En 1972, un grupo de estudiantes del Instituto Preuniversitario René O. Reine, más conocido como el Pre de la Víbora, protagonizamos una protesta contra una impopular medida que se quiso imponer mientras nos encontrábamos cortando caña como parte del plan "Escuela al Campo". El evento se desencadenó cuando el teniente Ocampo, del Instituto Técnico Militar (ITM), quien se encontraba al mando de los estudiantes que estábamos en la provincia de Matanzas, ordenó que todos teníamos que pelarnos y afeitarnos al estilo militar.
Para nosotros, seguidores de la música rock por medio de WQAM —"la dóbliu"— y desafiantes portadores de la moda de las melenas, los afro (sperdrum les decíamos), los pantalones campana y las camisas anchas, el único atractivo que tenía ese plan de trabajos semiforzados era la posibilidad de dejarnos crecer el pelo a nuestras anchas por dos o tres meses. No estábamos dispuestos a renunciar a ello sin al menos dar la pelea.
La medida fue anunciada impromptu, en horas de la noche, cuando casi todos estábamos consumiendo el rancho que nos servían de cena. Fermín, un corpulento profesor de Educación Física que fungía como jefe de campamento, comenzó a entregar cuchillas de afeitar a quienes íbamos entrando al comedor. Después de la comida nos comenzamos a congregar en los albergues, y acordamos que no nos íbamos ni a pelar ni a afeitar, costase lo que costase. Al día siguiente, a la hora del desayuno, como forma de intimidación, un estudiante muy cercano a Fermín, cuyo nombre por fortuna he olvidado, comenzó a pasar lista públicamente para intimidar a los demás. El primero en ser llamado puso la vara bien alta al responder con un categórico "¡No!" a la pregunta: "¿Te pelas o te afeitas?".
La respuesta de Fermín fue inmediata: "Recoge tus cosas que estás expulsado del campamento y del pre". En aquel entonces, el ministro de Educación, Belarmino Castilla, había emitido una resolución según la cual los estudiantes de preuniversitario no podían ser llamados al Servicio Militar Obligatorio (SMO) mientras estuviesen cursando estudios. Por tanto, ser expulsados del pre significaba ser llamados inmediatamente al SMO. Esa era la espada de Damocles sobre nuestras cabezas. No obstante, al término del pase de lista, 73 estudiantes de un total de 110 internados en el campamento dijeron "No". Habíamos acordado que, al llegar a La Habana, ni siquiera íbamos a ir a nuestras casas sino directamente a la sede del MINED, con maletas y todo, para plantarnos hasta ser atendidos por el ministro.
Los acontecimientos se precipitaron de forma acelerada. Al notar que dos terceras partes del total de alumnos se había sublevado, la dirección intentó recurrir a medidas desesperadas para detener el flujo de insurgentes. Rafael Mariño era lampiño y no tenía barba, por lo que Fermín interpuso su grotesca humanidad para impedirle salir del albergue bajo el absurdo pretexto de que él no había sido expulsado. "Por mis cojones no te vas", le dijo, más atemorizado que enardecido. Inmediatamente un nutrido grupo de insurrectos, armados con palos y machetes, se colocó alrededor del profesor, gritando: "Y por los nuestros sí que te vas". Afortunadamente, Fermín entró en razones —obvias— y la situación no escaló a una violencia que hubiera sido perjudicial para todos.
Acto seguido se produjo un hecho que, visto ahora en retrospectiva, constituyó nada más y nada menos que una espontánea manifestación de desobediencia civil: 75 estudiantes, con sus maletas a cuestas, desfilamos por la Carretera Central rumbo a una parada de ómnibus para tomar el autobús hacia Jovellanos, de donde partía el llamado tren de Hershey, que iba a La Habana. El Campamento San José se encontraba a medio camino entre el tramo de la Central que va desde Coliseo hasta Jovellanos. La mayoría logramos montarnos en una carreta que se ofreció a llevarnos, y arribamos a Jovellanos como la avanzada de "la invasión estudiantil del 72", como jocosamente la llamamos. Al final todos arribamos a nuestro destino por diferentes medios, y nos concentramos en la estación de trenes, frente al parque de la ciudad.
Entonces comenzaron las maniobras del sistema. El tren tenía programadas tres salidas hacia La Habana —una en la mañana, otra en la tarde y otra en la noche— y en ninguna de las tres ocasiones arribó. El servicio fue interrumpido con el fin de impedirnos llegar a La Habana. Para matar el tiempo, comenzamos a jugar pelota en el parque y cantar acciones acompañados de las habituales guitarras que no faltaban en la Escuela al Campo.
A la hora del almuerzo, rebasamos la capacidad de atención de un restaurante local nombrado El Pollito, donde, en un momento cumbre de euforia, Mariño se subió a un pequeño estrado donde había un piano y comenzó a tocar "Proud Mary", versión Credence Clearwater Revival, y Orlando Morales lo acompañó vocalmente, con los correspondientes "forros" (sonidos guturales imitando palabras que intentaban disimular su desconocimiento del idioma inglés). Éramos libres, y lo expresábamos de forma clara y contundente.
Al caer la noche era obvio que no íbamos a salir de Jovellanos, y comenzaron a aparecer los "elementos disuasorios". Primero fue el director del pre, Néstor Varela Suaznabar, personaje nefasto, corrupto, acosador e informante de la policía política. Se dedicó a llamar a estudiantes por separado, intentando fraccionar la unidad del grupo. Cuando llegó mi turno, me dijo, medio amenazante y medio solicitante, que le dijera a la gente que retornara al albergue. Respondí que yo no era nadie para pedir eso, todo el mundo estaba ahí por su propia voluntad y, además, habíamos sido expulsados por Fermín, siguiendo órdenes suyas. Después vino un sujeto que se presentó como funcionario o secretario del Partido, diciendo que tenía unos camiones listos para regresarnos al campamento. Casi al unísono, o casi "todos a una", le dijimos que quién era él para decirnos eso, no regresábamos mientras tuviéramos que pelarnos o afeitarnos. Se fue sin decir nada más.
Entonces vino la solución final, en el mejor sentido de la palabra. Un individuo que nunca se identificó. vestido con uniforme del MININT, arribó en un jeep y lanzó una pregunta al aire: "A ver, muchachos, ¿qué ustedes quieren?". Respondimos: "No tener que pelarnos ni afeitarnos". Sin pensarlo dos veces, respondió: "Hecho. ¿Algo más?". Un poco intuitivamente, y embriagado por la victoria, alguien apuntó: "Fermín dijo que por encima de su cadáver nosotros no regresábamos al campamento. Si él sigue ahí, no regresamos". El oficial no titubeó: "Hecho también. Vámonos al campamento, que ya es tarde". Nos subimos en un autobús dispuesto a los efectos y regresamos, eran casi las 12:00 de la noche.
A esa hora, los cocineros prepararon una cena con carne, arroz, frijoles (lo nunca visto) y se procedió a hacer una especie de juicio público, donde los estudiantes presentaron sus quejas de todo tipo y Fermín terminó expulsado del campamento, no nosotros. Fue tan cobarde que no tuvo valor de decir que él había seguido órdenes del director Varela, quien cínicamente y delante de todos le dijo: "Fallaste, Fermín".
No supimos más del misterioso oficial del MININT, ni siquiera se quedó para presenciar el "circo romano". Unos días después de concluida la protesta, cuando tomábamos el descanso para almorzar en medio del surco, se apareció de sorpresa nada más y nada menos que el ministro de Educación, Belarmino Castilla Mas, comandante del Ejército. Tras una tensa calma que el ministro/comandante intentaba disipar con preguntas intrascendentes del tipo "¿cómo se sienten, muchachos?", alguien le dijo que sabíamos que estaba ahí por lo de la protesta. Trató de evadir el tema con una negativa, a lo que, hablando al mismo tiempo, replicamos que no le creíamos. Finalmente admitió que lo sabía y que solo quería asegurarse de que todo estaba bien, que podíamos consultarlo en cualquier momento. Tras decir eso, se retiró.
Terminamos nuestros días de Escuela al Campo en completo control del campamento. Los estudiantes determinábamos los períodos de descanso en los cortes de caña, suspendíamos los cortes a la menor amenaza de lluvia, llegamos hasta a determinar el fin de la jornada matutina de trabajo los domingos, una medida impuesta de forma onerosa. Nunca vimos cara a cara al teniente Ocampo, cuya medida originó el desafío de nuestra parte.
Por supuesto, la represalia no se hizo esperar. A poco más de una semana de haber regresado a La Habana e incorporarnos a clases, fuimos convocados al teatro del pre, donde se nos leyó una resolución donde a algunos, incluido quien escribe estas líneas, se nos imponía una nota en el expediente estudiantil por "escándalo público", puesto que el último día habíamos salido fuera de los albergues en paños menores, cubiertos por sábanas y colchas. En otro de sus acostumbrados alardes de cínica grandilocuencia, Varela nos pronosticó que "la Rueda de la Historia" nos pasaría por encima". A pesar de que protestamos airadamente, la nota fue incluida en el expediente, el cual nunca vi.
Salimos apesadumbrados de esa reunión, pero al cabo del tiempo, repasando la historia, nos dimos cuenta de que en aquel entonces no teníamos la percepción exacta de la magnitud de lo que habíamos realizado y brindamos mayor importancia a una medida insignificante en vez de a una resonante victoria.
No obstante, el tiempo, sempiterno moderador, se encarga de poner todo en su lugar. Fermín fue a la cárcel por robar pintura asignada para pintar el pre, por lo que se ganó el mote de "Leonardo da Vinci". Néstor Varela fue expulsado del pre un par de años después en medio de un escándalo de venta de exámenes e intercambio por favores sexuales, y acoso contra alumnas y profesoras.
En mi primer enfrentamiento con la Seguridad del Estado, al terminar mi carrera universitaria, me mostraron un informe firmado por el director de mi pre donde se me calificaba de "rebelde sin causa" y "susceptible de convertirse en agente de la CIA". No quiero ser demasiado susceptible, pero estimo que algún día la compañía me tendrá que pagar por todas las veces que me han vinculado con ella, sin haber nunca trabajado ni mucho menos cobrado. La inmensa mayoría de los participantes de la protesta estamos en Miami. Nos reunimos de vez en cuando para celebrar esa y otras instancias de enfrentamiento al sistema. No me dejarán mentir. ¿A quién le pasó la Rueda de la Historia por encima?
1. No tuvimos que pelarnos ni afeitarnos, ganamos nuestra demanda.
2. Fermín fue expulsado del campamento, una demanda añadida.
3. La protesta estudiantil paralizó ese día el servicio de trenes de La Habana a Matanzas.
4. La reunión con Belarmino Castilla se dio, mejor aún que en el Ministerio, en el surco cañero, nuestro terreno.
5. Constituimos por unos días un gobierno plenamente estudiantil.
6. La represalia fue insignificante, comparada con la victoria obtenida y la magnitud del suceso.
La historia de Cuba está llena de eventos como este, desconocidos y relegados de la memoria colectiva por la acción consciente del sistema. Al ver lo que está sucediendo con los estudiantes universitarios hoy en día, considero importante traer a la luz éstas y otras historias, por lo que pudieran servir en materia de lecciones aprendidas. En sentido general, en cada acto de desafío al sistema siempre hay más valor en lo conseguido por cuenta propia que lo recibido como consecuencia. Como diría el gran Lezama Lima, otro gran relegado por el castrismo: "todo amor, todo momento oscuro, merece ser recordado".
Nunca viví algo tan intenso como lo que describes, pero he escuchado historias similares de amigos que pasaron por la Escuela al Campo y aún recuerdan esa mezcla de rebeldía, presión y camaradería. Me impresiona cómo un acto colectivo puede convertirse en una verdadera lección de desobediencia civil y unión. Leerlo casi se siente como seguir el ritmo impredecible de https://sprunki-retake.lol , ese fun rhythm game donde cada decisión cambia el pulso de la historia.
Es interesante la historia que cuentas. Lo complicado es que el régimen castrista siempre, y lo repito, siempre consigue lo que quiere. No hay forma de vencerlo. Y así continuarán hasta hundir a Cuba en el mar. Click https://cargamesonline.io/
Muy interesante el artículo, gracias por compartir esta información. En mis ratos libres, disfruto jugar https://prohillclimbracing2… — muy entretenido y adictivo.
A powerful story of youthful courage in the face of oppression https://leveldevilnotatroll…. Thanks for sharing this important memory!
I love Rambo'' la frase de Ronald Reagan en los 80's, robos espectaculares, atentados contra los carros de los dirigentes (pinchadera de gomas, arena en el tanque), el fifo se negó a visitar la escuela por los reportes de contrarevolucion, etc. etc. y eso era en la supuesta escuela de chamacos escogidos https://smashy-road.io free.
Interesante la historia que cuentas. Lo jodido es que el regimen castrista siempre, y repito siempre, se sale con la suya. No hay manera de ganarle una. Y asi seguiran hasta hundir a cuba en el mar.
hechos como ese han habido miles en cada escuela tan solo en la Lenin, que yo recuerde hubo huelga gritada, pintadas de abajo fidel y ''I love Rambo'' la frase de Ronald Reagan en los 80's, robos espectaculares, atentados contra los carros de los dirigentes (pinchadera de gomas, arena en el tanque), el fifo se negó a visitar la escuela por los reportes de contrarevolucion, etc. etc. y eso era en la supuesta escuela de chamacos escogidos...