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Venezuela

Perfil de Nicolás Maduro: El ascenso, auge y caída del poder del heredero de Chávez

En Cuba, el ya exdictador venezolano absorbió principios marxista-leninistas que moldearían su visión del mundo. Hoy enfrenta cargos que incluyen conspiración narcoterrorista.

Caracas
Nicolas Maduro de joven.
Nicolas Maduro de joven. Últimas Noticias

Nicolás Maduro Moros, capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 en una operación militar en Caracas, representa el epítome de un hombre que transitó de las bases sindicales a la cúspide del poder, solo para tener una estrepitosa caída gracias a la corrupción, la represión y el aislamiento internacional.

Nacido el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, en una familia de clase trabajadora con raíces en el activismo de izquierda, Maduro emergió como una figura improbable en la política venezolana. Su trayectoria, marcada por una formación ideológica en Cuba, una lealtad inquebrantable a Hugo Chávez y una gestión económica catastrófica, ilustra cómo el chavismo, inicialmente un movimiento de inclusión social, devino en un régimen autoritario que devastó la economía más rica en petróleo de la región.

El surgimiento de Maduro como referente político se remonta a sus años formativos en la década de 1980, cuando, tras abandonar sus estudios secundarios sin completar una educación universitaria formal, viajó a Cuba para recibir instrucción ideológica en escuelas de cuadros políticos del Partido Comunista de la Isla. Militaba entonces en la pequeña organización de izquierdas Liga Socialista, fundada por Jorge Rodríguez, padre de los actuales vicepresidenta, Delcy Rodríguez, y de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.

En La Habana, absorbió principios marxista-leninistas que moldearían su visión del mundo, convirtiéndolo en un defensor acérrimo del antiimperialismo y la integración latinoamericana bajo un prisma socialista, de inspiración netamente castristas.

Esta etapa en la escuela Ñico López, no solo le proporcionó herramientas para el activismo, sino que forjó vínculos duraderos con el régimen de Fidel y Raúl Castro, los cuales serían pivotales en su carrera posterior. 

Su perfil de "hombre del pueblo", enfatizado en sus discursos, contrastaba con la élite política tradicional, pero ya en los 1990 las agencias de inteligencia venezolanas lo identificaban como un radical con lazos estrechos con Cuba, un factor que, en retrospectiva, prefiguraba su dependencia de La Habana.

La vinculación de Maduro con Hugo Chávez se consolidó en 1992, tras el fallido golpe de Estado liderado por el entonces teniente coronel contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. Chávez, detenido y encarcelado, se convirtió en un símbolo de resistencia para la izquierda venezolana. Maduro, junto a otros activistas, participó en campañas por su liberación, visitándolo en prisión y actuando como un guardaespaldas informal.

Fue en este contexto donde conoció a Cilia Flores, una abogada laboral y penal que defendía a Chávez y a otros militares implicados en la intentona golpista. Flores, nacida en 1956 y madre de tres hijos de un matrimonio anterior, se convirtió en su pareja sentimental en los años 90, aunque no se casaron hasta 2013, cuando Maduro ya era presidente. 

Flores, apodada "la primera combatiente" en la jerga chavista, no era una típica primera dama, ya que ocupó roles clave como presidenta de la Asamblea Nacional (2006-2011) y procuradora general, consolidando un dúo de poder.

El ascenso de Maduro al poder ejecutivo se aceleró con la elección de Chávez en 1998. Electo diputado por el Movimiento V República (precursor del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV), Maduro escaló rápidamente: en 2000 ingresó a la Asamblea Nacional, en 2005 fue su presidente y, en 2006, Chávez lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó hasta 2013.

Esta permanencia como canciller de Chávez fue excepcional en un gobierno donde "el comandante" rotaba frecuentemente a sus colaboradores para evitar acumulaciones de poder. Como canciller, Maduro fue el artífice de la "diplomacia bolivariana", promoviendo alianzas con Cuba, Rusia, China e Irán, y fortaleciendo bloques como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

El boom petrolero de la década de 2000, con precios del barril superando los 100 dólares, financió estas iniciativas: Venezuela subsidió combustible a aliados caribeños a través de Petrocaribe, impulsó la integración energética y desafió la influencia estadounidense en la región. Fue un mecanismo hecho para beneficiar a Cuba, según analistas.

La cercanía de Maduro con Chávez se intensificó durante la enfermedad terminal del líder, diagnosticado con cáncer en junio de 2011. Maduro acompañó a Chávez en sus tratamientos en Cuba, actuando como enlace confidencial y consolidando su posición como delfín. En diciembre de 2012, ante su inminente muerte, Chávez designó públicamente a Maduro como su sucesor, instando a los venezolanos a elegirlo si no podía asumir su nuevo mandato.

Ungido por el comandante, en lo que sería su última aparición pública, en donde se impuso sobre Diosdado Cabello, esto marcó el pico del auge de Maduro: tras la muerte de Chávez en marzo de 2013, asumió la presidencia interina (aunque en la práctica actuaba como presidente de facto mientras Chávez estuvo convaleciente) y ganó las elecciones de abril con un margen estrecho (50,6% frente al 49,1% de Henrique Capriles).

Las elecciones de 2013 fueron controvertidas: la oposición denunció irregularidades, como proselitismo de funcionarios y desequilibrio mediático, aunque sin pruebas masivas de fraude. En 2024, la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló que se violaron derechos a la libertad de expresión y igualdad, confirmando un sesgo institucional que favoreció al chavismo.

Similarmente, las elecciones de 2018, boicoteadas por la oposición mayoritaria, fueron rechazadas por Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos como no libres, con acusaciones de manipulación y represión.

El auge de Maduro, sostenido por el legado chavista y el control de instituciones, comenzó a erosionarse con la caída de los precios del petróleo en 2014, desencadenando hiperinflación, escasez y migración masiva (más de 8 millones de venezolanos huyeron entre 2015 y 2025). Su gestión, caracterizada por controles económicos fallidos y corrupción rampante, profundizó la crisis humanitaria.

La deriva autoritaria se acentuó: en 2017, tras el voto popular mayoritario a favor de la oposición en la Asamblea Nacional de 2015, creó una Asamblea Constituyente leal; reprimió protestas con miles de detenciones y muertes, documentadas por la ONU como violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Sin embargo, siguió en el poder y sobrevivió a la política de máxima presión que le impuso el primer Gobierno de Donald Trump. El inicio de su caída política se aceleró a partir de julio de 2024, con las elecciones presidenciales marcadas por fraude y represión feroz. Maduro, inhabilitando a la opositora María Corina Machado y obstaculizando el registro de votantes, proclamó victoria sin actas verificables, pese a que la oposición, con 80% de las mesas escrutadas, afirmaba el triunfo de Edmundo González Urrutia.

Las protestas subsiguientes dejaron 28 muertos, 2.400 detenidos y denuncias de torturas, en lo que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no dudó en catalogar de "terrorismo de Estado". Mientras que aliados como Brasil y Colombia exigieron transparencia en mostrar los resultados verificables, y su negativa terminó por aislarle aún más.

En enero de 2025, ante la reelección de Donald Trump, Maduro intentó un acercamiento pragmático, apostando por un "nuevo comienzo" en las relaciones bilaterales. Propuso diálogos para aliviar sanciones, pero la estocada de la Casa Blanca vino en agosto, cuando Estados Unidos designó al Cartel de los Soles, supuestamente liderado por Maduro, como organización narcoterrorista extranjera, acusándolo de traficar cocaína en alianza con el Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa.

La tensión fue creciente. Desde agosto de 2025, Washington inició un despliegue naval inédito en el sur del Caribe, con buques, submarinos y aviones, oficialmente contra el narcotráfico, pero interpretado como presión contra Maduro. El chavismo pasó por varias etapas, incluso llegó a burlarse de la presión de la Casa Blanca, bajo la premisa de que Trump nunca daría la orden de actuar dentro de territorio venezolano, por los costos que esto tendría.

La última oportunidad de Maduro de evitar la cárcel fue una conversación telefónica con Trump el 21 de noviembre de 2025, calificada por él como "cordial" pero sin avances. Trump, en diciembre, confirmó la llamada, exigiendo que Maduro se marchara voluntariamente o debía enfrentar la fuerza de EEUU.

La caída definitiva culminó el 3 de enero de 2026, con los ataques a instalaciones militares en Caracas y la captura de Maduro y Flores. Horas después no solo confirmó la Casa Blanca que la pareja presidencial, ese duo de poder de larga data, sería presentado ante un juez, sino que Trump anunció que su gobierno "manejaría" a Venezuela hasta que se alcance una transición democrática.

Los cargos contra Nicolás Maduro, Cilia Flores y Nicolás Maduro Guerra en Estados Unidos incluyen conspiración narcoterrorista, importación de cocaína, posesión de armas destructivas y lavado de dinero

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MADURO, EL EXDICTADOR CHANCLETERO.😀😃😄