Es inminente que el huracán Melissa, ya de categoría 5 y responsable de daños graves y pérdidas de vidas humanas en Jamaica, atraviese el oriente cubano. Así, la Defensa Civil —un organismo adscrito al Ministerio de las Fuerzas Armadas, que convierte las emergencias en "situaciones especiales", como si se tratara de una guerra— ha declarado sucesivamente las fases "informativa", "alerta ciclónica" y "alarma ciclónica".
En el pasado, el enfrentamiento a los fenómenos climatológicos fue uno de los escenarios de propaganda política más eficaces del régimen durante el Gobierno de Fidel Castro. Eran de los pocos momentos en que la economía planificada parecía funcionar: el Estado, dueño de todos los recursos, escuelas, hospitales y empresas, los ponía a disposición para minimizar los efectos de los huracanes.
Pero en medio de la crisis sistémica que ha dejado la continuidad del fidelismo sin Fidel —del castrismo sin los Castro al frente del Estado, el Gobierno y el Partido Comunista—, cabe preguntarse: ¿qué diferencias existen hoy en la respuesta ante los meteoros respecto a etapas anteriores?
Evacuaciones sin recursos: aunque las cifras de evacuados o "protegidos", como ahora los llama el Gobierno, se mantienen similares, las autoridades reconocen carecer de recursos logísticos básicos: combustible, transporte, energía, alimentos y locales en condiciones adecuadas. Entre el 80% y el 90% de los desplazados se autoevacúan en viviendas cercanas más seguras, con sus propios y escasos medios.
Puestos de mando sin movilidad: los equipos locales activados en cada Consejo Popular no disponen de vehículos por la falta de combustible, ni de medios para la poda o evacuación de residuos vegetales.
Participación privada forzada: ante la incapacidad estatal, se ha involucrado al sector privado como parte de los grupos comunitarios para atender a familias vulnerables durante la evacuación y la recuperación.
Débil comunicación y desactualización oficial: la Defensa Civil ha reducido su capacidad de alerta ciudadana. Las informaciones se difunden por radio y televisión, pero la mayoría de los cubanos consume noticias por redes sociales, donde el Gobierno tiene escasa visibilidad debido a su impopularidad y discurso anacrónico.
Crisis eléctrica preexistente: el déficit de generación eléctrica ya alcanzaba niveles récord antes del huracán, con apagones prolongados que dejan incomunicada a buena parte de la población y afectan tanto la conexión a internet como el abastecimiento de agua.
Desamparo ciudadano: la población intenta proteger sus viviendas y bienes sin esperar el apoyo estatal de otras épocas. No hay previsión de precios subsidiados ni ayuda material significativa para la recuperación. Se anticipa, además, un mayor deterioro del sistema eléctrico nacional, con procesos de restablecimiento aún más prolongados.
Melissa es un huracán especialmente peligroso, se intensifica rápidamente, posee un núcleo compacto, una ancha banda de nublados y un movimiento lento. Los pronósticos lo colocan como una amenaza directa al oriente cubano, con un posible paso entre martes y miércoles. Se espera un impacto mayor en las provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, con efectos considerables en Holguín. Las Tunas sería la menos afectada.
Un huracán de gran intensidad atravesando un país en ruinas, con una población agotada por una crisis estructural generalizada, es más lluvia sobre lo mojado. El sistema comunista impuesto por la élite castrista ha sido, en sí mismo, un huracán estacionario que destruye Cuba desde 1959, y para el cual no existe aún plan de contingencia.
En medio de la inminente amenaza, el panorama resulta dantesco. El abandono de los viejos métodos populistas para hacer política con las desgracias es un signo del declive ideológico y moral del régimen, que ha tocado fondo. Es la evidencia de que a la dictadura se le agotó la imaginación y la capacidad de manipular al pueblo, incluso en aquello que antes manejaba con maestría: administrar la miseria y el infortunio.
Son nuevos tiempos. Y ni siquiera los huracanes pueden ser ya excusa o cortina de humo para ocultar la ruina total del país.