
Opinión

¿Por qué habría que partir de la Constitución de 1940?

La restauración de la Constitución de 1940 en Cuba debería verse como un punto de arranque, no como punto de llegada.

Miami
Brazos levantados en votación
Brazos levantados en votación Freepik

Entre los cubanos que pensamos en una transición democrática surge una duda legítima: ¿por qué restaurar la Constitución de 1940, y no la de 1901? Tras casi siete décadas de comunismo, términos como "derecho al trabajo", "vivienda", "salud" o "función social de la propiedad" despiertan alarma: el régimen castrista ha convertido derechos en consignas, promesas sociales en control y justicia social en coartada antiliberal.

Esta preocupación la discutí recientemente con dos amigos: el escritor Vicente Echerri y Manuel Wong, joven cubano libertario, activo en redes sociales y en la defensa de las ideas de la libertad. Ambos, desde experiencias y sensibilidades distintas, coincidentes en lo esencial, comparten reservas hacia la Constitución de 1940 por su contenido social. El temor es comprensible: los "derechos positivos", sin límites claros, pueden expandir el Estado, erosionar la propiedad privada y subordinar las libertades individuales a metas colectivas. Tras siete décadas de comunismo, esa desconfianza es saludable.

Desconfiar del estatismo es legítimo; confundir la Constitución de 1940 con el constitucionalismo socialista del castrismo, no. La Constitución de 1901 fue liberal clásica: nació con la República, bajo influencia norteamericana, para fundar instituciones, separar poderes, proteger propiedad privada, habeas corpus, libertad de prensa y religiosa, igualdad ante la ley, soberanía y límites al poder. Era la arquitectura de una república naciente.

La Constitución de 1940 no rompió con la tradición liberal de 1901: la actualizó. Conservó separación de poderes, Congreso bicameral, Poder Judicial independiente, propiedad privada y libertades fundamentales. Pero incorporó derechos sociales propios del siglo XX: protección laboral, familia, educación, seguridad social, sindicalización, jornada de ocho horas y salario mínimo. Eso puede discutirse desde el liberalismo clásico, pero no la vuelve socialista.

La diferencia entre constitucionalismo social y socialismo constitucional es decisiva. La Constitución de 1940 reconocía la propiedad privada. Las constituciones castristas subordinan la propiedad, la economía, la sociedad y el ciudadano al proyecto socialista y al Partido Comunista.

La Constitución de 1940 establecía derechos dentro de una república plural. Las constituciones de 1976 y 2019 consagran un sistema de partido único, el comunista.

La Constitución de 1940 buscaba limitar el poder político. Las constituciones socialistas buscan proteger al poder frente al ciudadano. Esa diferencia es el abismo entre una república imperfecta y una dictadura ideológica.

La Constitución de 1901 tiene atractivo para quienes defienden un Estado limitado: sobria, liberal clásica y menos cargada de promesas sociales. En un país arruinado por siete décadas de estatismo desbordado, esa sobriedad seduce. Pero una transición no debe elegir solo el texto doctrinalmente preferido, sino aquel con mayor legitimidad histórica para restablecer la continuidad republicana interrumpida por la fuerza.

Aquí la Constitución de 1940 tiene una ventaja decisiva: fue quebrada por Fulgencio Batista en 1952, restituida formalmente, aunque de modo limitado, en 1955, y traicionada por Fidel Castro después de 1959. La restitución de 1955 abrió espacios legales que facilitaron la amnistía mediante la cual fueron liberados Fidel Castro, Raúl Castro y otros asaltantes del cuartel Moncada. Pero la legalidad a restaurar plenamente no era la de 1901, sino la de 1940. Esa fue la promesa que el castrismo terminó enterrando desde el poder.

Por eso restaurar la Constitución de 1940 no significa aceptar sin reservas todos sus artículos. Significa reconocer el punto exacto donde la historia constitucional cubana fue violentamente interrumpida. Una nación que sale de una dictadura no debe actuar como si naciera de la nada. Debe preguntarse dónde fue rota su legalidad y desde dónde puede reconstruirla. En el caso cubano, ese punto no es 1901, aunque 1901 sea un antecedente glorioso. Ese punto es 1940.

La experiencia báltica ofrece una lección útil: Estonia, Letonia y Lituania no se reinventaron tras el comunismo; apelaron a la continuidad jurídica de sus repúblicas precomunistas. Cuba debería asumir igual principio: el castrismo no creó una legitimidad nueva, sino que destruyó la anterior. La transición debe partir de la república interrumpida.

Esto no excluye reformas; al contrario, las exige. La Constitución de 1940 debe restaurarse como base simbólica y jurídica, pero revisarse con prudencia. Sus derechos sociales deben armonizarse con economía libre, propiedad robusta, descentralización, responsabilidad fiscal y límites estatales. Trabajo no puede significar empleo obligatorio; protección social no debe ser dependencia política; propiedad social no puede justificar confiscaciones.

En ese sentido, la restauración de la Constitución de 1940 debería verse como un punto de arranque, no como punto de llegada. Primero, restablecer la continuidad republicana. Luego, mediante procedimientos legítimos, reformar, actualizar y blindar el texto contra los abusos que la experiencia comunista nos enseñó a temer. La Constitución de 1940 puede y debe ser leída después del castrismo, no antes. Y leerla después del castrismo significa introducir una vacuna constitucional contra el estatismo, el partido único, la confiscación, la planificación central y la manipulación de los derechos sociales.

También es comprensible temer por el orden público en una transición. Una constitución no se defiende sola: Cuba heredará tribunales subordinados, policías ideologizadas, redes de vigilancia y burocracia de control. Por eso puede debatirse acompañamiento internacional temporal, sin renunciar a la soberanía. La prioridad será reconstruir instituciones cubanas confiables, con asistencia técnica, observación externa y horizonte republicano claro e inequívoco.

La comparación con EEUU ayuda: su Constitución no perdura por perfecta, sino por ofrecer un marco estable, reformable y respetado. La antigüedad no es defecto cuando encarna legitimidad, continuidad y límites al poder. Nadie la desecha por vieja: se interpreta, enmienda, debate y defiende. Una constitución viva no sirve al poder; lo limita en el tiempo con autoridad republicana.

La Constitución de 1901 debe ser honrada como el acta institucional del nacimiento republicano. Pero la Constitución de 1940 debe ser restaurada como el último pacto constitucional legítimo de la Cuba libre. La primera nos recuerda de dónde venimos; la segunda, dónde nos interrumpieron. Y una nación que busca reconstruirse no debe empezar desde la página en blanco si ya tiene una página arrancada por la fuerza.

La Constitución de 1940 no es perfecta. Tiene zonas discutibles. Refleja el constitucionalismo social de su época. Exige reformas. Pero posee algo que ninguna comisión improvisada puede fabricar: legitimidad histórica. Fue plural, republicana, cubana, nacida de un proceso constituyente real y anterior al secuestro totalitario. En una Cuba fragmentada por el exilio, el miedo, la propaganda y la desmemoria, puede funcionar como casa común.

La alternativa no es entre una Constitución de 1901 pura, una Constitución de 1940 intacta o escribir alguna nueva constitución en medio del vacío. La verdadera disyuntiva es entre restaurar una legalidad legítima, reformable y reconocible, o abrir una competencia constituyente marcada por la improvisación, la ansiedad política y la fragilidad institucional. Después de siete décadas de comunismo, Cuba no necesita otro experimento fundacional: necesita recuperar su República, corregir sus errores y levantar, sobre una base histórica, un orden de libertad.

Por eso, pese a las reservas, precisamente por haber aprendido del desastre comunista, la Constitución de 1940 debe ser el punto de partida. No como dogma. No como fetiche ni como nostalgia, sino como puente, como acto de prudencia republicana.


Frank Zimmerman es asesor estratégico en el Adam Smith Center for Economic Freedom en Florida International University. 

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Más información

21 comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.
Profile picture for user Pedro Benitez

El proyecto de ley ideal es el que arroja más estabilidad en la tumultuosa transición que nos espera.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

La Constitución del 40 es una Constitución socialdemócrata, posiblemente la primera de tal clase en el mundo. Es altamente intervencionista y paternalista. No es la Constitución adecuada para una Cuba del futuro. Cuba necesita un Estado mínimo y una Constitución acorde.

La mejor Constitución para Cuba sería una Constitución estatal como miembro de la gran Unión Americana. Siendo imposible tal cosa, tendría que asemejarse lo más posible a la Constitución más antigua y estable vigente en el mundo, quitando lo de las armas porque entonces sí explota la isla entera como un siquitraque.

Profile picture for user Plutarco Cuero

No Castro, No Constitutional Problem

Continuación de abajo.
Una constitución puede ser bien escueta. Leyes, decretos, reglamentos la sustentan después. En términos de ingeniería, una constitución es la fundación, las columnas y techos; las paredes, electricidad, plomería, y carpintería son las leyes y demás. Y la del 40 es todo el edificio y hasta con áreas verdes. Tiene el doble de artículos que la del 1901 e incorpora funciones estatales como la "cultura" que tiene el peligro de rozar con propaganda. En fin, si se elimina el respeto al derecho de propiedad, la del 40 pudiera fácilmente ser una constitución de un país de Europa del Este durante la guerra fría.

La respuesta tiene que ir más allá de que si la segunda fue continuidad de la primera y que esta fue frustrada por Batista y luego por Castro. Vaya que es casi como pitear lo que se hace en este artículo en vez de un ejercicio de derecho comparado.
La respuesta es una consulta filosófica. ¿Qué tipo de estado es el que queremos para nuestro futuro? Un papá estado que se ocupe de todas nuestras necesidades; o un estado que solo proteja y defienda la vida, la libertad, los derechos naturales, la propiedad y los contratos. Si lo que se quiere es lo primero, pues la del 40 viene al dedo, y viceversa.
Hay que preguntarse si Cuba hubiese alcanzado los niveles económicos de rápido desarrollo si la del 40 hubiese estado en pleno. Yo dudo que con un derecho al trabajo amparado por la constitución donde el despido tenga que tener causa, puedan las empresas prosperar de la forma que prosperó el país durante esos años
A veces se confunde el sentido que debe tener una constitución.

Ay mis queridos optimistas. Con Constitución del 40 o del 26, con ejército o sin, lo principal es que el Uncle Sam no nos pierda de vista, basta con que pestañee para que la volvamos a cargar en grande. Hay que mirar la historia de América Latina para ver que con comunismo o sin el, con izquierdas o con derechas, con Fidel o sin Fideles no hay mucho de que vanagloriarse. Ya estamos hasta escogiendo inmigrantes ay,ay,ay.

La Constitución del 40 es perfecta, pero necesita algunos arreglitos: quien haya participado en algún acto terrorista, aunque ya haya pagado pena de cárcel por el mismo no tendrá derecho a ningún cargo público; un ciudadano no podrá ser electo presidente en 2 periodos consecutivos para evitar una dictadura, pero sí podrá ser electo ilimitadamente en periodos no consecutivos y así se aprovecharía la experiencia adquirida y el presidente saliente pudiera usar esos 4 años de descanso para reflexionar y aprender de los aciertos y errores del presidente presente y entonces repetir la presidencia con más sabiduría y más bríos. Además, se reflejaría mejor la voluntad popular. Recuérdese que democracia es un vocablo griego que significa gobierno del pueblo.

Esa Constitución prohibía la reelección presidencial consecutiva. Un presidente por 4 años tenía que esperar al menos 8 años para volver a ser candidato presidencial.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Otro principio constitucional debe ser la ausencia de Fuerzas Armadas, como Costa Rica. Cuba es una isla sin ningún tipo de amenaza foránea, una fuerza policial para el órden interno es más que suficiente. En toda su historia "independiente" Cuba jamás ha tenido que defenderse de nadie, sus ejércitos solo sirvieron para inmiscuirse y determinar el devenir político interno y para meterse en guerras lejanas que ni le van ni le vienen.

Cuba tiene que romper con su inveterada tradición militarista derivada de las guerras de independencia que tanto lastraron y aún lastran el normal desarrollo de la nación.

Prosco, Ud. tiene toda la razón. Lo que se invierte en mantener un ejército se puede usar para todo tipo de industrias y escuelas.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Un principio constitucional básico en Cuba tiene que ser la total prohibición de partidos comunistas, se llamen como se llamen, cualquier partido propugnando esa ideología tiene que prohibirse constitucionalmente.

Cuba, en su renacer, va a atraer mucha inmigración. Ahora bien, hay que ser muy selectivo con los inmigrantes. No se debe permitir la entrada de comunistas ni musulmanes. Los comunistas ya los conocemos; los musulmanes no quieren adaptarse al país donde llegan, sino quieren imponer sus diabólicas costumbre. MIren Francia, los musulmanes se multiplican como los conejos y un día gobernarán ese país y la ley de Francia será la sharía.

La Asamblea Constituyente que elaboro la Contitucion de 1940 estaba penetrada por los comunistas. Como tambien estuvieron los gobiernos despues de la caida de Machado.
Como punto de partida para el dia despues, y con caracter transitorio solamente. Hay mucho veneno que los ñangaras plasmaron en ella y hay que sacarlas de raiz.

Profile picture for user cubano libre

Quizás, podrían arreglarla con enmiendas, pero "por algo" FC la eliminó, tengo que reconocer que la he leído muy por arriba...............Piensa en el porqué el Cagandante, aquella propaganda involucionaria, dijo que la sepultó.......¿Por qué sería?
Saludos.

Dejen la historia con la constitución del 40,las constituciones

se pueden cambiar o violar, ahí está Trump pasándose la constitución de los EEUU por el forro, Cuba necesita una nueva constitución cuando exista un gobierno democratico y limpio.

El mejor estatus para Cuba sería el de Estado Libre Asociado o Estado 51 y estas 2 opciones deben someterse a votación. Cuba no necesitaría ejército y ningún país se atreverìa a meterse con Cuba. La Constitución estatal puede ser la del 40 con algunos arreglitos. La religión oficial sería el cristianismo que abarca la católica, adventista, bautista, testigos de Jehová y todas las que tengan a Dios y Cristo como centro. La inmigración debe ser selectiva, no dejar entrar a comunistas ni musulmanes, pero sí a judíos y chinos no comunistas.

Profile picture for user cubano libre

Mi abuelo (QEPD) fue miembro del Partido Socialista Popular, se convirtió en enemigo de FC porque siempre lo consideró un gran oportunista, decía que FC nunca fue comunista, y acusaba de traidores al PSP a Blas Roca, a Fabio Grobart, a Carlos Rafael Rodríguez y a Lázaro Peña; sin embargo, mi abuela (QEPD) era Batistiana, admiraba a Batista por la atención hospitalaria a los trabajadores, desde que tengo memoria ya estaban divorciados, pero los dos me contaron lo mismo, que la Constitución del '40 era más completa que la de USA, coincidian que la declaración fue redactada por todos los sectores de la sociedad, desde la izquierda más radical de la época, hasta la derecha gobernante.
Creo que para el futuro de Cuba cómo Repúplica sería ideal retomarla, y agregar una que otra enmienda que por el tiempo ya no proceda.......
"Con todos, y para el bien de todos"
José Martí
26 de noviembre de 1891. Tampa.

Su Abuela tenia la mente clara: Que en Paz Descanse y En Gloria Este.

Profile picture for user cubano libre

Muchas Gracias Cacique.............Mi abuelo, el pobre, a pesar de sus ideas, nunca le hizo daño a nadie, lo mejor que siempre fué antifidelista, nadie lo podía callar, gracias a mi aldea SAB nadie le hizo daño, de lo contrario, terminaría preso......era un "recalcitrante" contra FC.

cubano libre, el problema de muchos de nosotros es que confundimos social con socialismo.