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Política

¿Cuán responsable es el régimen de Cuba de los crímenes de Bashar al-Ásad en Siria?

Una investigación internacional saca a la luz miles de prisioneros asesinados y desaparecidos y La Habana responde haciendo silencio.

Madrid
Una mujer buscando a un familiar preso en la prisión militar de Saydnaya tras la caída del régimen de Al-Ásad.
Una mujer buscando a un familiar preso en la prisión militar de Saydnaya tras la caída del régimen de Al-Ásad. AP

Tras el derrumbe del régimen de Siria, el 8 de diciembre de 2024, un coronel de la Policía militar del régimen de Bashar al-Ásad logró sacar del país un disco duro con decenas de miles de archivos que prueban los crímenes cometidos por Damasco en las cárceles donde encerraba, torturaba y desaparecía a miles de personas.

En esos registros se basa la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y 25 medios de 20 países, titulada Dossier Damasco, que incluye más de 64.000 documentos internos del régimen sirio y sus servicios secretos y más de 33.000 fotografías de detenidos. Constituye la mayor base de datos de imágenes de prisioneros sirios asesinados jamás hecha pública.

Las fotografías también llegaron a la Fiscalía General de Alemania, que lleva años liderando las investigaciones de los crímenes de Al-Ásad, y a una ONG siria con sede en ese país.

Según la investigación, existen fotos reunidas de al menos 10.212 personas. Todos pasaron por las prisiones sirias después de 2011. Las evidencias prueban el horror y represión estatal contra los manifestantes que se alzaron contra el régimen y los opositores.

Diversas ONG han documentado la muerte de al menos 157.000 civiles a manos de las fuerzas progubernamentales durante la guerra civil en Siria, y la Red Siria para los Derechos Humanos ha registrado la desaparición de 177.000 personas bajo el régimen de al-Ásad, convirtiéndolo en uno de los más mortíferos del siglo XXI.

Según precisa el diario español El País, "detrás de cada imagen hay método y burocracia. A medida que cada prisionero fallecía, era trasladado, fotografiado y catalogado. Los cuerpos llegaban en furgonetas y eran descargados en las áreas refrigeradas o simplemente en el suelo del Hospital Militar de Harasta, o en menor medida del de Tishreen, ambos en Damasco. Un fotógrafo militar, que solía llevar botas de goma o cubiertas quirúrgicas en los pies (visibles en algunas imágenes), tomaba las fotos del cuerpo desde múltiples ángulos en apenas unos segundos —según muestran los metadatos de las fotografías— antes de pasar al siguiente cadáver".

En el 75% de los casos las víctimas, señala, "tienen evidentes signos de inanición y en el 65%, lesiones físicas. Más de la mitad presenta heridas en la cabeza, la cara o el cuello. Muchas están desnudas. Y, sin embargo, 'paro cardiorrespiratorio' es la causa de muerte oficial en casi todos los certificados de defunción firmados por los médicos del Hospital Harasta, lo que en palabras del fiscal general alemán Jens Rommel sirve 'para ocultar las circunstancias exactas' de la muerte de los presos. Esta cooperación de muchos doctores con el aparato represivo sirio ya fue denunciada por la ONU en un informe de junio del año pasado".

"Se trata de crímenes sistemáticos que requieren un nivel considerable de organización" apuntó el jurista. "Pero, en última instancia, siempre son personas quienes cometen estos crímenes, aunque estén integradas en una jerarquía, aunque su contribución individual parezca pequeña. Sin la contribución de todos estos individuos, los crímenes no podrían cometerse a esta escala".

Las familias sirias contactadas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación coinciden en que certificar el fallecimiento de su ser querido suele ser el comienzo de un proceso, no el final, ya que en muchos casos no saben dónde está su cuerpo. Algunos creen que sus familiares pueden yacer en las fosas comunes alrededor de Damasco.

"El régimen nazi actuaba de manera muy similar, documentando a todo el que asesinaba", dijo a El País el escritor e investigador Elia Ayoub. "Por un lado, tiene que ver con que estos regímenes se ven como intocables y eternos, nunca van a caer ni a rendir cuentas".

El silencio de La Habana

El régimen de Cuba fue un estrecho aliado del régimen sirio desde tiempos del padre de Bashar, Hafez al-Ásad, quien se proclamó presidente en 1971. En 1973, La Habana envió tropas y tanques al país de régimen socialista para enfrentar a Israel en la Guerra de Yom Kipur. Los militares enviados por Fidel Castro estuvieron estacionados en las alturas del Golán.

Tras la muerte de Hafez al-Ásad en el año 2000 y el ascenso al poder mediante elecciones de su hijo Bashar, la alianza se estrechó. Luego del inicio de la guerra civil en ese país en 2011, la dura represión desatada por Damasco encontró en La Habana constantes declaraciones de apoyo y solidaridad.

Asimismo, históricamente La Habana votó en la ONU en sintonía con Siria y otros estados aliados, oponiéndose a resoluciones de condena al régimen sirio, mientras Damasco utilizaba a la Isla, además de Nicaragua y Venezuela, para influir en América Latina, como demostró el Digital Forensic Research Lab.

Al-Ásad visitó Cuba en 2010, en una visita oficial en la que Raúl Castro lo recibió.

Las agencias estatales siria (SANA) y cubanas reportaron acuerdos marco y reuniones con la estatal BioCubaFarma y autoridades sanitarias sirias en 2015 y 2023 para la cooperación en medicamentos, intercambio científico y capacitación, con visitas de delegaciones y reuniones técnicas.

En 2024, representantes de las Cámaras de Comercio de ambos países acordaron activar el intercambio comercial y económico, en una reunión en la que el jefe de la Federación de Cámaras de Comercio de Siria, Abdul Houda Laham, llamó a "superar los obstáculos y dificultades que impiden que el volumen del intercambio comercial llegue al nivel de las excelentes e históricas relaciones entre las dos naciones", informó el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano.

El apoyo político tuvo rasgos menos simbólicos. En 2021, La Habana envió observadores a las elecciones presidenciales que celebró Al-Ásad en las zonas bajo el control de Damasco para relegitimarse. Unos comicios en los que se impuso con el aval de, además, 14 países "hermanos y amigos", entre ellos Venezuela, China, Irán, Rusia, Nicaragua, Ecuador y Bolivia.

Es una pregunta retórica la de por qué ahora La Habana hace silencio ante los crímenes de su aliado. Podría asumirse que, con ello, confirma su complicidad. Mientras, Al-Ásad vive protegido por el Kremlin en Rusia.

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1 comentario

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Profile picture for user padre Ignacio

El régimen vitalicio de la familia Castro, también es prolijo a la hora de redactar certificados de defunción, el de el general Ochoa decía; muerte por hipovolemia causada por hemorragia sin hacer la mas mínima alusión a que cualquier hijo de vecino se desangra por cuatro balazos en la caja torácica.