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Venezuela

¿En qué estaba pensando Maduro mientras recibía tantas advertencias de EEUU?

La influencia de La Habana pudo haber llevado a Nicolás Maduro a cometer un grave error de cálculo.

Caracas
Nicolás Maduro y Cilia Flores capturados por EEUU.
Nicolás Maduro y Cilia Flores capturados por EEUU. AP

Nicolás Maduro llegó al final de su largo ejercicio en el poder (2013-2025) convencido de que la Casa Blanca no daría la orden de actuar militarmente en Caracas. Apostó todo a esa creencia. Y perdió. Este es el balance de una investigación exhaustiva publicada por The New York Times:  "Los últimos días de Maduro en el poder".

Este texto, que según periodistas en Caracas confirma varias de las hipótesis que han circulado entre comunicadores y analistas, reconstruye la cadena de errores de cálculo que convirtió al otrora hombre fuerte de Venezuela en prisionero de una cárcel de Brooklyn.

El retrato que emerge no es el de un líder acorralado y desesperado, sino el de un mandatario arrogante que, embriagado por 13 años de sobrevivir a derrotas electorales, protestas masivas, sanciones y complots reales o imaginarios, subestimó gravemente el peligro que se cernía sobre él.

Mientras el Pentágono desplegaba buques de guerra y aviones en el Caribe, preparando planes concretos para una operación de captura, Maduro celebraba la Nochevieja de 2025 en su residencia de Caracas con un pequeño círculo de familiares y allegados. "Tranquilo y confiado", según varios testigos citados por el diario estadounidense, el gobernante enviaba mensajes de "Feliz Año Nuevo" a sus ministros y generales. No parecía un hombre al borde del abismo. Parecía, más bien, el mismo caudillo que había resistido todo.

Esa calma, según concluye The New York Times, fue arrogancia pura. Maduro repetía, según personas cercanas, que "EEUU no se atrevería a atacar Caracas". Creía que cualquier acción militar se limitaría a objetivos puntuales: instalaciones petroleras o supuestos laboratorios de narcotráfico. Confiaba ciegamente en la lealtad de las Fuerzas Armadas y en la capacidad disuasiva de sus aliados internacionales.

El despliegue estadounidense en el Caribe, a sus ojos, no era más que teatro de presión para forzar una negociación ventajosa. "Un notable error de cálculo", sentencia el rotativo norteamericano.

El clímax de esa cadena de malentendidos llegó el 21 de noviembre de 2025. Maduro sostuvo una conversación telefónica de menos de diez minutos con Donald Trump. El tono, según fuentes familiarizadas con la llamada, fue cordial. Pero el contenido reveló el abismo. Trump esperaba escuchar un plan concreto de salida del poder. Maduro no lo ofreció. No propuso transición, ni plazos, ni garantías. Simplemente habló como si aún tuviera margen de maniobra para regatear.

A la luz de todo lo que se decidió después en las altas esferas políticas y militares de Washington, aquella llamada fue el punto de inflexión. Trump, que había prometido acabar con el Socialismo del Siglo XXI en su segundo mandato, dejó de ver a Maduro como interlocutor y lo vio como objetivo.

Días después llegaría a Caracas el ultimátum definitivo. El mensaje fue transmitido personalmente por el empresario brasileño Joesley Batista, quien había mantenido reuniones recientes con el secretario de Estado Marco Rubio. "Tenía que irse, ¡ya!", resume The New York Times. Maduro no solo no acató. Se irritó. Interpretó la advertencia como una provocación intolerable y la desestimó por completo. Esa reacción no fue de miedo, sino de soberbia.

Aquí entra un elemento crucial que la analista política venezolana Carmen Beatriz Fernández ha destacado con agudeza en sus análisis recientes. En la red social X, Fernández sostiene que "el error de cálculo de Maduro muy probablemente se derivó de escuchar las recomendaciones de La Habana: 'Nunca se atreverán, llevamos 60 años de amenazas, resistir es lo importante…'". La experta en ciberpolítica y consultora estratégica vincula directamente esa frase —atribuida a asesores cubanos— con las advertencias que Maduro ignoró antes de su captura, tal como detalla el reportaje de The New York Times.

Esa influencia cubana, según la lectura de Fernández, amplificó la arrogancia madurista. No solo le dio argumentos retóricos ("Nunca se atreverán"), sino que lo blindó emocional e intelectualmente contra cualquier señal de peligro real. La Habana, con su experiencia de supervivencia, le vendió a Maduro una receta obsoleta para un escenario nuevo. Y él, en su soberbia, la compró sin cuestionarla.

El desenlace fue tan rápido como brutal. En la madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses atacaron cuatro bases militares en Caracas. Los guardaespaldas de Maduro fueron reducidos. Él y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados. Más de un centenar de cubanos y venezolanos perdieron la vida en la operación, según diversas fuentes.

Dos días después, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina tras recibir una clara advertencia estadounidense: o cooperaba o enfrentaría bombardeos ampliados. Al juramentarse Rodríguez en Caracas y ser presentado Maduro ante un tribunal en Nueva York, el círculo se cerró.

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4 comentarios

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Profile picture for user GigaPanda

El poder absoluto trae consigo una buena dosis de arrogancia. Este fue otro más que se iba a la cama todas las noches pensando: "A mí no hay quien me tumbe".

Profile picture for user Mascara Negra

¿Qué… en qué estaba pensando el masburro? En las mismas comep...de siempre: el pajarito de Chávez..."Penis y Penas", "Multiplicación de Penes"
"Libros y Libras"....y unas cuantas SANDECES MÁS...

Profile picture for user Plutarco Cuero

¿ En que estaban pensando los Cabezas de Trapos de Irán ayer en Ginebra ... ?

https://x.com/grey4626/stat…

Buen resumen de lo acontecido con Masburro. Se comio con papas el cuento de la infalibilidad de la "inteligencia cubana". Jajaja.
Falta por dilucidar si Maduro sabia que sus escoltas cubanos tenian la orden de matarlo. Para que no lo cogieran vivo. La CIA tenia informes al respecto. Por eso los Delta Team le dieron matarile a los cubiches.