El Fondo Mundial para la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria asignó recientemente una financiación de 16,3 millones de dólares para paliar los efectos de dichas enfermedades en Cuba, sobre todo el VIH. El monto, que abarca el periodo 2027-2029, sería uno de los últimos entregados por el organismo a la Isla, informó el periódico oficialista Trabajadores.
Sin embargo, cuando el programa cumpla 30 años de actuación en Cuba, en 2033, los responsables del mismo prevén cortar el apoyo financiero, por lo que instaron a las autoridades cubanas a que "asuman por otros medios la sostenibilidad del programa de respuesta al VIH".
"A partir de 2033 el Fondo ya no otorgará más dinero a Cuba y el país debe asumir por otras vías la sostenibilidad del programa de respuesta al VIH", indicó la viceministra de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Déborah Rivas, sin detallar qué piensa hacer el régimen al respecto ni cómo dará cobertura a los pacientes de VIH.
"Vamos a tener seis años para prepararnos para ese momento", dijo, al tiempo que exigió un "uso eficiente de estas dos últimas subvenciones para preparar al país hacia ese futuro, con solicitudes y proyectos que estén en función de la sostenibilidad a mediano plazo".
Por su parte, el Fondo Mundial instó a La Habana a completar cuanto antes "una transición efectiva hacia el cese del financiamiento externo".
Sin embargo, uno de los "problemas pendientes de resolver desde hace años para poder avanzar en la movilización de otros fondos y ayudas internacionales en función del programa de VIH", indicó Gustavo Valdés Pi, coordinador nacional de la Red HSH, no tiene que ver con un aspecto económico, sino con trabas burocráticas impuestas por el régimen.
En tal sentido, Valdés Pi reiteró "la urgencia de lograr la personería jurídica de las redes de activismo de la sociedad civil, un asunto al cual el Ministerio de Justicia no ha dado una respuesta efectiva".
En Cuba viven unos 35.000 pacientes de VIH, según datos oficiales, y, si bien el pasado año hubo una reducción del 37% en el diagnóstico, "siguen llegando personas en estado crítico a los hospitales, lo que denota un debilitamiento en la labor preventiva", resaltaron los coordinadores del programa en la Isla.
Si bien los pacientes de VIH viven en Cuba con la escasez de elementos básicos en su tratamiento, como medios profilácticos, medicamentos, antirretrovirales y alimentos, la directora ejecutiva del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA), Winnie Byanyima, elogió en 2024, tras reunirse con Miguel Díaz-Canel en La Habana, el trabajo de las autoridades sanitarias de la Isla al respecto. La realidad, sin embargo, es otra.
El estatal Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH/sida reveló en un estudio que en Cuba el VIH afecta más a las personas y grupos con orientaciones e identidades sexuales que han sido discriminados históricamente: hombres gay y personas trans.
En tal sentido, en agosto de 2025, una investigación oficialista reveló que la prevalencia estimada de VIH es mayor entre las mujeres trans que entre los hombres homosexuales habaneros, mientras que la tasa de la enfermedad en la misma ciudad entre mujeres trans es del 22,1%, una de las más altas de América Latina.
Si la prevalencia de la enfermedad no disminuyó en los últimos años, teniendo el apoyo financiero de organismos internacionales para brindar una respuesta más amplia, ¿qué pasará con los pacientes cubanos de VIH cuando dependan únicamente del resquebrajado sistema de salud de la Isla?