La noticia podría ser que por primera vez el chavismo ha publicado cifras oficiales sobre las remesas, o que el dinero enviado por los migrantes en algún momento tuvo un peso determinante para la vida de millones, o la que resulta más cruel: mientras Nicolás Maduro y otros altos funcionarios denostaban de los venezolanos que huyeron a otros países, la economía encontró un sostén justamente en el envío de dinero desde el exterior que hacen estos hombres y mujeres.
El economista y profesor universitario Hermes Pérez, exfuncionario del Banco Central de Venezuela (BCV), comentó las cifras difundidas este martes por el ente emisor, marcando un punto de inflexión en la política de opacidad oficial durante los años en el Gobierno de Nicolás Maduro (2013-2025).
Las remesas recibidas por Venezuela se elevaron de apenas 11 millones de dólares en 2015 a un promedio anual cercano a los 3.000 millones entre 2018 y 2025, alcanzando picos de 3.631 millones en 2021 y 3.627 millones en 2022. Entre 2015 y 2025, el flujo acumulado superó los 25.000 millones de dólares, equivalentes al 27% de los ingresos petroleros y al 54% de las exportaciones no petroleras del país en ese periodo, en un análisis hecho por el profesor José Manuel Puente de estas cifras oficiales.
Puente, profesor del IESA en Caracas y asociado del IE-Madrid, destacó que las remesas pasaron a ser tan importantes como las exportaciones de crudo o las ventas de otros productos, dentro de la menguada economía venezolana, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) decreció 75% en los años en que Maduro gobernó el país.
Las remesas, cuya dimensión se desconocía ya que el BCV no daba cifras al respecto, ha sido la principal fuente de divisas para miles de familias venezolanas. Esta publicación oficial marca un giro significativo. Analistas destacan que estos flujos han sostenido el consumo interno y atenuado parcialmente la crisis humanitaria, aunque subrayan que no sustituyen una recuperación productiva sostenible.
La diáspora, estimada en más de siete millones de personas, se ha transformado en un actor económico clave para Venezuela. La difusión de cifras como esta, según Pérez, forma parte de la estrategia del Gobierno de la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, de publicar datos oficiales actualizados en el marco del acercamiento técnico que ha tenido con los multilaterales ubicados en Washington: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo.
Este viraje tardío no borra una década de tropelías. Desde 2015, cuando se hizo masiva la salida de venezolanos, el régimen chavista ocultó el verdadero volumen de remesas mientras construía un relato oficial que culpaba a "factores externos", sanciones estadounidenses o incluso a una supuesta "guerra económica" orquestada por la oposición. Maduro se refería a los migrantes como "limpia pocetas (inodoros)" y el ex Defensor del Pueblo, Alfredo Ruiz, llegó a decir que se iban de Venezuela los jóvenes de clase media exclusivamente.
Informes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) documentan con crudeza la escala de la tragedia: más de 7,9 millones de venezolanos han huido del país en el lapso de una década. Se trata del mayor éxodo en la historia reciente de la región y una de las cuatro grandes crisis migratorias de los últimos años junto a Siria, Afganistán y Ucrania. Solo que en Venezuela no ocurrió una guerra.
El contraste entre el discurso oficial y la realidad económica resulta escandaloso. Mientras Maduro, en discursos públicos entre 2016 y 2020, minimizaba la migración como un fenómeno "controlado" o la atribuía a la "manipulación mediática" de la derecha, funcionarios como Diosdado Cabello o Jorge Rodríguez se referían a los emigrantes con términos despectivos, tildándolos de "escuálidos" o "traidores" que abandonaban la patria bolivariana.
En esos mismos años, el BCV y el Ejecutivo mantenían bajo llave las estadísticas de remesas, negando su relevancia para no admitir que el modelo económico chavista —basado en la renta petrolera, la expropiación y la corrupción— había destruido la capacidad productiva del país.
Informes independientes del Inter-American Dialogue (The Dialogue) confirman que, ya en 2022, las remesas alcanzaban los 4.200 millones de dólares anuales y representaban la segunda fuente de divisas después del petróleo, llegando a cerca del 29% de los hogares venezolanos. Hoy, con los datos oficiales del BCV, se confirma que consistentemente los ingresos desde el extranjero son tan importantes como las actividades económicas formales del país orientadas a las exportaciones.
Según estudios del Inter-American Dialogue, más del 35% de los hogares venezolanos dependen de estos flujos para cubrir necesidades básicas: alimentación, medicinas y servicios. En un país donde el salario mínimo oficial no ha subido en un año y está hoy por debajo de un dólar al mes, las transferencias de la diáspora —enviadas mayoritariamente a través de canales informales durante años por la opacidad bancaria— han atenuado el hambre y la desnutrición crónica que afectaron a millones, según reportes de la OIM.
El ocultamiento de estas cifras por una década forma parte de un patrón más amplio de manipulación de la información. El chavismo controló el BCV como una extensión del Poder Ejecutivo, retrasando o distorsionando datos económicos para evitar reconocer el fracaso del "Socialismo del Siglo XXI".
Así, el país ha estado durante años sin cifras sobre inflación, desempleo y otras variables de primer orden. La novedad radica precisamente en que el BCV haya publicado cifras sobre un tema usualmente tabú: las remesas, aquellas que ni siquiera fueron mencionadas en los discursos oficiales durante más de una década. Este gesto, según Hermes Pérez, responde a un cálculo pragmático: el acercamiento técnico con multilaterales en Washington exige cierta transparencia para desbloquear posibles financiamientos.
Sin embargo, analistas como José Manuel Puente advierten que estas remesas, aunque vitales, no sustituyen una recuperación productiva real. No generan empleo formal, no invierten en infraestructura ni resuelven la destrucción del aparato productivo. Representan un paliativo, no una solución.