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Alimentación

Sin ir a la raíz del problema, el régimen cubano busca culpables por la comida podrida en una empresa estatal

Una comisión investiga los hechos, sin que se haya solucionado el desperfecto que causó la pérdida de los productos cárnicos y lácteos.

Las Tunas
Una tarima vacía en un mercado agropecuario de Cuba.
Una tarima vacía en un mercado agropecuario de Cuba. Diario de Cuba

La estatal Empresa de Comercio y Gastronomía de Jobabo, Las Tunas, anunció una investigación sobre el deterioro de más de 200 kilogramos de productos cárnicos y lácteos en un centro de elaboración para determinar responsables, respondiendo a la lógica de que en Cuba la culpa nunca es de las autoridades, incapaces hasta ahora de aliviar los apagones que están en la raíz del suceso.

Según informó la emisora estatal local Radio Cabaniguán, la mencionada empresa estatal cuenta con el asesoramiento y la supervisión del Grupo Empresarial del Comercio de la provincia en la investigación exhaustiva que realiza para "determinar con precisión las causas y las responsabilidades individuales, con el objetivo de adoptar con rigor las medidas disciplinarias que correspondan".

La dirección de la empresa afirmó, de acuerdo con la emisora, que la investigación preliminar apunta a una negligencia en la gestión administrativa. Sin embargo, el desperfecto en el sistema de refrigeración por el que se echó a perder casi un cuarto de quintal de comida no había sido solucionado cuando los directivos conversaron con Radio Cabaniguán, una semana después de la pérdida de los productos.

Los "fallos en el sistema de refrigeración" constituían un "aspecto que también se revisa para su pronta solución", indicó la emisora local.

La nota califica el suceso de "graves", en aparente alusión al hambre que golpea a los cubanos, que hace más imperdonable que en un centro de elaboración del Estado se hayan perdido más de 200 kilogramos de queso, masa de croqueta, masa deshuesada y mortadela, entre otros productos, según informó la semana pasada a Radio Cabaniguán Carlos Labrada Rodríguez, director del centro de elaboración, que es conocido popularmente como El Porcionador.

De lo recogido por la emisora se deduce que los directivos de la Empresa de Comercio y Gastronomía de Jobabo no mencionaron los apagones de más de 20 horas que golpearon al municipio tunero ni la intermitencia del funcionamiento del grupo electrógeno de respaldo frente a los prolongados cortes de electricidad, debido a la falta de combustible.

La dirección de la empresa señaló que debieron tomarse medidas preventivas como "la conservación en otro centro con capacidades, la elaboración en unidades adjuntas, el traslado a otras instalaciones gastronómicas —incluyendo los Sistemas de Atención a la Familia (SAF)— o la venta directa a la población".

Según Radio Cabaniguán, los directivos subrayaron que "lo fundamental que faltó fue la revisión constante de los surtidos y la aplicación ágil de estas medidas".

Asimismo, destacaron que en el centro de elaboración se almacenaban productos retenidos de un decomiso y consideraron que estos "pudieron tener un destino útil diferente a la destrucción previa autorización de los organismos correspondientes", lo que, dijeron, "agrava las omisiones en la comunicación y la gestión de los recursos disponibles".

No obstante, según explicó Labrada Rodríguez a Radio Cabaniguán después de la pérdida de los productos, la comida confiscada "ya viene con problemas, porque lo decomisan en un horario y lo entrega en otro; lo decomisa en un horario de la mañana y lo entrega en un horario de la tarde o de la noche".

Los directivos aseguraron, según Radio Cabaniguán, que "una vez concluya el proceso investigativo y legal, y atendiendo a la gravedad de los hechos y el grado de implicación de los responsables, se darán a conocer públicamente las medidas disciplinarias y de responsabilidad que se apliquen, como muestra de la seriedad con que se asumen estos lamentables eventos".

La promesa, que no lleva más comida a la mesa de los cubanos, llega en un momento de profundo descontento de la población por los largos apagones —que traen como consecuencia que a las personas se les pudra la poca comida que consiguen comprar a unos precios exorbitantes—, que se ha traducido en protestas populares.

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