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Brasil

¿Ego o falta de herederos? La decisión de Lula de buscar la reelección aviva la polémica en Brasil

Según encuestas, el 56% de los brasileños cree que el presidente no debería postularse nuevamente, lo que refleja la fatiga ante su figura.

Brasilia
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en Malasia.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en Malasia. Lula/X

Dos veces presidente entre 2003 y 2010, Luiz Inácio Lula da Silva regresó al poder en enero de 2023 y ahora, justo cuando cumplió 80 años, ha anunciado su intención de buscar un cuarto período presidencial, lo cual revela, más que su ego personal, la ausencia de una generación de relevo en el Partido de los Trabajadores (PT) que garantice la continuidad de la izquierda en el poder.

"El PT depende de Lula da Silva como un salvavidas en un mar de desconfianza ciudadana", reaccionó el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de São Paulo, André Singer, en Folha de São Paulo, apenas se conoció el anuncio del presidente. Y allí reside el drama que envuelve a esta figura simbólica de la izquierda brasileña y latinoamericana, sus eventuales sucesores quedaron atrapados en los diversos escándalos de corrupción que rodearon al partido de origen sindical, que Lula da Silva fundó en los 1980, apenas llegó a su fin la dictadura.

Sobre el propio Lula da Silva pesaban varios casos de corrupción que quedaron cerrados por el máximo tribunal de Justicia, por problemas de procedimiento que incluyeron abuso de poder del entonces juez Sergio Moro, sin que se llegara a establecer la inocencia del presidente. La Justicia los dio por cerrados y, al pasar la página, devolvió a la arena política a este otrora líder sindical que ha competido por la presidencia en siete elecciones diferentes.

Lula da Silva confirmó desde Yakarta el 23 de octubre, a escasos días de su cumpleaños 80 (este 27 de octubre), su intención de disputar un cuarto mandato presidencial en las elecciones de octubre de 2026. El mandatario ha realizado una visita de Estado a Indonesia, previo a una importante cumbre internacional.

"Voy a completar 80 años, pero pueden estar seguros de que tengo la misma energía que cuando tenía 30. Y voy a disputar un cuarto mandato en Brasil", dijo desde la capital de Indonesia, en donde participa en la concurrida cumbre de gobernantes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Allí ha coincidido con el presidente estadounidense, Donald Trump.

En el seno del PT no se visualiza un heredero natural que galvanice al electorado de izquierda, por lo tanto, en el partido se ve la reelección del expresidente como la única garantía de supervivencia electoral.

La confirmación de Lula da Silva de que buscará un cuarto período, se produce en medio de un modesto repunte en su aprobación, según encuestas recientes que reflejan un 2025 de altibajos para su gobierno. En septiembre, el instituto Datafolha registró una evaluación positiva del 33%, el mejor índice desde el inicio del año para la imagen presidencial.

Sin embargo, el rechazo sigue alto: el 38% califica el Gobierno como "malo o terrible", y entre evangélicos y jóvenes, la desaprobación roza el 72%, según la firma AtlasIntel en estudio encargado por la agencia Bloomberg, este mes de octubre.

De acuerdo con Folha de São Paulo, el punto de arranque de Lula da Silva en pos de la reelección es una jugada políticamente arriesgada. Un estudio de opinión pública, con trabajo de campo previo al anuncio desde Indonesia, muestra que el 56% de los brasileños cree que Lula da Silva no debería postularse nuevamente, reflejando fatiga con su figura tras dos décadas en el centro del poder.

El fantasma que acecha al PT, y que lo hace depender casi que exclusivamente de la figura del octogenario mandatario, no se entiende sin el contexto de los escándalos que han salpicado al Partido de los Trabajadores en las últimas dos décadas.

Desde el Mensalão en 2005, que involucró compra de votos en el Congreso durante su primer mandato, hasta la Operación Lava Jato, que llevó a prisión a altos cargos partidistas y gubernamentales, incluyendo al propio Lula da Silva en 2018, por corrupción y lavado de dinero (condena anulada en 2021), el partido ha luchado por limpiar su imagen.

En este 2025, nuevos ecos de corrupción emergen: investigaciones sobre desvíos en el Ministerio de Educación y presuntas irregularidades en contratos de Petrobras han revivido el debate sobre la "lulodependencia" ética. Para observadores, estos "fantasmas" que persiguen al PT contribuyen a un rechazo ciudadano del 51% en septiembre, según Quaest, especialmente entre clases medias que recuerdan además el impeachment que desalojó de la presidencia a Dilma Rousseff en 2016, siendo esta una ahijada política del tres veces presidente.

El anuncio de Lula da Silva de que buscará la reelección ha generado críticas de analistas que ven en esta noticia un síntoma de debilidad partidaria más que de fortaleza personal.

El profesor Eduardo Grin, de la Fundación Getúlio Vargas, citado por BBC Brasil, argumenta que "esta decisión habla de un ego desbordante: Lula, a sus 80 años, se presenta como indispensable, ignorando que el PT necesita un relevo para sobrevivir más allá de 2030", cuando concluya ese cuarto mandato, en caso de ser reelegido en 2026.

Por su parte, la politóloga Maria do Socorro Sousa Braga, de la Universidad Federal de São Carlos, critica que "la ausencia de relevo en el PT es el verdadero motor de esta candidatura. Tras Lava Jato y el Mensalão, el partido no ha formado líderes creíbles; Lula es el 'tapón' que evita el colapso, pero su ego lo ciega a la necesidad de democratizar el poder".

"En 2026, esto podría costarles caro si la economía no despega, ya que el 50% de los votantes ve en él un símbolo de corrupción pasada", sostiene esta académica. Y sí, la gran apuesta de la reelección de Lula da Silva pasa por que ocurra un subidón económico en 2026 que le permita al país conectarse con los recuerdos de un gobierno de bonanza económica, como en el período 2003-2010.

Finalmente, en la acera política opuesta está otro expresidente que quiere estar en la carrera presidencial pero que se da por descartado de que no podrá, se trata de Jair Bolsonaro. Observadores temen que su negativa a traspasar el mando, su decisión de no abrirse a un relevo en la conducción, también podría hacer naufragar su proyecto político.

Bolsonaro, quien fue condenado a 27 años por intento de golpe tras perder las elecciones ante Lula da Silva en 2022, es además inelegible hasta 2030 por otra decisión del Tribunal Supremo Electoral.

El exmandatario, quien está en prisión domiciliaria desde agosto, se declaró "precandidato", pero expertos descartan la viabilidad legal. "Bolsonaro podrá registrar su candidatura hasta agosto de 2026, pero será impugnada inmediatamente", explicó el jurista Carlos Dantas al diario carioca O'Globo.

Bolsonaro, pese a su inelegibilidad, mantendrá influencia como "padrino político", según encuestas, pero no termina de tomar una decisión. "Su respaldo será clave, pero fragmentado: el 67% de los brasileños cree que debería apoyar a otro", según Datafolha.

Lo que sí es cierto es que el anuncio de Lula da Sila, a un año de los comicios, es el pistoletazo de arrancada para lo que será una carrera presidencial que se pronostica reñida y polarizante en el gigantesco país sudamericano, cuya economía es la octava del mundo.

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11 comentarios

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Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Si los brasileños son tan comemierdas de volver a votar a este camaján Fula Da Silva merecen todo lo que les pase.

BOLSONARO PARA PRESIDENTE.

Calamar da Silva se ha enviciado con el poder y no quiere dejarlo. Bueno, el tiene a su favor la capillita que lo sacó de la cárcel donde cumplía por amigo de lo ajeno y lo hizo presi.

Quiere imitar a Trump que con casi 80 años gana elecciones.

Esta decisión del muy corrupto Lula expresa la decadencia del PT, o quizás el ocaso de dicho partido electoralmente. Es muy difícil que Lula sea reelegido. Y no se ve por ahora la posibilidad de que el PT pueda reinventarse exitosamente.

Coincido 100% con usted Sr Álvarez.

A quien le extrana? Lula deberia estar preso pero se encargaron de liberarlo para acabar con Bolsonaro.
Asi actua la izquierda. Se disfraza de democracia cuando en realidad son unos ladrones que jamas han respetado el estado de derecho.

Todos los ñangaras son la misma myelda se creen unicos y e irremplazable. La realidad es que su sistema colapsa fuera de sus figura.
Todos envidian al kagandante que se erigio como "reyesito medieval" (ahi esta el caso su heredera la china pamela no ha podido contener la autodestruccion de su roboilusion.

Profile picture for user Ana J. Faya

Estos políticos que retozan con objetivos sociales de las llamadas izquierdas tienden a afianzarse en el poder por cualquier razón. Son antidemocráticos y terminan ignorando a los mismos que ayudaron a que salieran electos. Para muestra, Maduro, Ortega y, por supuesto, los Castro.

Más bien falta de vergüenza.

Profile picture for user JCAleman

El sindicalero socialista, vago, corrupto y millonario, valga la redundancia, está tratando de evitar que no lo devuelvan a la cárcel una vez que haya salido del poder, confiando que el (anti)progresista pueblo brasileño lo volverá a elegir.