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Opinión

Cuba y la arquitectura del tránsito

'Más allá de cómo se reconfiguren las fuerzas en juego, el objetivo esencial es que Cuba logre salir del ciclo autoritario, no para reciclar el mismo poder bajo nuevas formas'.

Madrid
Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU.
Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU. AP

El conflicto cubano contemporáneo, que define la escena política de la Isla se comprende mejor si distinguimos dos diferendos de naturaleza distinta, pero de dinámica simultánea: el primero, de carácter sistémico, opone al régimen cubano a su ciudadanía, derivado del modelo de exclusión política en que se ha organizado la gobernanza nacional; el segundo, enfrenta al mismo régimen con EEUU.

Frecuentemente ambos han sido analizados por separado. De esa escisión surgió la tesis que planteaba la posibilidad de una normalización económica entre Washington y La Habana sin una transformación sustancial e inmediata del sistema político cubano. Esa tesis vertebró el deshielo durante la Administración Obama. Hoy tal distinción resulta difícilmente sostenible.

La hipótesis según la cual la apertura económica conduciría gradualmente a una liberalización política, ha chocado con la ausencia de garantías para la inversión y el emprendimiento. Donde no existe un Estado de Derecho —con independencia entre poderes, protección efectiva de la propiedad y acceso a instancias imparciales de resolución de disputas—, no puede haber seguridad jurídica. "Sin cambios profundos en Cuba que incluyan instituciones democráticas y pleno respeto por el capital y los derechos humanos, es difícil imaginar a los inversores haciendo cola", afirmó para Bloomberg el promotor inmobiliario Jorge Pérez.

En este contexto, cualquier intento de reforma que no contemple una transformación sustancial del régimen político enfrenta un problema central de credibilidad y queda expuesto a la reversión, como demuestran los ciclos de aperturas parciales seguidos de cierres abruptos.

La dinámica actual sugiere que el diferendo con mayores posibilidades de encontrar algún cauce de resolución podría ser el externo, el que involucra a Cuba y EEUU. Más allá de la retórica oficial, resulta plausible un escenario de negociación bajo presión, impulsado desde Washington por la Administración Trump. No se trata aquí de emitir juicios de valor, sino de identificar, en términos analíticos, los vectores de mayor probabilidad.

Ese conflicto bilateral encuentra su codificación más notable en la Ley Helms-Burton, cuyo alcance trasciende el régimen de sanciones. Dicha legislación no solo estructura mecanismos de presión, sino que también define parámetros para la eventual asistencia a un Gobierno democrático en Cuba. En este punto emerge una convergencia significativa: las condiciones que la Ley vincula al levantamiento definitivo de sanciones —elecciones libres, pluralismo político, respeto a los derechos humanos y reformas económicas sustantivas—, coinciden en gran medida con las demandas autónomas de amplios sectores de la ciudadanía cubana.

Desde esta perspectiva, el tránsito hacia un régimen democrático no solamente resolvería el diferendo externo, sino también el interno. Al mismo tiempo, permitiría consolidar un marco institucional creíble ante inversores y, no menos relevante, facilitaría el acceso a asistencia capaz de atender las urgencias sociales del pueblo cubano. La democratización operaría como un mecanismo de estabilización simultánea, tanto en la inserción internacional como en la recomposición de su propio tejido social.

La cuestión decisiva es cómo funcionaría la mecánica del tránsito. Muchos procesos de cambio en regímenes autoritarios surgen de dinámicas complejas en las que sectores del propio sistema participan, sea por cálculo estratégico, agotamiento estructural o presión. Un ejemplo es Venezuela: bajo una intensa presión externa, combinada con fracturas internas en la elite gubernamental, han emergido reformas. En el caso cubano, si existiera una presión (que presumiblemente vendrá del exterior) capaz de neutralizar de facto el sistema de exclusión política, podría abrirse una brecha para iniciar reformas desde el propio marco institucional del régimen.

Dentro del rígido diseño normativo cubano, la Ley Electoral contiene disposiciones que, en un contexto de transición como el descrito, podrían ser objeto de reinterpretación funcional. El principal mecanismo de blindaje del sistema reside en las comisiones de candidaturas, cuya práctica ha operado como filtro para impedir la competencia real y el acceso de figuras críticas y de oposición al entramado político. A ello se suma la exclusión de la diáspora mediante requisitos de residencia que restringen el universo electoral.

No obstante, neutralizada por presión la lógica excluyente, ese mismo marco jurídico podría convertirse en plataforma de reconfiguración institucional. La clave no radicaría en la sustitución inmediata del orden legal, sino en su utilización como vehículo de transformación. Un proceso electoral al Parlamento, bajo prácticas sustantivamente distintas, funcionaría como punto de entrada a un sistema hasta ahora hermético. Las comisiones de candidaturas podrían ser designadas por una autoridad transicional; los aspirantes accederían a los medios masivos de comunicación y se habilitaría la competencia política efectiva, lo que generaría un espacio inédito para la reconstrucción del tejido cívico.

La elección de una nueva Asamblea Nacional, único órgano con potestad legislativa y constituyente plena según la propia Constitución, desempeñaría entonces un papel central, puesto que operaría como mecanismo de legalización y legitimación del cambio. Desde esa posición, impulsaría el desmontaje del régimen con la eliminación del monopolio político del Partido Comunista, liberación de presos políticos, reconocimiento de derechos ciudadanos, rediseño constitucional, establecimiento de garantías jurídicas para la libre empresa y protección de la propiedad, etc.

Aunque este itinerario no garantiza automáticamente la consolidación democrática, sí podría materializar una convergencia objetiva —si bien motivada por lógicas distintas— entre las aspiraciones cívicas de amplios sectores de la ciudadanía cubana y los incentivos estratégicos del Gobierno estadounidense para el cese de sanciones económicas.

Desde una perspectiva ideal, es deseable la emergencia de una fuerza interna capaz de generar por sí sola la presión suficiente para neutralizar el sistema. Sin embargo, como se señaló anteriormente, tal hipótesis no parece plausible en el momento actual. La variable que emerge con capacidad operativa es la externa. Este análisis, por tanto, no se articula en torno a su valoración, sino al reconocimiento de un escenario político.

La experiencia cubana no sería la primera en recurrir a mecanismos de transformación desde el propio marco institucional. En 1989, las elecciones legislativas en Polonia, celebradas aún bajo la legalidad de la República Popular, fueron viables gracias a la presión sostenida de un movimiento opositor interno masivo, encabezado por el sindicato Solidaridad. Aquel proceso derivó en la conformación de un Parlamento que actuó como catalizador de una transición ordenada.

La clave en todo caso no reside en el origen de la presión, sino en la arquitectura del resultado. Una transición institucionalmente encauzada, jurídicamente articulada y políticamente estabilizada, ofrecería considerables garantías de consolidación. Más allá de cómo se reconfiguren las fuerzas en juego, el objetivo esencial permanece intacto: que Cuba logre salir del ciclo autoritario no para reciclar el mismo poder bajo nuevas formas, sino para fundar un orden genuinamente democrático. En este caso, reitero la máxima del padre Varela: "Pensar como se quiera; operar como se necesita".

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14 comentarios

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Profile picture for user Balsero

Es difícil imaginar los próximos pasos. Cuba tiene una enfermedad crónica: el castrismo. Todo está hecho (o deshecho) a voluntad del ADN Castro Ruz. Sí me imagino que los cambios se acelerarán cuando no esté más Días-Contados y su aparato burocrático. Por ahora, el presidente puesto a dedo soporta presiones de todos lados, no acierta una, y su cara se parece más a la de un testigo falso con hemorroides, que a la de un estadista.

Profile picture for user Pedro Benitez

Estados Unidos responde a sus intereses, y cortar las amarras de Cuba con China, Rusia e Iran es una prioridad para la Casa Blanca. Una vía que atiende a deshacer la influencia de estos países sobre Cuba son las inversiones estadounidenses en la isla. La libertad de los presos políticos cubanos no parece ser la prioridad más importante para los Estados Unidos. Quizás la liberación de los presos políticos en Cuba puede tomar un ritmo parecido al de Venezuela. Y aún no está claro si Raúl y Alejandro Castro se van a quedar en Cuba; y esto es de suma importancia para todos los cubanos.

Profile picture for user Weston

Para mi está claro que lo ideal sería un cambio radical en Cuba.
El Sr. Gonzalez Rubines escribe: " Donde no existe un Estado de Derecho —con independencia entre poderes, protección efectiva de la propiedad y acceso a instancias imparciales de resolución de disputas—, no puede haber seguridad jurídica." Creo que tiene razon, pero me asalta una duda: por que hay tantas inversiones en China y en Vietnam? Mi pregunta no es retorica. Sinceramente, no tengo una respuesta convincente. Gracias

Yo tampoco tengo respuesta, pero asumo que Trump no quiere empantanarse en Cuba y cargar con el muerto de mantenerla. Supongo también que las compañías han invertido en China, Vietnam, Malasia y otros países porque han obtenido ganancias. Estas son culturas ancestrales, con gente que ha vivido bajo autocracias desde siempre; son disciplinadas y trabajadoras. Incluso ya muchas de esas compañías han abandonado esos países porque los gobiernos no respetan los derechos de propiedad; se lo roban todo. En el caso de Cuba, sería peor: respeto, disciplina, abnegación son aspiraciones.
Un marco legal garantizaría derechos de propiedad y derechos humanos básicos que permitirían al país recuperar algo de su dignidad y brindarían cierta seguridad a quien ponga su dinero allí.
Quizás lo enrede más, pero lo que quiero decir es que esto no es materia simple y si algo pasa, será como diga Estados Unidos. Ojalá y los cubanos despierten y vean una oportunidad de futuro.

Profile picture for user Weston

Amigo Epicteto, usted dice que yo le doy créditos que usted no merece, pero la realidad es que no encuentro otro forista que sea capaz, por ejemplo, de entender las debilidades de la Democracia, como usted. Aparte de mi, desde luego, Jajaja!!

Bien todo lo que escribió el autor. Antes de sentarse en la mesa para hablar e intercambiar ideas con los tiranos de Cuba. Marco Rubio, tienes que ejercer una fuerza poderosa para que los habladores y prometedores de hace 67 años entiendan que él no se va a sentar para tomarse un cafecito, como hicieron con Obama. Ese “show of force” lo tiene que ejecutar el ejército americano aterrizando aviones y helicópteros en la base de Guantánamo; los dos portaaviones que están en el Mediterráneo tienen que regresar, activar las bases en Florida, Georgia y Alabama. Cuando estos vean que el presidente es más loco que ellos, entonces es cuando ellos van a escuchar lo que tiene que decir ese representante de los EE. UU.

Profile picture for user Weston

Juanito, me han llegado noticias de que ya Trump y Marco Rubio están poniendo en marcha tus valiosas sugerencias. Ya los portaviones están por regresar, tal y como tú les ordenaste. ¡¡Jajaja!!

Profile picture for user Plutarco Cuero

Los carneros de la isla disipan toda la presión que recibe el régimen ... hasta que esa condición no cambie, no hay una Delcy Eloína en Labana ...

Alcalde, creo que con la presión de Estados Unidos es posible una transición. Lo que discute el artículo constituye una parte importante de la solución. Aunque sea difícil de aceptar, los cambios hay que hacerlos desde algún tipo de institucionalidad. Por ahí deben andar las exploraciones de Estados Unidos. No habrá intervención para hacerse cargo del mamotreto que hoy representa Cuba. La enmienda Teller ya dejó a Estados Unidos varado en Cuba durante más de tres años después de 1898. De facilitarse una transición, los carneros, como usted los llama, votarán en la dirección correcta. La gente, como las bacterias, se mueve en la dirección que ofrezca las mejores perspectivas de supervivencia. Si esa presión de Estados Unidos es real y está en acción, pronto verá algunos perestroicos de pedegrí por Labana.

Profile picture for user Plutarco Cuero

Deseos no preñan, la situación de Cuba es compleja. Créame cuando digo carneros no me refiero al 100% de la población sino al % que apoya ciegamente a los Castro, no son tres gatos ...

Atención Sres. norteamericanos. Es innegable que USA es con ventaja la mas poderosa potencia mundial y tienen, con mucha mas ventaja, el mejor armamento. Es innegable que el actual gobierno de USA está con sus acciones ayudando a nuestra civilización occidental a encontrar el camino que había perdido. Pero mucho ojo: otra cosa es entender y poder negociar con los agentes del mal (entiéndase KGB, G2, Irán, Corea del Norte). Esa es otra batalla en la cual USA es un "nene de teta" y mientras mas conversen mas perderán. Occidente sencillamente no está a la altura de esos "Estados canalla" en negociaciones o conversaciones. Que me perdonen, pero ni Trump ni Rubio tienen suficiente maligna estatura para lidear con esa gente. Por ello mientras menos conversen, mejor les irá

A tener presente en la ecuación cubana, pero que algunos suelen no considerar: los gobernantes de Cuba saben que tendrían que rendir cuentas por crímenes y ser procesados por la justicia. Ese es el principal obstáculo para una transición pacífica. Es mas que improbable que conversaciones o negociaciones Cuba-USA fructifiquen a favor de la libertad política y económica de los cubanos - es bastante probable que el gobierno cubano, siempre que se le permita, continúe ejerciendo una represión brutal, a la par que se transforme algo y aprenda a lidiar y a subsistir con la nueva situación económica - la crisis puede ayudarles a encontrar formas económicas que les permitan subsistir y que sean aceptadas por la población - mientras reprimen a esta y alejan la posibilidad de una intervención desde el exterior. Hay sólo 3 opciones para que los cubanos alcancen su libertad y las tres son violentas: 1. intervención norteamericana, 2. sublevación, rebelión de los oprimidos, 3. golpe de estado.

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Sra. Manuela, creo que usted va a sufrir una gran decepción en el futuro cercano.

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En Cuba nadie quiere a la banda de nonagenarios con culeros, que lo único que saben hacer bien es reprimir. La gente quiere vivir en libertad, y a aquellos que delinquieron, que vayan a la cárcel y devuelvan lo que se robaron.