Faltan menos de cuatro meses para las elecciones generales del 4 de octubre venidero en Brasil, y con un escenario político polarizado y volátil como muestran los estudios de opinión, el octogenario Luiz Inácio Lula da Silva va en pos de su cuarto mandato presidencial no consecutivo, favorecido por los sondeos.
Lula da Silva, de 80 años ya cumplidos, marcaría un hito en la historia política brasileño si resulta reelecto. Analistas apuntan la condición volátil que tiene la opinión pública y se proyecta, además un balotaje que se realizaría el 25 de octubre. El nuevo periodo presidencial de cuatro años arranca oficialmente el 1 de enero de 2027.
Brasil vive un duelo personalista, como hace cuatro años cuando un Lula da Silva recién excarcelado gracias a fallas procedimentales y acusaciones de parcialidad sobre el juez (sin que llegara a ser exonerado del fondo de las causas de corrupción) se impuso por escaso margen al entonces presidente Jair Bolsonaro, una suerte de némesis para el fundador del izquierdista Partido de los Trabajadores.
En este 2026 el principal adversario de Lula da Silva es el senador conservador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien permanece inelegible hasta 2030 y enfrenta una condena a 27 años de prisión por su presunta participación en un intento de golpe de Estado.
La contienda se reduce por ahora a un duelo entre el lulismo y el bolsonarismo, con escaso espacio para una tercera vía. Como viene ocurriendo en las elecciones en América Latina en este 2026, las opciones del centro político parecen desaparecer en medio de una dura confrontación ideológica y posturas antagónicas.
Apunta el diario O Globo que las encuestas más recientes muestran una ventaja para Lula da Silva, aunque el escenario sigue siendo volátil y depende en gran medida de cómo evolucione la imagen de Flávio Bolsonaro tras recientes escándalos.
Lula da Silva ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010. Regresó al poder en 2023 tras vencer a Bolsonaro y si logra imponerse al hijo de este, gobernaría hasta 2030 y dejaría la Presidencia a los 85 años.
En política estadounidense, a propósito del declive de Joe Biden por su edad avanzada, la revista británica The Economist cuestionó la conveniencia de que un mandatario de esa edad aspire a otro periodo.
Lula da Silva llega a la recta final de su tercer gobierno con una gestión que combina logros en política social (ampliación de programas como Bolsa Família) con dificultades en seguridad pública, inflación y una tensa relación con el Congreso. Su evaluación de gobierno se mantiene estable pero dividida: según la encuesta Genial/Quaest de junio de 2026, un 34% la califica de "buena o excelente", un 26% de "regular" y un 38% de "mala o pésima".
El expresidente Jair Bolsonaro, en tanto, es una suerte de protagonista ausente. En esta ocasión no podrá presentarse. El Tribunal Superior Electoral (TSE) lo declaró inelegible por ocho años en junio de 2023 por abuso de poder político y uso indebido de los medios de comunicación durante la campaña de 2022, al cuestionar al sistema de votación electrónica y denunciar un supuesto fraude.
Además, en septiembre de 2025 el Supremo Tribunal Federal (STF) lo condenó a 27 años y tres meses de prisión por los delitos de organización criminal armada, tentativa de abolición violenta del Estado democrático de derecho, golpe de Estado y otros cargos relacionados con la trama golpista posterior a las elecciones de 2022, que incluyó la toma de la sede de poderes públicos en Brasilia en enero de 2023, a menos de una semana de que Lula da Silva se juramentara como mandatario.
Bolsonaro ha estado en prisión preventiva, arresto domiciliario y trasladado a la cárcel de Papuda (Brasilia), según decisiones judiciales que han variado por motivos de salud. El expresidente, que según las encuestas tendría chance de ganar si pudiese presentarse, designó personalmente a su hijo Flávio como candidato del Partido Liberal (PL) para 2026. La decisión fue ratificada por la dirección del partido y marca una sucesión dinástica dentro del bolsonarismo.
El senador Flávio Bolsonaro, de 44 años, es el rostro visible de la oposición en esta campaña. Elegido en 2018 y reelecto en 2022, representa al ala más radical del bolsonarismo, aunque intenta ampliar su base más allá del núcleo duro. Las encuestas lo ubican como el principal rival de Lula, pero su desempeño muestra altibajos.
La encuesta Genial/Quaest divulgada el 10 de junio de muestra a Lula da Silva imponiéndose con 39% y una diferencia de 10% sobre el hijo del expresidente conservador en las votaciones del 4 de octubre. En el balotaje la diferencia se reduce a seis puntos, pero igual el presidente de izquierdas ganaría.
La reconocida firma brasileña AtlasIntel, que ha tenido una capacidad predictiva importante en varios países de Sudamérica, muestra también una diferencia consolidada a favor de Lula da Silva.
Entre mayo y junio, analistas atribuyen la caída del senador conservador en las encuestas al llamado Caso Vorcaro/Dark Horse. Se trata de un escándalo por audios revelados en los que el senador pide financiamiento al empresario Daniel Vorcaro para una película biográfica sobre su padre. Esto tuvo impacto entre una masa de bolsonaristas críticos de las tramas de corrupción que han envuelto en el pasado a Lula da Silva y su PT.
En Brasil los intentos de construir una alternativa centrista o de derecha moderada no han logrado impactar de forma significativa en la opinión pública, pasando a tener carácter de candidaturas simbólicas, como en los casos de Romeu Zema, gobernador del estado (provincia) de Minas Gerais, y de Ronaldo Caiado, exgobernador de Goiás.
El electorado brasileño sigue profundamente dividido entre los candidatos del PT y el PL, con altos niveles de rechazo mutuo: Lula tiene un 53% de rechazo y Flávio Bolsonaro un 56%. Esta polarización se reflejará también en el Congreso. Las elecciones de 2026 renovarán la Cámara de Diputados y un tercio del Senado.
Brasil se encamina a otra elección de alto voltaje. Lula da Silva busca consolidar su lugar en la historia como el único presidente electo cuatro veces en democracia. Flávio Bolsonaro intenta demostrar que el bolsonarismo puede sobrevivir sin su fundador en la papeleta de los votantes.
Y, aunque a menos de cuatro meses las encuestas muestran una tendencia favorable a Lula da Silva, para los analistas la historia no está escrita aún, pues un evento imprevisto (un nuevo escándalo, la crisis económica o un giro en la campaña) podría alterar la proyección actual.
Y todavia nos quejamos, en Canada gobiernan los Liberals, en Peru los Fujimori siguen dando guerra, en Brasil Lula, en Espana el PSOE sigue encabezando encuestas, no me extranaria que manana el PCC gane unas elecciones. Tengo que darle la razon al desaparecido (de DDC) Weston, el voto universal es una gran basura.