La crisis del agua en La Habana ha derivado en la expansión de prácticas informales y en un mercado paralelo donde el acceso al recurso depende, cada vez más, de la capacidad de pago de los ciudadanos, según denunció en redes sociales el proyecto independiente Food Monitor Program (FMP).
"El que no roba no tiene agua en La Habana", resumió el reporte, que describe un escenario en el que las familias dependen de "tanques, pomos y soluciones improvisadas para sobrevivir", mientras se consolida un mercado negro en el que se paga “lo que pidan”.
De acuerdo con la organización, el deterioro del servicio se ha agravado tras la caída del Sistema Eléctrico Nacional en octubre de 2024, lo que ha extendido los ciclos de desabastecimiento incluso a zonas tradicionalmente favorecidas como Centro Habana y La Habana Vieja, donde los cortes pueden prolongarse durante semanas.
El acceso a agua aparece como uno de los problemas fundamentales de los hogares cubanos. Una encuesta de DIARIO DE CUBA realizada por Cubadata entre el 23 de febrero y el 13 de marzo de 2026, con entrevistas a 1.807 personas en todo el país, arrojó que al 18% de los consultados les falta todos los días y al 28,6% varias veces por semana. Otro 24,8% la pierde una vez por semana o menos. Solo el 9,3% aseguró no tener problemas de abastecimiento. En total, el 46,6% enfrenta falta de agua diariamente o varias veces por semana, y el 71,4% al menos una vez por semana.
Una residente citada en el informe de FMP explicó: "Todo febrero y marzo en mi barrio el agua ha estado con problemas… los vecinos que resuelven son los que se compran un ladrón de agua".
El llamado "ladrón" —bombas utilizadas para succionar agua directamente de las tuberías— se ha generalizado como alternativa individual, aunque su uso agrava la situación colectiva. "Como cada vez más personas los usan, la fuerza baja más… el que no roba, no tiene agua", señaló la misma fuente.
Estos dispositivos se venden en el mercado informal por hasta 36.000 pesos cubanos, en un contexto donde recibir agua cada tres o cuatro días ya se percibe como "normal".
Otra vecina de Centro Habana relató que en su edificio han estado "hasta 15 días sin agua", una situación particularmente crítica para los adultos mayores. "Usamos tanques interiores para resistir hasta una semana pero si no llega hay que comprar pipas", explicó.
El costo de estas alternativas resulta elevado: una pipa de entre 8.000 y 10.000 litros puede costar entre 18.000 y 26.000 pesos cubanos, según el reporte. "Eso encarece todo y dificulta lavar, limpiar, vivir", añadió.
El informe también apunta a fallas en el suministro institucional, atribuidas a la falta de combustible y de medios de transporte, mientras que en el mercado informal el servicio sí aparece "si pagas".
"Hay que salvarlos (pagarles) para que te salven (suministren)… ellos se arriesgan trayéndote el agua", indicó otra de las voces recogidas.
Food Monitor Program concluye que factores como salideros, corrupción y control estatal sostienen un sistema en el que "el agua fluye, pero no llega", y donde, en la práctica, el acceso al recurso depende cada vez más del dinero disponible.
Lo más grave que veo en esta situación de por sí grave, es que hay muchas personas que se ven forzadas a comprar pipas con agua no tratada. Hay quienes conocen el riesgo que corren y hierven el agua, pero habrá quien no lo hace, por desconocimiento o porque no tienen electricidad ni gas. Es un peligro de enfermedades y el verano no ha comenzado.