Frente a la presión que ejerce Washington sobre La Habana con el objetivo de lograr un cambio de régimen en Cuba, resulta llamativo que Moscú no se involucre militarmente ni confronte a Estados Unidos de manera directa. La explicación sería un cambio prioridades de la nación euroasiática, sumada a las diferencias entre el escenario actual y el de la Guerra Fría, según el analista ruso Yakov Kedmi.
En un análisis citado por portal RuNews 24, Kedmi consideró un error esperar que Rusia responda a la tensión entre EEUU y el régimen cubano con un emplazamiento de cohetes en Cuba, como el que desató la llamada Crisis de los Misiles, en octubre de 1962.
"Las ilusiones sobre la aparición de submarinos rusos cerca de Florida… no tienen en cuenta el cambio radical en la correlación de fuerzas", afirmó el analista geopolítico, cuya presencia es frecuente en la televisión rusa.
Para Kedmi, quien sirvió en las Fuerzas de Defensa de Israel y participó en redes diplomáticas durante el final de la Guerra Fría, quienes esperan bases militares rusas en Cuba "ignoran el cambio fundamental en el equilibrio de poder y las prioridades".
El analista aseguró que "Rusia tiene capacidad técnica para presionar a EE UU desde Cuba o Venezuela", pero no lo hace porque no encaja con sus intereses estratégicos.
"La cuestión clave no es la posibilidad, sino su correspondencia con los objetivos estratégicos globales", señaló Kedmi, a quien la Unión Europea le impuso sanciones en 2023 por difundir propaganda alineada con los intereses del Kremlin.
El experto ruso subrayó que mantener bases militares lejanas sería costoso e implicaría distraer recursos de zonas más importantes para Moscú.
"No toda acción, ni siquiera una potencial, redunda en beneficio de los intereses nacionales del país", afirmó.
"La política eficaz de hace 70 años no puede trasladarse mecánicamente al presente", señaló Kedmi, remarcando la idea de que, en el mundo actual, el poder no se mide solo por bases militares, sino por equilibrio global y diplomacia.
Asimismo, destacó que la estrategia de Moscú coincide con la de Pekín, que, pese a su controversia con Washington respecto a Taiwán y a sus intereses en América Latina, no ha optado por instalar bases militares cerca de EEUU.
La visión de Kedmi parece diferir de la del politólogo Alexei Pilko, doctor en Historia y director del Centro Euroasiático de Rusia, quien aseguró en febrero que si Moscú y Pekín permiten que la Administración Trump "devore" a Cuba "se enviará una señal inequívoca a todo el Sur global: la hegemonía estadounidense ha regresado y la oposición dirigida contra ella está terminando".
"Las posibilidades de salvar a Cuba no son pequeñas. El primer paso podría ser el suministro de petróleo a la Isla y la ayuda económica a La Habana", afirmó en declaraciones a EADaily poco más de un mes atrás.
Pilko también consideró que "el regreso de la presencia militar rusa en territorio cubano será mucho más efectivo".
"En 2002, para mejorar las relaciones con la Administración Bush, Moscú cerró el centro de inteligencia electrónica en Lourdes", recordó. "Incluso antes, en 1992, el contingente militar ruso fue retirado de la Isla. En las condiciones actuales, esto debería volver", dijo.
"La presencia militar permanente de Rusia en Cuba no es menos importante para Rusia que en Siria o en países africanos. Además, esto no requiere grandes esfuerzos: una brigada de fusileros motorizados con una división de defensa aérea y un escuadrón de cazas será suficiente para evitar la intervención estadounidense contra Cuba. Al fin y al cabo, si Estados Unidos tiene presencia militar en Polonia, ¿por qué Rusia no puede hacer lo mismo en Cuba?", cuestionó el doctor en Historia.