"A los cubanos nos está matando la patria desde el triunfo de la Revolución", dice Roberto, un jubilado de 69 años. "He tenido una vida de sacrificios y escasez, pero quiero tener una muerte digna, no mendigando para comer. No creo que el comunismo pueda hacer nada por Cuba y apoyo una intervención extranjera porque nosotros solos no podremos tumbar este Gobierno", añade.
Detrás de la cada vez más extendida idea de la necesidad de una intervención de Estados Unidos está la convicción de que el pueblo cubano no puede derrocar al régimen porque la cúpula del castrismo prefiere una masacre antes que entregar el poder y sus privilegios.
Sabedores de su alta impopularidad, los gobernantes están aplicando la estrategia del palo y la zanahoria. El reciente decreto que elimina la intermediación de Acopio en las transacciones entre los productores y el sector privado fue la legitimación de un hecho consumado, porque la venta minorista de las producciones agrícolas ya estaba en manos de los privados.
"Pago una patente de vendedor de productos agrícolas desde hace más de ocho años", dice Jesús, quien tiene un puesto en el barrio de Micro 9, en el Distrito José Martí de Santiago de Cuba. "Comencé vendiendo de forma ambulante, con una carretilla. Siempre he comprado las viandas a los camioneros que las traen de los municipios. Vienen todos los días a las 5:00 de la mañana, compras lo que necesitas y vendes, nunca he necesitado a Acopio. El único producto que controlaba Acopio era la papa, y en los últimos años también la traen del occidente en la temporada. Quitar a Acopio es propaganda, en la práctica no funcionaba", sentencia.
La aparente estrategia del Gobierno de una apertura económica a cuenta gotas es indicativo de su debilidad, y de que no puede mantener el control, pese a su miedo a que la liberalización económica genere independencia política. La dependencia de un Gobierno que instauró el castigo al pensamiento independiente y el terror a la disidencia hoy se plasma en que los deseos del pueblo de ser liberado sean mayores que los deseos de liberarse por su propio esfuerzo.
"Este sistema no da para más, este Gobierno terminó, no tienen nada que ofrecer", expresa Dania contadora de una empresa estatal. "No puedo creer en un sistema que te mata de hambre, en el que los que mandan te piden sacrificios y no son ejemplo para nadie. No sé con quién están contando para que mueran por ellos, el Gobierno no es la patria". Pero "aquí la gente es muy difícil que se tire" para las calles. "Hay mucho miedo y represión. La verdad es que queremos que venga Trump y acabe con ellos", asegura.
Los elogios de la resistencia (creativa) de los cubanos por parte de Díaz-Canel solo causan más indignación en la población, que solo ve detrás la falta de alternativas.
"Fue patético ver a Canel explicándole a Pablo Iglesias cómo el pueblo comparte la miseria de cocinar con leña y carbón. ¿Cómo puedes emocionarte con lo que no has sufrido? ¿Por qué no le enseñó cómo la Machi prende el carbón?", pregunta indignada Margarita, maestra primaria. "Todo el pueblo sabe que ellos tienen corriente y comida, son privilegiados. Vamos a morir por ellos, no por la patria. Conmigo que no cuenten, si muero será dentro de mi casa", afirma.
Aunque el Gobierno tiene sus defensores, mayormente directivos y militantes de sus organizaciones políticas, conocidos popularmente como "chivatones", conoce del distanciamiento popular con la cúpula, y pese a ello continúa implementando viejas tácticas para intentar mostrar que aún tiene el apoyo de la población.
"Ya empezaron con la campaña de firmas 'Por la Patria' en los centros de trabajo, las escuelas y los CDR, para decirle al mundo que el pueblo los apoya y comprometernos con la defensa de la Revolución", dice un profesor que pide anonimato. "Claro que casi todo el pueblo va a firmar, el que no lo haga queda declarado como 'contra', lo botan del trabajo, sufre represalias... por eso se mantienen como dueños de todo, ellos están conscientes de que es difícil que nos sublevemos, tenemos el miedo metido en los huesos. Yo opino que los que crean en la Revolución que se inmolen, pero yo quiero vivir, no quiero morir por esta patria", sentencia.
Me encanta ver estos carteles de "Viva Trump" en Cuba, pura sobredosis de TDS para quienes padecen de este inexplicable fenómeno.