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Economía

'El principal obstáculo a la inversión extranjera en Cuba es el bloqueo a la empresa privada nacional'

DDC consulta a expertos en Economía a propósito de las declaraciones del ministro Rodrigo Malmierca.

Madrid

En momentos en que el Gobierno cubano defiende la necesidad de la inversión extranjera para desarrollar su idea del progreso económico, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, emitió unas declaraciones que podrían asustar y en última instancia desalentar a los posibles inversores.

"No vamos a vender el país", dijo en una reciente entrevista en la que se refirió además a "una serie de reglas que permiten controlar" al capital extranjero para que "la soberanía sea preservada". Al mismo tiempo celebraba la modificación de "algunas normas complementarias" que acortan los procesos de evaluación de los inversores.

Para expertos como Elías Amor y Jorge A Sanguinetty, consultados por DIARIO DE CUBA, la concepción general que tienen las autoridades sobre la inversión —donde la participación de los cubanos a través de las actividades privadas está prohibida—, es un lastre para la economía.

¿Cómo encajan las palabras de Malmierca en el actual panorama?

Sanguinetty: Esas son palabras para la galería. Después de seis décadas de propaganda durante las que el Gobierno siempre ha afirmado que toda inversión es una forma de explotación y, en particular, la inversión extranjera era una forma del 'imperialismo' de tratar de apoderarse de la riqueza de los países, a funcionarios como Malmierca no le queda más remedio que contrarrestar lo dicho con tanto fervor revolucionario y socialista. Yo no dudo que el propio Malmierca se haya creído la propia propaganda del régimen. De hecho, la retórica puede intimidar todavía a muchos inversionistas.

Amor: Realmente confunde este tipo de proclamas. La Constitución actualmente en reforma dice que la 'propiedad es del pueblo' siendo gestionada por el estado. Hasta ahora no venden el país, por cuanto el Estado cubano retiene el 51% de todas las operaciones con inversores extranjeros, salvo en los proyectos totalmente internacionales que son bien pocos (…)

Sin embargo, este modelo está agotado, y están preocupados por los bajos niveles de inversión extranjera que llegan al país. Al final, no les quedará más remedio que ir vendiendo y aquí es donde se corren grandes riesgos. Por ejemplo, que se vendan activos que no son de titularidad real del estado, como los que se obtuvieron de las confiscaciones y expropiaciones de los años 60. Eso permitiría a los legítimos dueños instar acciones penales y administrativas en los tribunales de sus países de residencia. En EEUU están pensando en esta medida.

Otra preocupación es que se malvendan o se negocien con poca transparencia y se fomente la corrupción, que suele ser frecuente en esos procesos si no están supervisados por organismos internacionales. El tercer problema es que se canjeen por deudas acumuladas e incobrables, como algunos acreedores están empezando a exigir. Esa solución sería muy negativa porque sí que descapitaliza al país.

¿Cómo actúa el control gubernamental mencionado por Malmierca en los procesos de inversión y qué repercusión tiene en la concreción de los proyectos y sobre la economía en general?

Sanguinetty: Los funcionarios cubanos tienen ideas muy primitivas y erradas de cómo operan las empresas y los procesos inversionistas. Creen que controlándolo todo protegen los intereses nacionales, sobre los que tienen nociones simplistas. Es realmente lamentable que el discurso oficial cubano sea tan pobre, lo que sigue mostrando la incapacidad del Gobierno para manejar la economía.

Nunca han entendido cómo las empresas contribuyen a la economía. La soberanía cubana no está en peligro a menos que los inversionistas pidan y consigan privilegios o concesiones especiales, fuera del ámbito productivo de sus proyectos. Las inversiones por sí solas no afectan la soberanía, pero la paranoia gubernamental puede acabar estableciendo controles y formas de supervisión que acaben obstaculizando las nuevas inversiones.

Amor: La inversión extranjera no atiende a criterios políticos. Se orienta por aspectos como la productividad, la especialización, la competitividad; en definitiva, el nivel de rentabilidad. Más aún en Cuba, donde el riesgo es muy elevado. Todas esas proclamas de soberanía y de reglas de control es propaganda barata de Malmierca (…). A la inversión extranjera que se dirige al turismo no le importa el tema de la soberanía, al contrario, busca el elemento de diferenciación cubano como atractivo cultural. Malmierca está equivocado, como todos los que le rodean.

Malmierca anunció en FIHAV que se han modificado normas complementarias que acortan los procesos de evaluación de los inversores y que se trabaja en la creación de una Ventanilla Única que funcionará el próximo año. ¿Serán efectivas para lograr el monto total de capital extranjero que se ha propuesto el Gobierno y que admitió 'está por debajo del necesario'?

Sanguinetty: La ventanilla única bien debe ayudar a las inversiones extranjeras, pero la incomprensión de los funcionarios y políticos cubanos sobre la economía y cómo deben operar las empresas para ser eficientes me hace pensar que les llevará algún tiempo antes de que logran que el mecanismo funcione eficientemente.

Yo dudo mucho que el Gobierno cubano pueda atraer inversiones extranjeras en un monto como el que necesita la economía del país para crecer y salir de la crisis crónica que ya va a cumplir sesenta años. Aunque parezca mentira, bajo el socialismo castrista Cuba nunca tuvo una economía solvente, una que pudiera sostenerse sin los subsidios soviéticos primero y los venezolanos después.

Amor: Las normas administrativas no son determinantes de la inversión extranjera en un país. Se equivocan una vez más. (…) El problema no es la duración de los procesos, sino la calidad administrativa y ahí la dirigencia comunista cubana está poco cualificada para entender de qué va el proceso.

Las empresas estatales del Ejército o la Seguridad del Estado están dirigidas por personas desconocedoras de la gestión empresarial, que además dependen de grupos de los ministerios donde la burocracia es absolutamente incompetente.

Para atraer inversiones hay que liberalizar la política actual y permitir que el capital extranjero pueda llegar a los negocios independientes de los cubanos, a los arrendatarios de tierras e incluso a algunas cooperativas no penetradas por el Partido Comunista. Ese es el sector donde la inversión extranjera puede obtener rentabilidad y olvidarse de la bobería burocrática del régimen.

Malmierca volvió a culpar al embargo de que las inversiones extranjeras no alcanzaran el crecimiento de 2.500 millones de dólares necesario para desarrollar el modelo económico estatal. ¿Qué otras medidas serían necesarias para alcanzar este objetivo?

Sanguinetty: No hay duda de que el embargo es un obstáculo a la inversión extranjera, pero el principal es lo que yo he llamado el bloqueo interno representado por las prohibiciones masivas del Gobierno cubano a la empresa privada nacional. Esto está fehacientemente demostrado por la propia prohibición de la ley de inversiones extranjeras a la participación de los cubanos a desarrollar su propias inversiones y empresas en Cuba.

Los inversionistas extranjeros bien informados saben que Cuba está gobernada por individuos que están ideológicamente sesgados en contra del capitalismo lo cual se hace evidente a diario en Cuba. Para que Cuba pueda tener el volumen de inversiones que necesita, el Gobierno (y el Partido) tendrán que hacer grandes concesiones y permitir el desarrollo de la economía de los cubanos, lo que verían los extranjeros como una señal positiva que inspiraría confianza.

También ayudaría mucho que Cuba tuviera entre sus autoridades económicas a algunas figuras conocidas por su competencia en este sentido, pero lamentablemente las mismas no existen y si existen no se conocen.

Amor: El embargo no tiene que ver con las inversiones extranjeras. Que se lo pregunten a la canadiense Sherrit o la española Iberostar. En el ámbito de las inversiones extranjeras, si no se alcanzan los objetivos es porque la Ley 118 y las medidas posteriores no van directamente al núcleo del asunto.

Se necesita más libertad económica y dejar que los inversores decidan en qué colocar su dinero y cuánto. La cartera de oportunidades no garantiza que lleguen las inversiones, por más que ya la han ampliado en dos o tres ocasiones, sin éxito.

Se tiene que permitir contratar libremente al personal cualificado necesario y no a los delatores comunistas que se colocan a través de las empresas de selección de personal que obligan a los extranjeros. Hay que potenciar el ahorro interno para que los inversores extranjeros encuentren que la contraparte cubana cuenta con recursos financieros para las inversiones y no solo activos envejecidos e improductivos. En suma, un giro de 180 grados.

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