Mientras estuvo impedida de regresar, María Corina Machado presenció a la distancia varios giros inesperados en Venezuela. Desde el pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, la vicepresidenta de este —Delcy Rodríguez— pasó a ser mandataria interina y, de forma inesperada, la relación con Washington pasó de la confrontación a acuerdos petroleros y mineros.
Para analistas como Benigno Alarcón, fundador y exdirector del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica, en la historia política de este 2026 en Venezuela tan importante como el 3 de enero, cuando fue capturado Maduro, está este 25 de octubre, cuando la Premio Nobel de la Paz finalmente ha podido regresar a territorio venezolano, tras siete intentos fallidos según su propia denuncia.
Este domingo, sin aviso previo, María Corina Machado reapareció en territorio venezolano tras casi diez meses fuera del país. Anunció su llegada con un mensaje breve en redes: "Estoy aquí. Con ustedes". Horas después, su primera aparición pública fue en la Iglesia de Santa Rosa de Barquisimeto, en el estado Lara, dándole una simbología religiosa a su reaparición en Venezuela.
Fuentes de Reuters y otros medios indicaron que esta vez viajó en avión privado desde Panamá hasta Colombia y cruzó por tierra. Según reportes, el retorno contó con conocimiento de gobiernos de Estados Unidos, Panamá y Colombia, y advertencias de Washington a las autoridades venezolanas para no interferir. El secretario de Estado Marco Rubio lo enmarcó como resultado de las conversaciones de reconciliación apoyadas por Washington. El propio Donald Trump se limitó a señalar que esperaba que estuviera a salvo.
El recibimiento masivo que ha tenido Machado no fue solo simbólico. José Manuel Puente, economista y profesor del IESA en Caracas, resumió las implicaciones inmediatas: reaviva la movilización de calle y la esperanza ciudadana; acelera la presión interna para una transición democrática; desafía la gobernabilidad del chavismo desde el territorio; y prepara el terreno para el anunciado retorno de Edmundo González Urrutia.
El otrora candidato en las elecciones de 2024, cuando el chavismo inhabilitó a Machado, anunció que próximamente vendrá a Venezuela desde su exilio forzado en España.
Para observadores, la caravana multitudinaria que se formó en la medida en que pasaban las horas y se corría la voz del regreso de María Corina Machado, mostró que la capacidad de convocatoria de Machado sigue intacta, especialmente entre jóvenes y en regiones donde el malestar por servicios públicos, ingresos y costo de vida es alto.
Ricardo Ríos, politólogo y presidente de la firma encuestadora Poder y Estrategia, calificó el hecho de "muy relevante". Destacó el liderazgo de Machado —que supera el 60% de valoración favorable en encuestas—, su potencial de movilización y el profundo descontento social. En un contexto de aumento de protestas (algunos registros apuntan a un incremento significativo en 2026 respecto al año anterior), su presencia en el país eleva el costo de cualquier intento de contención represiva.
Según Benigno Alarcón, "Machado se convierte en un catalizador de un proceso que el Gobierno de Delcy Rodríguez solo podría frenar con represión", señaló. Esa represión, añadió, requeriría aval de Estados Unidos, algo difícil de justificar en vísperas de las elecciones de medio término estadounidenses y con la mirada puesta en el voto venezolano en Florida.
Alarcón subrayó que María Corina Machado tiene la legitimidad y la responsabilidad de liderar la transición, y que su presencia en el territorio convierte demandas abstractas en presión concreta.
Carmen Beatriz Fernández, especialista en Comunicación Pública y profesora de la Universidad de Navarra (España), anticipa la estrategia probable: "El juego de Delcy Rodríguez será ralentizar todo y apostar al desgaste de María Corina, en el entendido de que no está en campaña, no puede estar todo el tiempo de giras y no hay fechas todavía de unas elecciones".
Para Fernández, el regreso acelera los tiempos de la transición y multiplica las demandas ciudadanas por un cronograma electoral, pero sin fechas fijas ni campaña formal, la presión de calle puede diluirse si no se traduce en avances institucionales, cuyo grifo administra el chavismo bajo presión de Estados Unidos, como quedó en evidencia por unas respuestas a la prensa este lunes del secretario de Estado, Marco Rubio.
Mariano de Alba, abogado y analista de Relaciones Internacionales, apunta a un acuerdo a tres partes (Estados Unidos, Gobierno de Rodríguez y María Corina Machado). Rubio dejó claro que espera que Machado apoye las conversaciones como la mejor oportunidad en décadas de lograr pacíficamente una elección libre y una democracia duradera. El chavismo, a juicio de este experto, apuesta al desgaste de la Premio Nobel por la falta de cristalización inmediata de un calendario electoral.
A su vez, la presencia y la libertad de movimiento de María Corina Machado en territorio venezolano le genera incomodidad a Delcy Rodríguez, que no controla del todo a las facciones más radicales.
En un comunicado difundido ayer desde Washington se marcó la hoja de ruta de lo que espera el Gobierno de Estados Unidos del proceso de diálogo entre chavismo y una facción opositora, vinculada a la gestión de la Asamblea Nacional de 2015.
Esto sería: un nuevo Tribunal Supremo de Justicia antes de que termine el año; un nuevo Consejo Nacional Electoral poco después; declarar la vacante permanente en la Presidencia por parte de Delcy Rodríguez para activar el ciclo de seis meses hacia elecciones; y que esos comicios se celebren bajo un CNE apolítico y un TSJ que no anule resultados por politización.
Se podría estar hablando de fines de 2027 o inicios de 2028. María Corina Machado y sus seguidores, así como algunos congresistas estadounidenses, abrazan la tesis de que las elecciones se celebren el 24 de julio de 2027, cuando se conmemora el natalicio de Simón Bolívar. El regreso de Machado no garantiza ese resultado, deberá construir capacidad de presionar tanto a la Casa Blanca como al Palacio de Miraflores, advierten analistas.
Por otro lado, la llegada de María Corina Machado reintroduce la variable de la legitimidad popular en una transición incipiente y ralentizada, que hasta ahora se había negociado principalmente entre elites y bajo tutela externa. Las multitudes que la recibieron en su regreso demuestran que la demanda de elecciones y de cambio no ha desaparecido.
Al mismo tiempo, Delcy Rodríguez mantiene el discurso de "convivencia pacífica" y de estructuras abiertas, mientras el aparato represivo y mediático oficial permanece operativo y los acuerdos petroleros con Washington avanzan.
El desenlace dependerá de si la presión de calle logra traducir el entusiasmo en demandas concretas e irreversibles —calendario electoral, renovación de instituciones, garantías— o si el desgaste por falta de resultados, la fragmentación opositora y la prioridad de estabilidad energética para Estados Unidos terminan diluyendo el impulso y la esperanza que vuelve a respirarse en Venezuela.
Para observadores, la situación política venezolana, que parecía encaminada a una normalización administrada, ha recuperado una dosis de imprevisibilidad y tiene como protagonista de primera fila ahora a María Corina Machado.
Lo más saludable para Venezuela, sería que encuentre una figura que facilite la reconciliación, la reconstrucción y la unificación de los diversos sectores sociales, algo que no van a conseguir ni Delcy ni María Corina con sus proyectos personalistas.
Que los panas venezolanos abran bien los ojos y miren que el cambio real del país requiere de una alternativa presidenciable.
“El regreso de Machado no garantiza ese resultado, deberá construir capacidad de presionar tanto a la Casa Blanca como al Palacio de Miraflores”. Hay que tener gandinga para escribir eso. Todo lo bueno que ha ocurrido en Venezuela desde comienzos del año ha sido gracias a Trump. Y todavía hablan de “presionar a la Casa Blanca”. Es lo mismo que ocurre con los “ilustres análisis” que hacen nuestros patriotas supergusanos sobre Cuba. Se la pasan criticando a Trump y a Marco Rubio, que son los únicos gobernantes de EEUU que han ejercido una presión real para acabar con la dictadura comunista.