El régimen cubano ha admitido que la más reciente crisis de desabastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP) que ha afectado a miles de familias en la Isla se ha debido a que el país no tenía dinero para pagar el combustible, según publicó el diario oficial Granma.
Según declaraciones de Lucilo Sánchez Aquino, director de Comercio y Suministro de Gas de la Unión Cuba-Petróleo (CUPET), un buque con GLP permaneció atracado sin descargar durante días porque "las limitaciones económicas impidieron efectuar el pago".
"Cuando se pagó, el barco descargó en el puerto de Santiago de Cuba y, con eso, el combustible para la zona oriental se garantizó. Luego arribó a La Habana para abastecer al Occidente del país y, nuevamente, se dirigió a Santiago, donde continuó la descarga", dijo.
Afirmó que el barco también fue a Nuevitas, en la provincia de Camagüey, y, además de suministrar combustible para ese territorio, lo hizo para Ciego de Ávila: "En los días siguientes regresaría a la capital".
Con ese recorrido —en el cual también se tuvo en cuenta el suministro para la Isla de la Juventud— se debe finalizar con el abasto del combustible en el país, "porque la producción de la Refinería de Cienfuegos abasteció a la región central", señaló.
La grave escasez de gas doméstico —un servicio esencial en medio de apagones generalizados y un colapso energético sostenido— es consecuencia directa del colapso financiero del Estado, que culpa directamente al embargo y evita asumir responsabilidad por sus políticas fallidas.
Más de 60 días sin suministro en muchas zonas del país obligaron a la población a recurrir a leña o carbón, en un retroceso forzado que recuerda épocas de crisis profundas como el Período Especial.
Aunque Granma intenta presentar un panorama de recuperación a partir de la llegada tardía del buque y un nuevo operativo logístico para distribuir cilindros de GLP, la realidad en provincias como Santiago de Cuba es muy distinta.
El 16 de junio, la Unidad Empresarial de Base de Comercialización de Combustible en esa ciudad comunicó por Telegram que "no habrá distribución de gas licuado hacia los puntos de venta hasta tanto se disponga nuevamente de GLP en la provincia".
Mientras la prensa estatal ofrece un relato heroico de brigadas que llenan cilindros y operativos sin descanso, la distribución efectiva sigue paralizada en varias regiones. Lo que debió ser una solución estructural es, en el mejor de los casos, un alivio momentáneo, sujeto a la llegada de un segundo buque que —como el primero— dependerá de que el Estado pueda pagar a tiempo.
El propio Sánchez Aquino admitió que la producción nacional de GLP apenas cubre el 20% del consumo, y que incluso la fabricación de los cilindros está afectada por la falta de materia prima. El suministro, por tanto, sigue dependiendo de importaciones que el Gobierno no puede costear regularmente, lo cual deja a miles de familias en riesgo de nuevos paros sin previo aviso.
A pesar de las promesas de "trabajar sin descanso" y garantizar que "la población esté satisfecha", como repiten varios directivos en el artículo oficial, lo que queda claro es que no existe una solución definitiva para el abasto de gas licuado en Cuba. Más allá del relato edulcorado sobre turnos dobles en las instalaciones de llenado, el país continúa sufriendo apagones interminables, con una población atrapada entre la precariedad, pedidos de resistencia creativa de sus dirigentes y falta de alternativas.
El Pueblo singa'
Diaz Canel singao
...pero esos HP sí tienen fondos para comprar armas en Bielorrusia para asesinar cubanos.