Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por fuerzas estadounidenses en una inédita operación militar relámpago en caracas, Venezuela vive una transformación profunda no solo en su política interna, sino también en su proyección exterior. El Gobierno que encabeza la presidenta interina Delcy Rodríguez, orientado hacia decisiones pragmáticas, ha priorizado la estabilización económica y la reconciliación con Washington.
En este nuevo escenario, la histórica alianza con Cuba tejida por los fallecidos Fidel Castro y Hugo Chávez casi que en términos filiales, ha quedado relegada a un plano estrictamente diplomático y simbólico. Caracas ya no sostiene al régimen de La Habana como antes: ni con petróleo subsidiado a gran escala, ni con retórica antiimperialista fervorosa, ni con gestos de solidaridad militante. El castrismo, en palabras de analistas ha sido "dejado a su suerte".
Una búsqueda en Google de los más recientes pronunciamientos oficiales de Caracas arroja un panorama revelador: las menciones a Cuba, ahora limitadas a un disminuido canciller Yván Gil, son escasas, protocolarias y carentes de la cercanía ideológica que caracterizaba los discursos de Maduro.
Gil, quien permanece al frente de la Cancillería, se limita a ratificar "la postura histórica" de hermandad y cooperación entre ambos países, siempre dentro del marco del derecho internacional y la autodeterminación. No hay condenas enfáticas al "bloqueo" estadounidense ni llamados a la resistencia continental. Es un tono tibio, casi administrativo, que contrasta con la retórica de los años previos, cuando Venezuela y Cuba se presentaban como baluartes contra el "imperialismo yanqui".
Este distanciamiento no es casual. Forma parte de lo que el sociólogo y analista Fernando Mires ha denominado el "tercer chavismo": una fase post-populista en la cual el Gobierno venezolano abandona las banderas ideológicas para adoptar un pragmatismo que prioriza la atracción de capital extranjero y el diálogo con Washington y Bruselas.
En los discursos de alto nivel del nuevo liderazgo —incluidas las intervenciones de la presidenta Delcy Rodríguez y otros funcionarios clave, como su hermano Jorge Rodríguez, al frente del Parlamento venezolano— brilla por su ausencia cualquier mensaje de solidaridad explícita con Cuba. No se cuestiona al "imperialismo" como antaño; tampoco se menciona la "hermandad revolucionaria". El foco está en la recuperación interna, la reapertura de la economía y la normalización de relaciones con EEUU y la Unión Europea (UE).
En este contexto, el rol de Yván Gil ha quedado visiblemente secundario. Fuentes diplomáticas y periodísticas coinciden en que las relaciones estratégicas con EEUU y la UE han pasado a manos de un vicecanciller no chavista, Oliver Blanco, quien ha sido designado en el marco de la apertura pragmática del Gobierno interino.
Gil entretanto se encarga de los temas residuales de la "hermandad bolivariana", como Cuba, mientras los archivos prioritarios —inversiones petroleras, levantamiento de sanciones y diálogo con la Casa Blanca— se manejan desde otros despachos. Es un cambio estructural que refleja la nueva lógica de Miraflores: alfombra roja (literalmente) para altos funcionarios estadounidenses y puertas abiertas al capital privado transnacional que antes era estigmatizado como "neoliberal".
La visita inesperada del canciller cubano Bruno Rodríguez a Caracas, apenas días después de la caída de Maduro, ha sido interpretada en retrospectiva como el momento simbólico del cierre de la otrora estrecha alianza entre Caracas y La Habana.
Los hechos posteriores confirman esa lectura. En febrero pasado, medios internacionales como Reuters y France 24 reportaron la salida masiva de asesores de seguridad y personal médico cubano de Venezuela, bajo clara presión estadounidense. Washington, en línea con la política de Donald Trump de "cercar" al régimen de Miguel Díaz-Canel, impulsó el fin de esa presencia para desarticular la última red de influencia castrista en el continente.
Desde Buenos Aires, Infobae detalló cómo el éxodo de estos funcionarios ha representado un golpe financiero directo para La Habana, que pierde no solo el petróleo venezolano, sino también divisas provenientes de los programas de "colaboración".
Tras la captura y extracción de Maduro el pasado 3 de enero, quienes heredaron el poder en Caracas optaron por lo que analistas denominan una "normalización constructiva" con Washington, apostando a la reanudación de relaciones diplomáticas plenas y facilitando la privatización parcial de la industria petrolera. Frente a esto, los pronunciamientos sobre Cuba se reducen a comunicados oficiales breves que reiteran "solidaridad" sin compromisos concretos. Caracas ya no es el salvavidas del castrismo.
Durante el chavismo con Chávez en el poder y luego con Nicolás Maduro —quien estudió en la Escuela de Cuadros Ñico López en La Habana— la alianza con Cuba no era solo ideológica: era estratégica. Venezuela enviaba más de 100.000 barriles diarios de crudo subsidiado y Cuba respondía con decenas de miles de médicos, maestros y asesores de Inteligencia que ayudaron al chavismo a sostener el control social y político.
Con la captura de Maduro y la nueva orientación que marca los días dentro del Palacio de Miraflores, ese eje se ha roto. "El Gobierno interino venezolano ha elegido la supervivencia económica sobre la lealtad ideológica", resume un editorial del diario La Nación, en Buenos Aires.
Según Fernando Mires, en los discursos del "tercer chavismo" se percibe un cambio de paradigma: del populismo redistributivo y confrontacional al realismo pragmático. No se trata de una ruptura formal con Cuba, ya que las relaciones diplomáticas se mantienen, pero sí se está ante una desideologización radical.
Eso se traduce en que los hijos de Chávez, que hoy encabezan ese "tercer chavismo" en Caracas dejan al castrismo a su suerte.
es como que te envien a recibir una patada por el c.... que pinchita la del bruno.
Así que: "Venezuela vive una transformación profunda no solo en su política interna, sino también en su proyección exterior". ¡MIRA QUE HABLAN SANDECES!
¿YA FUERON LIBERADOS TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA?
¿YA CERRARON EL SEBIN?
¿YA DIJERON CUÁNDO SON LAS ELECCIONES EN VENEZUELA???
Primo, diazepam con eso que te va a dar un infarto.
Mándaselo a las familias de familiares muertos , desaparecidos o torturados por ese régimen de oprobio.
La garrapata se quedo sin ganado para chupar sangre....
La relación de Delcy Rodríguez con el régimen cubano, en estos momentos, le puede aportar sólo problemas. La pandilla de su ex amigo, Días-Contados, se cae, implosiona, por lo que ya se sabe que los cubanos son malos pagadores y para colmo de males, enemigos de los nuevos socios, EEUU. Me imagino la última frase con la que despidió la presidente a cargo, a Bruno Rodríguez: "está todo bien contigo, pero no vuelvas ni por equivocación".