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Opinión

La caída de Maduro

Hay gestos que obligan. Cuando uno blande la espada de Bolívar y vocifera que está dispuesto a sacrificarlo todo por la Patria, no debe dejarse atrapar luego como un ratón.

Málaga
Dibujo de Nicolás Maduro en la Corte de Nueva York que lo juzga.
Dibujo de Nicolás Maduro en la Corte de Nueva York que lo juzga. Reuters

Hace varios años vaticiné por primera vez el desenlace de la tragicomedia que se escenificó este sábado en Caracas. En un artículo titulado "El 18 brumario de Nicolás Maduro", que figura en la página 197 de mi libro La balsa de papel (Hypermedia, 2018), expliqué por qué ese régimen espurio, que pasaba por ser una dictadura popular nacional-revolucionaria, parecía un mal sainete, un remedo de tiranías previas con un leve barniz renovador.

Entonces escribí: "A pesar del lado trágico del asunto —los jóvenes manifestantes asesinados por la policía chavista y el riesgo de que el totalitarismo acogote definitivamente al país, con su secuela de muerte, prisión, miseria y exilio— el suceso y el protagonista tienen un aire innegable de gran guiñol, de mojiganga tropical en la que, en cualquier momento, los personajes pueden despojarse de sus disfraces y desaparecer".

Ya entonces vaticiné que el pucherazo con el que Maduro intentaba conservar el poder era una farsa que certificaba la defunción del Socialismo del Siglo XXI. "Ese engendro, que Orwell hubiera abreviado con la sigla 'socS21' —dije—, fue el invento de Hugo Chávez para dominar el país y perpetuarse en el poder, manteniendo al mismo tiempo una fachada de legitimidad democrática que invalidara a críticos y opositores (…) sabiamente engrasada con los dólares del petróleo y el narcotráfico".

La mayoría de las opiniones que allí figuraban fueron escritas, repito, hacia 2018, cuando Maduro perpetró su primer golpe de Estado que lo mantuvo en el poder. No son ideas formuladas a toro pasado. Lo destaco por quienes puedan pensar que me dedico a dar lanzadas a moro muerto —para usar una figura retórica procedente de la Reconquista española— algo que no practico ni siquiera cuando el cadáver se apellida Maduro Moro.

No obstante, habida cuenta de las muchas tropelías que el personaje cometió contra su propio pueblo y el ominoso papel que desempeñó en el drama de Cuba, me siento con el legítimo derecho de criticar sus actos y burlarme de sus payasadas.

En la estela de Salvador Allende, Ernesto "Ché" Guevara, Manuel Antonio Noriega, Maurice Bishop y otros prohombres de la izquierda que confiaron en el apoyo de La Habana, la carrera de Nicolás Maduro ha tenido un desenlace trágico, aunque en su caso sería más apropiado decir tragicómico.

Hay gestos que obligan. Cuando uno comparece ante las masas blandiendo la espada de Simón Bolívar y vocifera que está dispuesto a sacrificarlo todo por la Patria, no debe dejarse atrapar luego como un ratón en una jaula de alambre.

Pero Maduro es un ex tirano sui géneris: baila salsa, se comunica con el espíritu de Chávez por medio de los pajaritos y no sabe cómo orientarse entre los cinco puntos cardinales de la brújula. Su personaje ha elevado el ridículo político a los límites de lo sublime.

El gobierno de Trump le ofreció la posibilidad de dejar el cargo mediante una negociación razonable. Se ignora qué garantías se manejaron en el toma y daca diplomático, pero, en cualquier caso, Maduro rechazó la oferta y prefirió, como dijo Marco Rubio, "hacerse el duro" y atrincherarse en su bunker de Caracas. Nunca se sabrá si lo hizo motu proprio o si cumplía instrucciones de La Habana.

De allí lo extrajo la Delta Force del ejército estadounidense, sin que hasta ahora nadie haya revelado el saldo real de víctimas de la operación. Se supone que varios de los miembros de su guardia pretoriana, formada esencialmente por agentes cubanos, perecieron en la refriega. El gobierno de Díaz-Canel asegura que fueron 32 los caídos. Una cifra nada desdeñable para una escolta cuya existencia se había negado hasta ayer. Seguramente el diario Granma publicará pronto sus fotos y el relato de su heroica muerte en combate ante las tropas imperialistas, que, inexplicablemente, apenas tuvieron dos heridos.

Al llegar a Nueva York, horas después, Maduro apareció en la televisión de medio mundo, con chanclas de invierno y una extraña coroza en la cabeza, deseando Happy New Year a sus captores en un inglés bastante mejorado. Como si a bordo del Iwo Jima le hubieran dado un cursillo intensivo de pronunciación.

Cabe pensar que, al igual que ocurrió con Noriega, le esperan largos años de cárcel en una prisión estadounidense, que suelen ser lugares fríos, inhóspitos y violentos. Allí tendrá mucho tiempo libre para practicar su afición a los bailes tropicales y, con suerte, podrá estudiar más inglés. Cuando extinga la condena —si llega a cumplirla— podrá ensayar un nuevo pasillo de salsa o de merengue ante las cámaras y pronunciar un discurso perfecto en la lengua de Shakespeare.

Como reza el refrán castellano, sabiamente modificado en dialecto caribeño: El que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos.

Capítulo aparte merece el debate entre la soberanía nacional, que Estados Unidos evidentemente ha vulnerado al secuestrar manu militari a la pareja Maduro-Flores, y la soberanía personal y las libertades de los venezolanos, que durante un cuarto de siglo el chavismo ha machacado sin descanso. ¿Debe respetarse la autodeterminación del Estado cuando ésta sirve de coartada para violar los derechos humanos y oprimir a la población? ¿Los pueblos deben resignarse a presentar informes y quejas a los organismos internacionales, cuya inoperancia resulta evidente?

Queda en el aire la inquietud por el porvenir de Venezuela. Estados Unidos ha ganado la guerra relámpago del sábado, pero se arriesga a perder la paz. Si la oposición no se lanza pronto a la conquista del poder y barre a la cúpula dirigente, Washington podría entenderse con el entorno de Maduro —con los fieles y con quienes lo traicionaron— para remendar el sistema y usar en su beneficio el armazón constitucional vigente. Eso dejaría instalada una dictablanda que replicaría el modelo de gobierno fraudulento implantado por Chávez: democracia formal para encubrir la tiranía real. Un desenlace así sería lo peor que podría ocurrirle a ese bravo pueblo, que merece toda la gloria por haber defendido su libertad con tanto denuedo.    

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12 comentarios

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Hay que averiguar si a Masburro tuvieron que limpiarlo antes de ponerle el chándal gris en el Iwo Jima. Un gordo echando guapería como este debió pegarse un tiro antes de dejarse agarrar, pero lo cogieron corriendo a esconderse como una rata, todos son iguales, más desprestigiado no hay.

A ver si se acuerdan cuando la dictadura envió a un grupo de Cubanos a construir una pista de aterrizaje en Barbados, que los Rusos podían utilizar como punta de lanza contra los Americanos; los Marines desembarcaron y le dijeron a los Cubanos que no ofrecieran resistencia que la cosa no era contra ellos, pero se pusieron con la guapería barata y los barrieron. Los que quedaron vivos los amarraron de pies y manos y después los devolvieron. Aquí salió el famoso coronel Tortoló, jefe de la “resistencia” que quemó el tennis escondiéndose en la embajada Rusa. La radio de La Habana transmitió el mensaje de que
“Los Cubanos habían perdido la vida haciéndole frente a los Americanos arropados con la bandera Cubana” La mentira más descarada que pudieron inventar.

Profile picture for user Amadeus

Exilio ——— No se preocupe que un lapsus lo tiene cualquiera es de humano. Pero los pedantes en este foro abundan.

Aprenda Geografía,en Barbados fue donde cayó el avión atribuido por la dictadura a Posada Carriles.En Granada fue donde se estaba construyendo el aeropuerto.Ambos lugares en el Caribe,pero diferentes.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Granada, no Barbados. Por supuesto nos acordamos.

Sr. Proscopito, muchas gracias por su aclaración, me equivoqué, yo había olvidado el nombre de la isla. Un abrazo.

Profile picture for user JCAleman

Todas estas hienas, desde el Che hasta Maduro, pasando por Noriega, Ceausescu, Sadam Hussein, Gaddafi y Bashar al-Assad entre otros que blandieron espadas, machetes o AKs, gritaron improperios a los yanquis y se creyeron intocables, para luego huir o ser aniquilados sin ninguna resistencia heroica.

El Narco en Jefe era igual de rata en la Sierra Maestra, solo que después los yanquis no le dieron la oportunidad de volver a demostrarlo, y tampoco a su hermano y al títere designado.

Toda la operacion yankee ha servido para dejar encueros a las gloriosas FAR y Minint cubanos. Un Delta Team de menos de 50 hombres (no se sabe cuantos eran) liquido a la tropa elite del Castrismo.
Jajaja, y luego decian que Fidel (el maligno) tenia una escolta infalible. Con un jefe de escolta panzon y fuera de forma, que resistencia podian hacerle a un comando bien entrenado.
Espero que los militares venezolanos tomen nota y tengan algo de decoro y dignidad y no se dejen avasallar mas por los Castro.

Profile picture for user Ana J. Faya

Buen artículo.

Profile picture for user Mascara Negra

El que escribió este artículo se olvidó de que además de bailar, cantar y hablar inglés, Maduro apareció con un tocado de plumas y flechas. Que papelazo!

Bueno, Chávez fue electo por los venezolanos,no porque triunfó en su fallido golpe de estado.Sus líderes opositores como aquellos que gritaban en la asamblea nacional,la gran mayoría se vendió y huyó con maletas de dinero dejando a su pueblo debajo de las tanquetas y en los calabozos del SEBIN.En cuanto al defensa de soberanía ese pueblo tan "arrecho" dejo desde el primer vd

día desde que Cuba le dominara sus mandos militares, inteligencia, sistema de identificación y le chupara petróleo, dólares durante 26 años.Los " chavistas" en poder ahora le servirán de administración a USA son pena de perder sus privilegios.Pero creo que es mejor estar bajo la bota yanqui que en cuatro patas denlante de los cubanos como hasta ahora .

Profile picture for user Plutarco Cuero

Pues hay que ver como Labana desenclocha ... porque ese cloche no furula ...