Cuba vuelve a asomarse a un escenario de apagones masivos tras agotarse el crudo suministrado por el petrolero ruso Anatoli Kolodkin, cuyo arribo a finales de marzo apenas ofreció un respiro temporal a una crisis energética estructural que sigue sin solución a corto plazo.
Según reportó la agencia EFE, el "breve alivio" que proporcionaron las 100.000 toneladas de crudo descargadas en Matanzas "está llegando a su fin", mientras no hay nuevos envíos confirmados y el siguiente buque en ruta, el Universal, podría retrasarse hasta finales de mayo, si es que llega.
Los datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) reflejan la magnitud de ese alivio efímero: los apagones simultáneos, que durante el primer trimestre afectaban hasta el 60% del país, descendieron en las últimas semanas a rangos de entre el 35% y el 45%. En La Habana, los cortes dejaron de superar sistemáticamente las 15 horas diarias, aunque en provincias continuaron reportándose interrupciones de 24 horas o más.
El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O, reconoció que los 730.000 barriles del Kolodkin se agotarían hacia "finales de mes", confirmando el carácter transitorio del suministro. Además, admitió que Cuba necesitaría al menos ocho buques similares cada mes para cubrir su demanda energética.
Sin solución inmediata
La posibilidad de un segundo envío ruso sigue siendo incierta. Aunque Moscú había anunciado otro cargamento, el petrolero Universal —sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea— ha mostrado un comportamiento errático en el Atlántico Norte, navegando a baja velocidad y sin un arribo claro, lo que aplaza cualquier alivio hasta, como mínimo, finales de mayo.
En un país que consume unos 100.000 barriles diarios y produce apenas 40.000, la dependencia externa es crítica. La caída sostenida de los envíos desde Venezuela —agravada tras la captura de Nicolás Maduro en enero— ha dejado a La Habana sin su principal proveedor histórico.
Aun así, la crisis no puede explicarse únicamente por factores externos. El propio reporte de EFE subraya que los niveles actuales de apagones son comparables a los de finales de 2025, antes del endurecimiento de las sanciones. A ello se suma el deterioro de las termoeléctricas, responsables de cerca del 40% de la generación, afectadas por décadas de falta de inversión y mantenimiento.
Impacto humanitario
El impacto de la crisis energética trasciende lo económico. En un artículo publicado el jueves 30 de abril en The Guardian, el coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en Cuba, Francisco Pichón, advirtió: "Necesitamos combustible para salvar vidas".
El funcionario describió un deterioro acelerado de las condiciones de vida: "Las consecuencias ya no son abstractas", escribió, aludiendo a hospitales que reducen operaciones, negocios que cierran y ciudades que se apagan antes de la noche, un panorama que no es nuevo, sino que viene marcando las vidas de los cubanos desde hace años.
El costo más grave, subrayó, se mide en salud. "Decenas de miles de cirugías han sido pospuestas", mientras pacientes con enfermedades crónicas dependen de una electricidad que falla de forma sistemática. "El acceso al combustible sigue siendo un factor determinante para que la acción humanitaria pueda operar", insistió.
Pichón también alertó que "ningún suministro limitado desde el exterior resuelve las necesidades", al tiempo que destacó que "detrás de cada estadística hay familias cuya resiliencia está siendo puesta a prueba diariamente".
Choque de narrativas
Desde el Gobierno cubano, la responsabilidad recae en Washington. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, afirmó que el "boicot de combustibles contra Cuba impuesto por EEUU desde el 29 de enero de 2026 prácticamente impide la importación de un producto tan necesario".
En una publicación en su perfil de Facebook este jueves, sostuvo que "ningún país, sea desarrollado o subdesarrollado… puede funcionar y puede gestionar debidamente su economía si se ve obligado a prescindir de combustibles", y cuestionó que Estados Unidos atribuya la crisis al modelo interno cubano.
"Los gobernantes y políticos estadounidenses tienen la audacia de declarar… que los problemas fundamentales… son responsabilidad del Gobierno", escribió, y desafió a Washington: "no se atreven a demostrar sus afirmaciones poniendo a prueba la alternativa, que es terminar" con lo que calificó de "agresión" y "tanto abuso contra todo un pueblo".
Sin embargo, los datos apuntan a un problema más profundo. La economía cubana arrastra una contracción acumulada superior al 15% entre 2020 y 2025, y organismos internacionales proyectan nuevas caídas del PIB de entre 6,5% y 7,2% en 2026.
La escasez de alimentos y medicinas, el deterioro de servicios básicos, la inflación y la emigración masiva han configurado un escenario de alta vulnerabilidad social, agravado ahora por el colapso energético.
Con el crudo ruso prácticamente agotado y sin garantías de nuevos suministros inmediatos, Cuba entra nuevamente en una fase crítica. El eventual arribo del buque ruso Universal a finales de mayo no cambia el diagnóstico: incluso si llega, será otro alivio puntual en medio de una crisis estructural.