El 16 de enero de 1959, Fidel Castro organizó un homenaje a Eduardo Chibás en el Cementerio de Colón. No se cumplía aniversario alguno para ello, más allá del suicidio de este un día 16, pero del mes de agosto. Sin embargo, el líder rebelde estaba en plena campaña de estrella mediática; desde su entrada a La Habana había pronunciado muchos discursos y acudido a varias entrevistas.
Los acontecimientos del país se radicalizaban con rapidez desde que, el día 6 de enero —¿regalo de Reyes?—, el Gobierno anunciara la disolución del Congreso y que se gobernaría por decreto durante 18 meses. A partir de entonces había reaparecido el periódico Hoy, órgano de los comunistas; se había nombrado al comunista Nicolás Guillén poeta nacional; se había ordenado la expulsión de la Misión Militar Norteamericana; en menos de 15 días se habían producido ya 130 fusilamientos y se encontraban detenidas más de 3.000 personas; el Tribunal Supremo había sido sustituido por elementos de confianza, entre otros muchos elementos. Por todo esto, la opinión internacional había comenzado una fuerte campaña de presión hacia el Gobierno.
Castro, entonces, andaba en un arduo proceso de gestión mediática. El día antes del acto en el Cementerio de Colón había dirigido la palabra a los miembros del Club Rotario de La Habana. Ahora, por ser 16 —"¡vaya suerte!", debe haber pensado—, era el momento de un acto luctuoso.
Aquí, junto a esta tumba
El discurso del 16 es una operación de manipulación iniciada desde la elección del lugar. Tal locación no fue nada habitual en sus comparecencias. Al respecto, una búsqueda en el sitio Fidel: soldado de las ideas arroja que solamente escogió ese escenario dos veces más: cuando los sucesos de La Coubre y cuando los de Girón. Además, el mencionado sitio registra muchas referencias de Fidel a Chibás, pero pocos discursos en ocasión de su muerte y, ciertamente, ninguno más un día 16 de enero.
Nada en la trayectoria política del homenajeado permite suponer que habría aprobado fusilamientos sumarios, suspensión de garantías procesales o concentración del poder en una vanguardia militar. Pero Chibás no estaba vivo, aunque Castro lo convocase durante todo el discurso. Este recurso se denomina vaciamiento del significante: es decir, Chibás deja de ser alguien con un programa político concreto y se convierte —como Martí en "La Historia me absolverá"— en un nombre que puede llenarse con el contenido que el orador necesite.
La frase clave, que en este razonamiento se pronuncia con aparente humildad y homenaje, es: "tu causa, tu ideal, dejó de ser la causa y la idea de un Partido, para convertirse en la causa, en la idea y en la ilusión de todo un pueblo". El tono elegíaco enuncia la expropiación, el Partido Ortodoxo acababa de ser disuelto retóricamente en un "pueblo" cuya voz, como ya se ha notado en otros textos analizados, solo el orador puede interpretar.
El acto homenaje es una operación de captura simbólica, en un espacio ritual, de una figura muerta. Pero, más importante aún, es la apropiación de un ambiente retórico de alta carga emocional para producir un efecto que ningún discurso en sitios institucionales le iba a proporcionar. Contando con esa baza ritual, que es también religiosa, Castro va a tratar, una vez más, de justificar la legalidad de los fusilamientos.
Para ello se valdrá de tres arcos argumentales: Chibás, pueblo, justicia. Chibás quería justicia, y el pueblo le dio justicia. Quería acabar con el peculado, y el pueblo produjo los mártires que hicieron su sueño realidad. Habla, a su vez, de los mártires que ofrendó el país desde 1868 hasta el 1 de enero, fecha final de las injusticias. El logro del sueño de Chibás, esa es la línea argumentativa que emplea para, justo en el centro de la intervención, presentar la campaña contra los fusilamientos como un ataque a la justicia revolucionaria y una calumnia contra el pueblo.
De esta manera consigue, discursivamente, sembrar dos ideas claves: convertir la crítica a la Revolución en traición a los mártires y, simultáneamente, instalar al orador como albacea de una genealogía heroica que se remonta a 1868, la pieza final del proceso único de la independencia de Cuba.
El lenguaje luctuoso de este discurso incluye el uso de la anáfora doble "primera vez", la cual va a terminar de completar el vaciamiento del capital político y la fuerza simbólica del muerto en su figura: "Eduardo Chibás, por primera vez desde tu muerte, tu pueblo vuelve a estar alegre; Eduardo Chibás, por primera vez desde tu muerte, tu pueblo ha vuelto a ser feliz, con la obra que tú sembraste, con la Revolución que tú sembraste, que tú iniciaste (...)".
Aquel 16 de enero Castro acudió a una ceremonia, no a un homenaje. Acudió al montaje del dispositivo de encabalgamiento y sujeción ideológica que iría perfeccionando a lo largo de las décadas.
Chibás no tenía buena opinión de Fidel Castro, no sé si cambió en algún momento, pero él dijo a algunos allegados que Castro era un gánster y no lo quería en el Partido Ortodoxo.
Pero Chibás si aceptó a Castro en el Partido Ortodoxo, pero no fue de sus íntimos en el partido ni una figura principal.
No dudo lo que usted dice, porque yo no sé cuan "principal" fue Fidel Castro en la ortodoxia. Lo que sí sé es que se le identificaba con ese partido, y también que hizo campaña política por la ortodoxia en el pueblo donde vivía mi familia. Es más, allí en el 59 se podía ver en la entrada de un estudio fotográfico una foto de Fidel Castro con el dueño de ese estudio quien era el representante de la ortodoxia en ese territorio. La foto era de inicios de los 50.
Que Bola de Churre no era figura principal de ese partido no es idea mía, lo dijeron algunas de las figuras principales del partido. Es sabido que Castro estaba haciendo campaña por ese partido para obtener un puesto de representante en el Congreso por La Habana, en las elecciones del 1 de junio de 1952, pero Beno no le dio chance.
Fidel Castro ocupa un espacio entre los políticos más “exitosos” del pasado siglo; pero su éxito no le trajo beneficios a su país, sino le trajo el mayor desastre imaginable. Su visión política y su inteligencia y carisma solo son superadas por su egocentrismo, su tendencia dictatorial, y su perversidad. Si algo ha demostrado que la estupidez humana es infinita, es constatar que mucha gente en todo el mundo, y desde luego en Cuba, lo siguen venerando.
Lo de “dictatorial” no fue una tendencia en Fidel Castro, fue la manera en que gobernó.
Políticamente, Fidel Castro provenía del Partido Ortodoxo, el cual contaba con una numerosa membresía y seguidores en toda Cuba. Además de sus actividades gangsteriles antes del Moncada, Fidel Castro se había destacado por hacer campañas con ese partido. Pienso que fuera cumpleaños o no, un homenaje a Chibás, la figura principal, carismática y trágica de ese partido le era a Fidel Castro, recién reconocido de hecho como líder en Cuba, muy oportuna. Lo colocaba en el espectro político de aquel otro líder, cuyos seguidores engrosaban además las filas del M-26-7. Sobre todo, en momentos en que las luchas políticas entre los opositores a Batista --tanto de partidos como de fuerzas insurreccionales-- estaban a la orden del día y con cuchillo en la boca para participar del poder.
Lo único bueno que hizo F. Castro fue morirse.