El inicio de 2026 en Cuba ha sido como prometía el fin de 2025: lleno de incertidumbre y carencias. Acontecimientos como la caída del dictador Nicolás Maduro y la consiguiente pérdida del suministro de petróleo venezolano, amenazan con sumir a la Isla en una penumbra permanente, pero a buena parte de los cubanos ya nada les sorprende o duele. La muerte de 32 cubanos en Venezuela, durante la operación militar de Estados Unidos para capturar a Maduro, no consigue afligir a un pueblo insensibilizado por la pobreza extrema.
"No sé cual es la sorpresa, toda Cuba sabía que la seguridad de Chávez y de Maduro era cubana", dice María de los Ángeles, quien cumplió misión médica en Venezuela como enfermera durante el Gobierno de Hugo Chávez. "La sorpresa fue que pensábamos que eran los mejores, y no quedó ni uno. Su muerte fue en vano y ahora sus familias perdieron el dinero, que es al final por lo que nos vamos a esas misiones, para mejorar económicamente, para ayudar a nuestras familias", reconoce.
Con todos los servicios básicos colapsados, el principal temor del pueblo con la caída de Maduro es que Cuba se apague totalmente por la ausencia del petróleo venezolano. Sin gas, sin agua, sin medicinas y sin alimentos, y viviendo en penumbras, algunos creen que sería mejor que el Gobierno diera el pronóstico de las posibles horas de luz, y no de las de oscuridad, porque estás últimas ya están garantizadas.
"Nunca cumplen con los circuitos y horarios programados de los apagones, y es mejor informar que vamos a tener dos horas de corriente en el día que gastar energía en todas esas tablas que no se cumplen y que no leemos porque no tenemos ni cómo informarnos", explica un jubilado que pide anonimato. "Yo me paso el día buscando la comida para ayudar a mi hija, velo a los panaderos particulares, busco el picadillo, las viandas o el arroz que vamos a comer, compro la lata de carbón de cada semana y cargo agua o la compro cuando se puede. No tengo tiempo para llorar por cubanos que defendían a un cobarde como Maduro, qué tenía que haberse suicidado", sentencia.
La vida en una Cuba a oscuras pone la supervivencia como prioridad. Los gritos de Díaz-Canel y sus acólitos en defensa de Venezuela y condenando al "imperialismo asesino de pueblos" son sonidos lejanos que no movilizan a un pueblo lleno desesperanza y hambre.
"Cómo siempre, ordenaron hacer actos de apoyo a Venezuela y a Maduro. En todos los centros de trabajo y las escuelas se gritaron muchas consignas de 'Viva Venezuela', 'Abajo el imperialismo y libertad para Maduro', pero los coros se sentían sin energía, éramos como autómatas", cuenta una maestra primaria. "No hay fuerza para apoyar cuando no has desayunado y solo tienes un vaso de agua de azúcar en el estómago y la mala noche del apagón", añade.
El desayuno es imposible en un país que comenzó el nuevo año sin harina. La intermitencia del pan del sistema de racionamiento, hace que la población salga a la caza de los panaderos particulares, que lo elaboran en sus casas y lo venden de forma ambulatoria en las calles, a precios que no todos pueden pagar. La preocupación de los padres por garantizar el desayuno y la meriendas a sus hijos es una tortura que tiene como base la inseguridad alimentaria que vive el país.
El fervor mostrado en la llamada "tribuna antimperialista" por un Díaz-Canel bien alimentado, sudoroso, que dijo estar dispuesto a dar su sangre por Venezuela, contrasta con los desanimados balidos del pueblo hambriento y vigilado.
"El Gobierno tiene miedo de nosotros, están cagados", dice Jesús, un cuentapropista que vive en San Pedrito. "Después de que los americanos se llevaron a Maduro, (las autoridades cubanas) estuvieron varios días enviando a los boinas negras por las noches a los parques de Santiago de Cuba; en medio de los apagones tú veías a esos tipos parados ahí y metían miedo, era como un aviso para que no salieras de la casa. Ya no están viniendo, ahora envían a uno o dos policías a los parques, pero el Gobierno está apendejado, más alerta con los barcos que los yumas tienen cerca de Cuba. Veremos si entran a ver si se acaba esta miseria que estamos viviendo", comenta.
Con el país colapsado, las protestas populares de 2021 son el némesis de un Gobierno dispuesto a no permitir un cambio. Las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Cuba son la comidilla popular.
"Aquí no sabemos qué va a pasar, están quienes apoyan al Gobierno y quienes queremos un cambio" afirma René, profesor de un politécnico. "Vivimos sin esperanza, no tenemos nada que perder porque esta vida sin dignidad no tiene sentido, pero de lo que sí la gente ya se convenció es de que el ejército cubano no va a poder con los americanos, y eso hasta Díaz-Canel lo sabe", concluye.
Estarán muy inconformes, pero mientras el miedo supere la necesidad y sigan haciéndole el juego, participando en las marchas combatientes y cuantas payasadas se les ocurran a los tiranos, como dice Giga Panda, seguirá ese régimen maltratandolos por mucho tiempo más.
Ya lo ven, les preocupa única y exclusivamente cuándo les van a quitar la corriente, no que los muelan a apagones. Ese "Coño, que nos avisen por lo menos" parece ser el sentir general. En fin, con este pueblo resignado y conformista hay Canel y el que venga después para más rato.