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Logros del castrismo: puro truco

Mientras la basura es la reina del paisaje, el oficialismo proclama que en Cuba no existe un apagón cultural.

La Habana
La Moscow Jazz Orchestra en su presentación en La Habana hace unos días.
La Moscow Jazz Orchestra en su presentación en La Habana hace unos días. Festival Internacional Jazz Plaza/Facebook

El régimen castrista se vanagloria con frecuencia de ciertos "logros" en algunos aspectos de la actualidad nacional, y no desaprovecha la ocasión para vincularlos con una supuesta eficiencia o un hipotético prestigio ganado por las instituciones de la Isla.

En el plano de la cultura el oficialismo proclama que no existe un apagón cultural, a pesar de la adversa situación que enfrenta el país. Es decir, que contra viento y marea se han podido efectuar recientemente eventos como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y el Jazz Plaza. Este último con sede en varias provincias del país, y con la participación de jazzistas de varias nacionalidades, entre ellos algunos cubanos residentes en el exterior.

Pero lo que no dicen las autoridades es que tales eventos han tenido lugar con la energía eléctrica que el régimen le ha arrebatado a la mayoría de los cubanos. Muchos de los hogares del país recibían cortes de electricidad de entre 12 y 15 horas diariamente, en especial en horas de la tarde-noche, y mientras tanto, en ese mismo horario, se iluminaban las calles y plazas de la parte céntrica de la ciudad para que los cineastas complacientes con el régimen exhibieran sus películas, y los músicos simpatizantes con el socialismo cubano articularan sus interpretaciones.

En ese contexto, personajes como Alpidio Alonso, ministro de Cultura, y Alexis Triana, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) se declaraban convencidos de la vitalidad de la cultura oficial.

En otro orden de cosas, a la maquinaria del poder le resulta difícil mostrar euforia en lo relativo a la higiene y limpieza de las calles, lo mismo en la capital que en el resto de las ciudades del país. Aun así, las autoridades se las arreglan para tratar de aminorar el desastre de contemplar los depósitos de basura desbordados, mientras que las jabitas de nailon llenas de inmundicia y otros objetos inservibles ocupan buena parte de la calle.

No hace mucho, el poblado habanero de Santiago de las Vegas amaneció un día con un movimiento inusual en la carretera que conduce al cementerio de esa localidad. Con el auxilio de camiones, buldóceres y otros equipos recogieron toda la basura que abundaba en esa calle, pintaron la cerca perimetral del estadio de pelota de ese pueblo, y una cuadrilla de chapeadores se encargó de eliminar la hierba que afeaba el entorno.

Pronto los vecinos de la zona hallaron la respuesta a tamaño ajetreo. Un día después de esa movilización eran sepultados en ese camposanto los restos de uno de los militares cubanos que cayeron en Venezuela durante la captura del dictador Nicolás Maduro. Y el régimen, como es lógico, no deseaba que los familiares de ese militar y los  miembros de la clase gobernante que asistían a la ceremonia  vieran la suciedad que existía en esa arteria. De más está decir que hasta la fecha nadie más ha limpiado la calle y la basura vuelve a ser protagonista del entorno.

Siguiendo con el tema de la basura en las calles, durante la celebración del Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, tras reconocerse que el pasado año no se avanzó en la recogida de escombros, y que la higiene comunal es uno de los problemas que más estrés e inconformidades genera entre los habaneros, se dio a conocer la aprobación de una estrategia integral para el manejo de los residuos sólidos urbanos.

Pero ahí quedó todo. No se aclara en qué consiste esa estrategia, ni quién estará responsabilizado con su cumplimiento. No hay que olvidar las aparatosas movilizaciones que se hicieron varios fines de semana para la limpieza de la ciudad, ni las declaraciones de que las empresas y entidades tenían que recoger la basura de los alrededores de sus edificaciones. El impulso duró muy poco. Al final, la basura ha vuelto a las calles para convertirse en la reina del paisaje.  

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