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Política

Teatro político para encubrir purgas en Cuba: el caso de Marta Elena Feitó

Desde 2020, Díaz-Canel cuenta con una norma que le permite mover a los cuadros a su antojo sin necesidad de aprobación del Consejo de Estado ni de la Asamblea Nacional.

La Habana
La exministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera.
La exministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera. Trabajadores

Pocas personas dentro y fuera de Cuba se han tragado el cuento de que la ya exministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, tomó de manera autónoma y voluntaria la decisión de renunciar al cargo, después de atreverse a negar que haya cubanos que buscan comida en la basura para sobrevivir. Pero la pregunta es: ¿por qué el régimen necesitaba presentar su defenestración como una dimisión?

Después de que las disparatadas palabras de la exministra fueran aplaudidas por los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) de Cuba —y generaran un diluvio de críticas en las redes sociales, que se inundaron de imágenes que la desmentían— Miguel Díaz-Canel; el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, y otros funcionarios del régimen salieron a amonestar a la funcionaria. Un día después, vino su "renuncia".

¿Por qué el gobernante cubano no la barrió abiertamente, y aparentemente le dio la oportunidad de dimitir? Si realmente el régimen consideraba "insensibles" las declaraciones de Feitó Cabrera y estas no reflejaban la visión estatal, ¿por qué no la removió directamente del cargo?

Es algo que Díaz-Canel puede hacer sin rendir cuentas ni dar justificaciones, como ya ha hecho en otros casos. Por ejemplo, no hubo disfraz para la destitución del exministro de Economía Alejandro Gil.

El Decreto-Ley No. 13/2020 "Sobre el perfeccionamiento de la organización y funcionamiento del aparato auxiliar del Consejo de Ministros" otorga a Díaz-Canel y a Marrero Cruz amplias facultades para nombrar, sustituir o remover ministros, viceministros, presidentes de institutos y otros funcionarios de alto nivel, sin necesidad de un proceso público, transparente o basado en principios garantistas de derechos.

La norma permite al presidente y al primer ministro adoptar decisiones sobre los cuadros de dirección del aparato estatal sin límites claros o procedimientos reglados. Las decisiones se toman con total discrecionalidad, y usualmente no están sujetas a control parlamentario real ni revisión judicial.

Aunque formalmente la ANPP aprueba las designaciones o remociones, en la práctica funciona como un órgano ratificador del poder central. No existen comisiones independientes ni procesos de interpelación, evaluación o rendición de cuentas que puedan frenar una destitución o exigir una justificación basada en mérito, legalidad o debido proceso.

En este caso, Díaz-Canel pudo haber echado mano al supuesto "humanismo de la Revolución", en el que no podría haber cabida para palabras como las de Feitó Cabrera.

¿Pero de dónde salió la visión de la exministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba? ¿La cocinó ella solita, de la noche a la mañana? ¿No la habían planteado ella ni otros miembros del Gobierno en reuniones? ¿No se había discutido en reuniones gubernamentales ninguna política de tratamiento a los "deambulantes" —eufemismo que utiliza el régimen cubano para referirse a mendigos e indigentes—, que afectan la imagen de la Revolución? ¿Si sus palabras se oponían diametralmente a las políticas del Gobierno, por qué fueron aplaudidas en un principio?

Estas preguntas, así como las batidas contra mendigos ordenadas por una funcionaria de Matanzas y la amenaza de uso del Código Penal por parte de una magistrada del Tribunal Supremo, recogidas en un análisis de DIARIO DE CUBA, apuntan a que el error de Feitó Cabrera fue su falta de tacto al hacer su intervención ante los diputados.

Y el hecho de que Díaz-Canel no la destituyera, sino que hubiera "un análisis", tras el cual ella presentó su "renuncia", apunta en la misma dirección.

De haber sido destituida de manera oficial, Feitó Cabrera no podía presentar una reclamación en sede judicial, pero sí por la vía administrativa. Quizás se habría atrevido a cuestionar al régimen cubano su incoherencia. 

Asimismo, es bastante probable que la ahora exministra posea información que al poder en Cuba no le interesa que se conozca y, por tanto, el Gobierno prefiera no ganarse su enemistad profunda.

Por último, si Feitó Cabrera realmente renunció, como era su derecho, ese tipo de decisiones conlleva ciertas condiciones para los cuadros. No pueden renunciar de la noche a la mañana y dejar de cumplir sus funciones. Existe una metodología que establece la entrega del cargo y la sucesión.

Nada de eso ocurrió en este caso, pues después de "dimitir", Feitó Cabrera se ausentó de la Asamblea Nacional. La censura que se impone a los funcionarios y el secretismo con que opera el régimen de Cuba impedirá saber durante mucho tiempo lo que realmente sucedió con la exministra de Trabajo y Seguridad Social. Pero, por lo visto hasta ahora, tiene más tintes defenestración que de renuncia, aunque La Habana pretenda convencer a la opinión pública dentro y fuera del país de lo contrario. 

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4 comentarios

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Pero todos los delegados la aplaudieron y ahí están en el circo ,....ejem Parlamento cubano.

Profile picture for user cubano libre

La exministra Feitá por su pelo me recuerda aquellas rubias de Peyo el Afrocán, al menos que se arregle la peluca......

A mi me vino a la mente lo mismo cubano, me acordé hasta del ye-ye y el go-go cuando era un niño.