Existe mucha y muy buena arquitectura cubana realizada fuera de Cuba. Lamentablemente, la inmensa mayoría se desconoce, por lo que valdría la pena dedicarle un catálogo que visibilice el arte desplegado allende los mares. Un documento así serviría de enlace para conocer la trayectoria de varios artistas formados en Cuba y saber cómo han adecuado su obra a los nuevos entornos climáticos y culturales, condiciones constructivas y clientes. Una ventana a ese mundo disperso en distintas latitudes es el artículo de hoy, dedicado a dos de las últimas obras proyectadas por Ricardo Porro en Francia, antes de morir en 2014.
En 2008 y 2011, construyó dos ampliaciones del Hospital Intercomunal Meulan-Les Mureaux: el pabellón de psiquiatría y la unidad de cuidados postagudos y rehabilitación de larga duración. Son dos obras que resumen su trayectoria creativa, incluyen la esencia de sus inmuebles más icónicos, y lo aprendido de grandes maestros modernos como Le Corbusier y de la arquitectura tradicional cubana.
Son de conjunto, una obra madura, donde Porro siguió fiel a su estética personal, adecuando soluciones espaciales y visuales empleadas en otras tipologías a dos edificios que pudieran calificarse como de machine à guérir (máquina de sanar), parafraseando el concepto lecorbuseriano de machine à vivre (máquina de habitar) que debía definir una casa.
El campus de Meulan-Les Mureaux incluía previamente los típicos bloques horizontales modernos que, en medio de un área arbolada, situaron las distintas especialidades médicas. Las dos ampliaciones diseñadas por Porro y su socio, el arquitecto Renaud de la Noue, rompen completamente esa línea de hospital como caja ortogonal, regular y fría. Desde el diseño planimétrico de los dos pabellones, hasta los materiales y volúmenes empleados crearon espacios de potente dinamismo, atractivos, sugerentes y muy confortables. En ellos se percibe la voluntad de hacer espacios íntimos y orientativos, donde el paciente se sienta acogido y resguardado, y donde también lo que observe sea bello. Una belleza que no esté en lo adherido, sino en el espíritu mismo del espacio, de las formas que lo componen, reforzado por los materiales empleados, sus texturas y colores.
Es la funcionalidad estructural y espacial de la que hablaba Le Corbusier, y que Porro intentó con su diseño de las Escuelas de Arte de La Habana, se convirtiera en fuente de inspiración y creatividad para los jóvenes artistas, y que en estos edificios hospitalarios buscan contribuir de la misma forma a la salud mental del paciente y a su más adecuada sanación, desde el deleite del entorno donde está recluido.
La planta de ambos edificios, distinta en cada caso, mucho recuerda la dispersión encadenada de las dependencias que forman las escuelas de Artes Plásticas y Danza, en La Habana. Aquí también tiene gran protagonismo la relación interior-exterior a través del uso de patios y zonas ajardinadas, del diseño de las galerías, y muy particularmente, de la concepción del acceso principal y del vestíbulo. A estos hospitales también se llega "como en un rito" y se penetra como a un sitio de contemplación.
Las plantas de los dos pabellones aprovechan las formas curvas y circulares, en un diseño orgánico que condiciona la creación de ambientes distintos en cada parte del inmueble, visuales cruzadas, y espacios de intimidad. En este sentido, hay un interesante manejo de las zonas privadas y las de circulación.
El pabellón psiquiátrico, por ejemplo, tiene un total de 70 habitaciones, distribuidas en cuatro secciones de la planta baja, con acceso a espacios ajardinados y protegidos. No dan como es habitual a un pasillo. En la planta alta se disponen entonces las consultas y la recepción. Según De la Noue, "cada habitación es única. Su forma, tamaño y luz permiten a sus ocupantes personalizarla". Por otra parte, los pasillos evitan las líneas monótonas y se abren a los jardines interiores. Para los arquitectos, esta variedad arquitectónica favorece a los pacientes desorientados orientarse fácilmente en el edificio.
En este sentido, también destaca la selección de los materiales arquitectónicos y del color. Los pabellones de Porro del hospital de Meulan-Les Mureaux, traen al primer cuarto del siglo XXI francés, una actualización de los códigos visuales que definieron la arquitectura doméstica cubana de las décadas de 1950 y 1960. Parecen dialogar con Miramar o Nuevo Vedado, las superficies de estos pabellones de psiquiatría y rehabilitación al alternar el hormigón encalado con el ladrillo a vista y los paños horizontales de madera. Todo ello ofrece una variedad cromática muy atractiva y cálida, y certifica la vigencia y pertinencia de una manera de hacer que no envejece. Empleado en distintas tipologías, estas soluciones de diseño subrayan el propósito de atemporalidad e internacionalización que en su momento dieron motor y motivo al Movimiento Moderno arquitectónico, del que Porro, sin duda, era un maestro.
Aunque priman las superficies blancas en ambos edificios, emplearon algunas paredes de color para romper la monotonía, crear balance cromático en algunos ambientes y jugar con los efectos espaciales que los acentos de color provocan, una lección también lecorbuseriana. El guiño cubano está, sobre todo, en el uso del vitral, un vitral abanicado y colorido que no puede negarse reinterpretado de nuestra arquitectura colonial.
En el dinámico juego de volúmenes que define la estructura de ambos vestíbulos, el vitral ofrece toda su magia, seduciendo desde el exterior al visitante y creando dentro un ambiente excepcionalmente colorido. De su concepción explicó Porro al documentalista Roberto Santana: "¿Qué me vino a la mente en aquel momento? En el primero, cuando se entra al hospital, quisimos que diera una imagen de flor, de flor agradable y que el que entra en el hall de entrada, sintiera que entra en una flor. En el segundo hicimos un hall de entrada que es la explosión de una esfera, este sentido se capta cuando se llega enfrente al hospital y esto debería acoger inmediatamente al paciente". A ese segundo edificio de rehabilitación, Porro lo llamó Les Sept Lieux.
A pesar de los tesoros que Cuba guarda de los tantos buenos arquitectos que ha tenido, mucho nos falta por conocer si no miramos excelentes obras, como estas, construidas fuera de la Isla. Otro reto para el amante de la arquitectura, ahora impuesto por la gran dispersión de una diáspora creativa que no siempre ha gozado de la visibilidad que merece.
Es fascinante descubrir la arquitectura cubana en el extranjero, como la ampliación del Hospital Intercomunal Meulan-Les Mureaux de Porro y De la Noue. Sería genial visibilizar más de estas obras. Hablando de diversión, prueben este juego:スイカゲーム https://suikagames.app
Porro fue un delirante, las aulas de la Escuela de Artes Plásticas de la ENA (Allí impartí clases) además de calurosas tienen eco. Él mismo dijo que eran "esculturas", falos entrelazados a vulvas... En fin, se exageran los méritos de quien fue un artista, pero no un gran arquitecto.
Un „gran arquitecto“ no fue Porro, fue sencillamente un arquitecto decente, en eso tiene razón Don Sariol. Por su puesto que no hay que comparar, pero cuando se ve lo intemporal de la obra de Lloyd, Foster, Ghery o Renzo Piano, tenemos la convicción de estar frente a la arquitectura en mayúsculas. Otra liga.
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