Este 2025 deja un panorama sombrío para Venezuela, marcado por la perpetuación del statu quo chavista en medio de una creciente presión internacional y una resistencia opositora que, aunque fortalecida simbólicamente, no ha logrado traducirse en cambios concretos. A esto se suma una economía al borde del abismo y una crónica crisis social que afecta a las mayorías.
Venezuela celebró dos procesos electorales en 2025 que, en retrospectiva, subrayan la erosión de la democracia representativa bajo el régimen de Nicolás Maduro. Las elecciones regionales y parlamentarias del 25 de mayo (25M) y las municipales del 27 de julio (27J) se caracterizaron por una abstención masiva, irregularidades denunciadas por observadores independientes y una oposición dividida, lo que permitió al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) consolidar su hegemonía sin mayor oposición.
Las elecciones parlamentarias fueron convocadas anticipadamente por el CNE, incluyó también la elección de gobernadores, y cuerpos legislativos provinciales. Según reportes, la participación oficial fue del 42,6%, pero evidencias de centros electorales vacíos y calles desiertas sugieren una abstención real cercana al 85%. María Corina Machado, líder opositora, llamó explícitamente a no votar, argumentando que participar legitimaría un sistema fraudulento que ignoró los resultados de las presidenciales de 2024. El PSUV obtuvo 23 de 24 gobernaciones y una mayoría absoluta en la Asamblea (230 de 285 diputados), afianzando su control institucional.
Eugenio Martínez, experto electoral, señaló que muchas organizaciones en el tarjetón eran "tarjetas confiscadas" por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), simulando pluralismo pero favoreciendo al chavismo. La división opositora se acentuó con la participación de figuras como Henrique Capriles, Manuel Rosales y Henri Falcón, quienes optaron por competir pese al llamado a la abstención de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD).
El 27J, para alcaldes y concejales, profundizó esta tendencia. La apatía fue palpable: en regiones como Lara y Yaracuy, no hubo campañas visibles ni entusiasmo, incluso entre bases chavistas. Una encuesta de Mass Behavior Research estimó una participación del 14%, con el PSUV capturando el 90% de los cargos. El desinterés se atribuye al centralismo presidencial, donde las decisiones locales se toman en Miraflores, y al trauma post-2024, con represión que desmovilizó a la sociedad. Estas elecciones no entusiasmaron ni al chavismo, según analistas.
La consolidación del liderazgo opositor con María Corina Machado
En medio del estancamiento político, en vista del sostenimiento del status quo, 2025 vio la consolidación de María Corina Machado como figura central de la oposición venezolana. Su año de resistencia, marcado por clandestinidad y estrategias digitales, culminó en el Premio Nobel de la Paz, otorgado el 10 de octubre por su "lucha inquebrantable por una transición justa y pacífica a la democracia". El Comité Noruego enfatizó su rol en unir la oposición y promover vías pacíficas, que resultó en un mensaje internacional al chavismo.
La trayectoria de Machado se traza en fechas clave. El 22 de octubre de 2023, ganó las primarias opositoras con el 94% de votos, transformando su inhabilitación en fortaleza simbólica. El 26 de marzo de 2024, respaldó a Edmundo González Urrutia como candidato presidencial, elevando su intención de voto al 67%. El 28 de julio de 2024, lideró la recopilación de actas que demostraron la victoria de González, subidas a plataformas seguras y compartidas internacionalmente. En 2025, desde la clandestinidad post-represión, mantuvo contacto con medios y líderes globales, denunciando actividades ilícitas del chavismo.
El 18 de noviembre de este 2025, publicó el "Manifiesto de Libertad" en The Washington Post, una hoja de ruta para la transición.
Entretanto, el 25 de julio de este 2025, el Departamento del Tesoro designó al Cartel de los Soles como organización terrorista global especialmente designada (SDGT), vinculándolo directamente a Nicolás Maduro y altos funcionarios. Esto fue seguido de una inédita movilización militar: en agosto, se desplegaron 13 buques de guerra, cinco naves de apoyo, un submarino nuclear y 10.000 efectivos bajo el Comando Sur. El grupo portaaviones USS Gerald R. Ford se posicionó en el sur del Caribe, con capacidad para 75 aeronaves. Oficialmente, para combatir el narcotráfico, pero interpretado en Caracas como preludio al cambio de régimen.
El despliegue, el mayor en décadas, generó alarma en Caracas, y Maduro respondió decretando "estado de conmoción interna". Diosdado Cabello habló de "resistencia activa prolongada", una reinterpretación de doctrinas maoístas para un conflicto asimétrico. Sin embargo, pese a los cuatro meses de presión, no hubo fisuras en la cúpula del chavismo, lo cual sugiere un estancamiento en la estrategia de Washington al cierre de este año.
La represión sostenida durante 2025
En Venezuela, la represión se intensificó en 2025, consolidando un patrón sistemático de violaciones a derechos humanos, según informes de la ONU y Amnistía Internacional. El Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Volker Türk, alertó este diciembre sobre la "intensificación de la represión", con restricciones a la libertad de expresión, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. El cierre de la oficina de la ONU en Caracas por falta de cooperación del Gobierno agravó la situación.
La Misión Internacional Independiente de la ONU documentó, por su parte, 25 muertes en protestas post-2024, arrestos masivos basados en redes sociales y violencia sexual. Estas violaciones, conforman el expediente acumulado por el chavismo desde 2014 de crímenes contra la humanidad, que incluyen ejecuciones extrajudiciales y tortura.
En este contexto, el Gobierno de Maduro decidió sacar a Venezuela de la Corte Penal Internacional (CPI) en diciembre, en respuesta a la decisión del Tribunal de La Haya de cerrar su oficina en Caracas por "ausencia de progreso". La investigación "Venezuela I" continúa, enfocada en crímenes desde 2014, con posibles responsables como Maduro y Cabello.
Como telón de fondo de este panorama político, la economía venezolana rozó el colapso en 2025, con inflación galopante, un diferencial cambiario distorsionante y empobrecimiento masivo. Según el PNUD, la inflación cerrará en 275%, con un acumulado de 256% hasta el tercer trimestre, y un crecimiento del PIB de 5,8% que no se traduce en bienestar para la población. El economista y exdiputado José Guerra proyecta una inflación que podría estar por encima de 400% en 2025, en un año en el cual de nuevo el régimen ha omitido difundir cifras oficiales en materia económica.
Asdrúbal Oliveros, economista y exdirector de la firma Ecoanalítica, destacó como rasgo principal del 2025 el impacto del diferencial cambiario: la brecha entre la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) y el mercado no oficial eleva costos empresariales, presionando precios. En diciembre, señaló que "la brecha cambiaria es la mayor distorsión sobre el sistema de precios" en el país, impactando a una población empobrecida.
La ONG de derechos humanos Provea detalló este empobrecimiento: el salario mínimo y las pensiones están estancados en 130 bolívares desde marzo 2022 y al cierre de 2025 equivalen a 0,54 dólares mensuales, muy por debajo del umbral de pobreza extrema de la ONU (2,15 dólares diarios).
Este escenario socioeconómico agrava la crisis humanitaria, y hace cuesta arriba un eventual retorno de los casi ocho millones de migrantes venezolanos, que representan una tercera parte de la población. Sin un cambio político es difícil imaginar una mejora económica en Venezuela.
La economía venezolana, al borde del colapso, está urgida de una transición que priorice derechos y estabilidad.
“ lo cual sugiere un estancamiento en la estrategia de Washington al cierre de este año.” Parece que no hay estancamiento porque el cerco ha sido progresivo. Primero las lanchas, después los barcos; y justo ahora comienzan los ataques por tierra. Todavía Maduro no siente el máximo de presión.