El cierre de 2026 en Venezuela ha dado un giro significativo, tras el regreso a Venezuela de la líder opositora María Corina Machado. Después de 27 meses sin poder reunirse en un auditorio en Caracas con periodistas libremente, la Premio Nobel de la Paz 2025 ofreció este 29 de octubre su primera conferencia de prensa libre y en persona en un concurrido acto en la Universidad Católica Andrés Bello, de la cual es egresada.
Tras largos meses de clandestinidad, después de las elecciones presidenciales de 2024 y tras estar impedida de regresar a Venezuela una vez que concurrió a Oslo a la premiación del Nobel de la Paz, Machado se ha presentado en Caracas. Periodistas y observadores destacaron que habló con la contención y la puesta en escena de quien aspira a proyectar una figura de estadista, no de militante de confrontación permanente.
La dirigente reiteró con claridad su demanda central: elecciones presidenciales en 2027. Sin embargo, el tono y la precisión del mensaje registraron un matiz notable respecto a declaraciones anteriores. "El secretario de Estado Marco Rubio ha planteado una secuencia de hechos a los efectos de avanzar hacia una transición democrática que deja claro la realización de unas elecciones presidenciales en el 2027", dijo. La transición, insistió, es "irreversible" y será "organizada y pacífica".
En semanas previas, desde el exterior, Machado había insistido en una fecha concreta: el 24 de julio de 2027, aniversario del natalicio de Simón Bolívar. Tras su arribo a Caracas el domingo 25 de octubre, después de siete intentos fallidos y un recorrido terrestre desde la frontera, y una vez procesado el mensaje del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, la formulación se volvió más general, pero inequívoca: elecciones libres en 2027.
Para analistas, este ajuste no es un asunto menor. Refleja una lectura atenta del plan de tres fases que Washington ha delineado desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026: estabilización, reconstrucción institucional y convocatoria electoral. Machado agradeció explícitamente a Donald Trump y a Rubio por haber "abierto esta compuerta a la libertad". Al mismo tiempo, evitó fijar un día del calendario, lo que analistas interpretan como un gesto de realismo político y de alineamiento con las condiciones que Estados Unidos considera necesarias para una elección creíble.
Uno de los puntos más sensibles de la conferencia fue su relación con la mesa de diálogo que el chavismo mantiene con un sector de la oposición, encabezada por la expresidenta de la Asamblea Nacional de 2015, Dinorah Figuera. Este espacio, impulsado y respaldado por Estados Unidos, ha avanzado en rondas técnicas sobre garantías, justicia y activos en el exterior. Machado fue tajante: "Nosotros no estamos formando parte de esta mesa". Añadió de inmediato que "no solamente no obstaculizamos, sino que estamos muy interesadas en que tenga éxito y que cumpla su cometido".
La fórmula es calculada. No se suma a un foro que, a ojos de su base, ha sido criticado por su composición limitada, pero tampoco lo desautoriza. Presionará desde afuera. Al mismo tiempo, su equipo y ella misma han reiterado en las últimas semanas la disposición a dialogar directamente con la presidenta interina Delcy Rodríguez, siempre con agenda pública y transparencia.
Varios observadores señalan que esta apertura constituye una condición explícita o implícita de Washington para que el proceso avance sin fracturas mayores. María Corina Machado lo manejó con cautela: negó haber recibido mensajes directos de Estados Unidos y de Delcy Rodríguez, pero dejó la puerta abierta a conversaciones que aceleren la transición. Esto ha sido saludado por diplomáticos acreditados en Caracas.
Desde su llegada, Machado se ha reunido con familiares de presos políticos y con líderes de partidos opositores que no forman parte de la delegación de Figuera. No ha sostenido encuentros con quienes integran esa mesa. La distinción es deliberada. Refuerza su rol como referente amplio de la oposición que lidera las encuestas, mientras mantiene distancia operativa del diálogo formal en curso.
Según anunció su equipo, en las próximas semanas María Corina Machado recorrerá el país. Observadores estiman que el objetivo principal será reconstruir y fortalecer las estructuras de Vente Venezuela, su partido, que hasta ahora no ha podido legalizarse. La legalización del movimiento político opositor, junto con el levantamiento de la inhabilitación que pesa sobre Machado desde hace años, se perfila como una de las pruebas de fuego más visibles para la mesa de diálogo.
Si el proceso avanza, estos pasos deberán materializarse antes de cualquier convocatoria electoral creíble. De lo contrario, la legitimidad del cronograma quedará cuestionada tanto dentro como fuera de Venezuela.
Estados Unidos ha adelantado una secuencia concreta. Antes de que concluya 2026 debe estar conformado un nuevo Tribunal Supremo de Justicia. El Comité de Postulaciones Judiciales ya abrió el proceso de candidaturas; la meta de Washington es que el nuevo TSJ, integrado en gran medida por juristas y académicos, quede instalado hacia mediados de diciembre.
En el primer trimestre de 2027 debería constituirse una directiva de carácter técnico al frente del Consejo Nacional Electoral, despojada de la facultad de inhabilitar partidos o candidatos.
Expertos independientes en materia electoral coinciden en que, una vez nombrada la directiva del CNE, organizar unas elecciones en Venezuela requeriría un periodo de entre seis y nueve meses. Esto incluye la actualización del registro electoral, la logística de centros de votación, la campaña y las garantías de observación.
Por tanto, si las reformas se cumplen en los plazos anunciados y se declara la vacancia presidencial (según Rubio este asunto ha sido ya negociado con Delcy Rodríguez), las elecciones, de pactarse, apuntarían hacia finales de 2027. El horizonte de julio que Machado había defendido con anterioridad se diluye en favor de un calendario más realista y alineado con la reconstrucción institucional.
Delcy Rodríguez, por su parte, ha afirmado que "habrá elecciones, todas las que manda nuestra Constitución", organizadas por una autoridad electoral renovada y "con el mundo como testigo", pero sin precisar fecha.
Activistas políticos y analistas advierten que el chavismo jugará a desgastar la figura de María Corina Machado. La estrategia clásica de dilación, judicialización residual, control de medios y erosión de expectativas seguirá vigente. Sin embargo, las encuestas que circulan en el país la colocan consistentemente a la cabeza.
Si las elecciones se celebraran este domingo, la mayoría de los sondeos indica que Machado saldría electa de forma amplia. Esa realidad electoral es el activo más sólido que posee y, al mismo tiempo, el motivo por el cual el chavismo y sectores afines (la llamada oposición leal al poder actual) preferirán alargar los plazos tanto como sea posible dentro del marco que Estados Unidos acepta.
María Corina Machado sostuvo en su alma mater que ha regresado a terminar una tarea. El país, y los actores internacionales que acompañan el proceso, observarán si la secuencia de pasos que Marco Rubio ha delineado logra traducirse en instituciones renovadas y en una fecha electoral que, aunque ya no sea el 24 de julio, ocurra efectivamente en 2027.