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Emigración

'No importa para dónde', emigrar sigue siendo el plan de los jóvenes cubanos

'Este país mata las ganas de trabajar porque no puedes crecer. La prosperidad es imposible aquí', dice un exprofesor de Santiago de Cuba.

Santiago de Cuba
Un joven vende habichuelas en La Habana.
Un joven vende habichuelas en La Habana. Diario de Cuba

En un acto por el aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, el pasado 16 de abril, Miguel Díaz-Canel se quejó de "la migración de prometedores jóvenes, educados gratuitamente en nuestras escuelas y universidades". Dijo que el capitalismo "les compra capacidad y talento" en los que no invirtió.

Pese a que la política migratoria de la Administración Trump ha cerrado el que era el destino mayoritariamente elegido por los cubanos, emigrar sigue siendo el proyecto principal de los jóvenes de la Isla, que ven en el capitalismo denostado por Díaz-Canel las oportunidades de crecimiento inexistentes en el socialismo cubano.

"No me importa para dónde voy o en qué voy a trabajar, lo importante es irse", dice Daniel, de 30 años, licenciado en Matemáticas.

Hace dos años, Daniel dejó un puesto de profesor un instituto politécnico para trabajar en una MIPYME de Santiago de Cuba. Por su nuevo trabajo cobra entre 2.000 y 4.000 pesos diarios, en dependencia de lo que produzca. Como empleado estatal en el sector de la Educación no llegaba a los 6.000 pesos al mes.

Daniel, que vive con su esposa y su hija de cinco años, quiere emigrar a Brasil. Planea irse solo y preparar el camino para llevar a su familia cuando logre una estabilidad económica.

"En Cuba no hay futuro, no tenemos incentivo para trabajarle al Estado. Este país mata las ganas de trabajar porque no puedes crecer. La prosperidad es imposible aquí", argumenta.

"Quiero una vida digna para mi familia. Crecí viendo a mis padres 'luchando' en sus trabajos, robándose productos para revenderlos y poder complementar el salario. Hoy ya ni eso pueden hacer", añade.

"Estoy trabajando en un negocio privado que me paga por la cantidad que hago, pero los apagones me limitan, me quitan dinero y retrasan los planes", afirma. "En un país así no puedes hacer un proyecto de vida. En cuanto reúna el dinero, me voy", concluye.

El sur del continente americano es hoy uno de los principales puntos al que miran los jóvenes cubanos para escapar de la debacle socioeconómica de la Isla. Los países elegidos con mayor frecuencia son Guyana, Surinam, Brasil y Uruguay.

Alberto, es un ingeniero mecánico de 33 años que emigró a Surinam hace tres meses, con el objetivo de llegar a Brasil. Se alegra de haber abandonado la Isla. "Cuando sales de Cuba te das cuenta de todo el tiempo perdido en cuanto al crecimiento económico", expresa.

"En Cuba trabajé en la chatarra de la termoeléctrica Renté, aquí en Surinam estoy trabajando en la construcción. Gano casi 300 dólares en una semana; un trabajo no profesional me ha dado para enviar dinero a Cuba y ahorrar para hacer la travesía a Brasil", razona.

La travesía hasta Brasil tiene un costo promedio de 500 dólares y una duración de entre cuatro días y una semana, en dependencia de la ciudad escogida para asentarse.

Los jóvenes cubanos dejan atrás a sus familiares con la esperanza de poder pagarles viajes y travesías cuyos costos pueden llegar hasta los 2.000 dólares de la Isla. En Cuba quedan con frecuencia padres ancianos que sobreviven gracias a las remesas.

Mariela tiene 83 años y vive sola en un apartamento en el distrito Abel Santamaría, en Santiago de Cuba. Su única hija y su nieta emigraron a Brasil con su yerno hace dos años. La esperanza de la familia es una futura reunificación, pero la anciana teme que no se concrete debido a su delicado estado de salud.

"Cuando mi hija me dijo que se iba, me dolió, lloré, pero estoy convencida de que fue para mejorar. Ya está trabajando como profesional de la salud en Brasil y económicamente le va bien", explica. "Me ayuda con remesas y envíos de comida, no puedo quejarme en ese sentido", afirma.

Para Mariela, como para otros tantos padres y abuelos en Cuba, lo principal es que su hija logre sus metas, aunque anhela reunirse con su familia. "Temo morirme y no poder ver a mi hija. Oro cada día porque resuelva el papeleo de su residencia para que me invite, pero no le reprocho que se haya ido. Los jóvenes tienen derecho a vivir su vida lo mejor posible y en Cuba no hay futuro para ellos", sentencia.

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