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Perú

Con desaprobación récord para Boluarte, Perú está inmerso en una crisis irresoluta

Perú ha tenido cinco presidentes en los últimos nueve años, pero el 94% de rechazo de Dina Boluarte supera los niveles de sus predecesores.

Río de Janeiro
Dina Boluarte.
Dina Boluarte. Presidencia de Perú

La crisis política e institucional de Perú se puede medir por el alto número de presidentes en pocos años, cinco en los últimos nueve años. Pero la gravedad de la situación tiene un indicador adicional: la alta desaprobación que tienen la actual presidenta Dina Boluarte y el Congreso, que marcan un récord en la historia peruana de las últimas décadas.

El último presidente que fue electo por voto popular y completó su periodo presidencial en Perú fue Ollanta Humala (2011-2016), que como reseñó DIARIO DE CUBA hace dos meses fue sentenciado a prisión por recibir dinero de la empresa brasileña Odebrecht y del régimen venezolano de Hugo Chávez.

Entre Humala y la actual mandataria Dina Boluarte, en tanto, mediaron dos presidentes electos que salieron anticipadamente del poder, Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y Pedro Castillo (2021-2022), un vicepresidente como Martín Vizcarra, que no pudo completar el periodo presidencial del que formó parte (2016-2021) y un jefe de Estado designado por el Congreso, Francisco Sagasti, quien gobernó por alrededor de año y medio.

Dina Boluarte asumió la Presidencia el 7 de diciembre de 2022, tras la destitución de Pedro Castillo, quien intentó disolver el Congreso en un fallido autogolpe. Como vicepresidenta, Boluarte no se vio involucrada en ninguno de los escándalos que caracterizaron la breve gestión de Castillo, un antiguo maestro de ideas izquierdistas. Este hecho y su condición de mujer, siendo la primera en ocupar la Presidencia de Perú, dieron un soplo de esperanza cuando fue designada, según dicta la Constitución, por el Congreso.

A Boluarte se le veía como una opción transitoria para estabilizar un país sumido en el caos político, pero su gestión pronto se convirtió en un foco de controversia. Su decisión de no llamar a nuevas elecciones, como viene demandando la ciudadanía de Perú desde hace dos años, fue la primera de varias acciones que la han colocado en este mes de junio en un nivel récord de desaprobación del 94%, según una encuesta de Datum, el más alto registrado en los últimos 44 años.

Este índice, que en el sur del país escaló al 95% con apenas un 3% de aprobación, no solo refleja el rechazo a su gestión, sino una crisis de legitimidad que amenaza con profundizar la inestabilidad política del país.

Para analistas y observadores, el punto de inflexión fue la represión de las protestas que estallaron tras la caída de Castillo, particularmente en regiones andinas como Puno, Arequipa y Cusco. Estas manifestaciones, que exigían nuevas elecciones y la liberación de Castillo, fueron respondidas con una fuerza desproporcionada, dejando decenas de muertos y cientos de heridos.

Junto a esto, organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, han denunciado violaciones sistemáticas, alimentando la percepción de un Gobierno autoritario. 

Asimismo, su alianza con un Congreso igualmente impopular (94% de desaprobación) ha generado la percepción de un pacto de elites que básicamente busca mantenerlos en el poder hasta 2026, cuando deberían ocurrir elecciones generales.

Cynthia McClintock, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad George Washington, señala que la impopularidad de Boluarte está profundamente ligada a su falta de legitimidad inicial y a su manejo de las protestas.

"Como primera presidenta mujer de Perú, pudo haber disfrutado de un breve periodo de luna de miel, pero su respuesta represiva a las protestas y su alianza con sectores oportunistas del Congreso han destruido cualquier posibilidad de apoyo popular", afirma McClintock.

Consultado por DIARIO DE CUBA, el columnista Augusto Álvarez Rodrich apunta que, con los altos niveles de desaprobación, Boluarte se sostiene en el poder básicamente gracias a su alianza con el Congreso, dominado por fuerzas conservadoras, y al respaldo de los militares.

"La debilidad de su presidencia se explica por su impopularidad, su incapacidad para reaccionar políticamente a las crisis, su ineficacia en resolver problemas como la inseguridad y la corrupción, y la falta de una bancada parlamentaria propia. Sin embargo, su alianza con una coalición legislativa le permite mantenerse en el poder, aunque esto signifique una estabilidad relativa a expensas de la democracia", sostiene Álvarez Rodrich.

Lo mismo que este columnista de La República, varios analistas y observadores creen que Perú está simbólicamente frente a un abismo por la incapacidad de quienes ocupan el poder de buscar salidas y su apuesta de mantenerse en el poder a cualquier costo, incluso corroyendo al sistema democrático.

Empero es importante no perder de vista que la desaprobación presidencial, con niveles altos ha estado gravitando sobre los distintos mandatarios peruanos desde el retorno a la democracia en 2001.

No obstante, este 94% de rechazo de Boluarte supera los niveles de sus predecesores, incluso en sus peores momentos. Alejandro Toledo (2001-2006), fue el primer presidente electo tras la década autoritaria del fujimorismo, y esto generó grandes expectativas, pero su desaprobación alcanzó el 76% en su duodécimo mes y osciló entre el 80% y el 90% al final de su mandato, en medio de escándalos personales y acusaciones de corrupción.

Ollanta Humala, ahora en prisión al igual que Toledo, asumió en 2011 con un fuerte respaldo por sus promesas de inclusión social, pero su desaprobación llegó a cerca del 80% al cierre de su gobierno.

Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) tuvo una desaprobación del 44% en diciembre de 2016, por su gestión económica, y alcanzó cerca del 70% antes de su renuncia en 2018. Su gobierno estuvo marcado por la oposición de un Congreso fujimorista y su vinculación al Caso Odebrecht.

Castillo, entretanto, fue electo en 2021 para un periodo de cinco años con Boluarte como su vicepresidenta. El ex maestro tuvo su peor registro de desaprobación en 83% al cumplir un año de gobierno.

A diferencia de sus predecesores, Boluarte no tuvo un periodo inicial de apoyo, lo que hace que su situación sea aún más precaria. Con las elecciones de 2026 en el horizonte, Perú enfrenta el desafío de romper con este ciclo de inestabilidad y desconfianza. La pregunta que gravita sobre el país andino es si podrá encontrar un liderazgo capaz de reencauzar democráticamente al Perú.

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