Venezuela celebra este domingo elecciones regionales y parlamentarias marcadas por una masiva abstención, denuncias de represión, y un escenario electoral completamente dominado por el chavismo, a tan solo diez meses de la cuestionada reelección de Nicolás Maduro, reporta la AFP.
Poco más de 21 millones de venezolanos fueron convocados para elegir a 285 diputados y 24 gobernadores, incluyendo por primera vez representantes del nuevo estado creado en el territorio Esequibo, zona en disputa con Guyana.
Sin embargo, la jornada comenzó con imágenes desoladoras: centros de votación prácticamente vacíos, una señal clara del rechazo ciudadano a unos comicios considerados por muchos como una "farsa".
Según la encuestadora Delphos, solo un 16% del electorado participaría, compuesto en su mayoría por militantes del PSUV, el partido en el Gobierno. La baja afluencia contrasta con la movilización vista en las elecciones presidenciales del pasado julio.
Los comicios se desarrollan en un contexto de persecución política, con más de 70 opositores detenidos, entre ellos Juan Pablo Guanipa, estrecho colaborador de María Corina Machado, quien llamó abiertamente a boicotear las elecciones.
La tensión se intensificó con el cierre de fronteras y la suspensión de vuelos con Colombia, bajo acusaciones del chavismo de presuntos intentos de sabotaje por parte de "mercenarios".
A pesar del clima de represión y vacío electoral, una pequeña fracción opositora liderada por Henrique Capriles decidió participar, llamando a votar como "un acto de resistencia".
Las urnas cerrarán a las 6:00PM hora local, aunque permanecerán abiertas si aún hay ciudadanos en fila. Sin embargo, la sensación general es que, más que una elección, Venezuela vive una puesta en escena electoral.
Represión implacable
Las fuerzas policiales y de inteligencia, bajo la dirección de figuras como Diosdado Cabello, han intensificado los allanamientos nocturnos y las detenciones arbitrarias. Los testimonios coinciden: los operativos son sorpresivos, violentos y dejan a familiares y colegas sin respuestas sobre el destino de los detenidos, recogió La Patilla.
Esta estrategia, conocida como la "Operación Tun Tun", busca desmovilizar a la oposición y sembrar terror en la ciudadanía.
El caso del periodista Rory Branker, desaparecido ya desde hace meses tras ser detenido por agentes del Estado, es un ejemplo de cómo el régimen ha normalizado la desaparición forzada.
Branker, como otros periodistas y activistas, fue arrestado sin orden judicial y hasta la fecha no existe información oficial sobre su paradero. Ninguna autoridad reconoce tenerlo bajo custodia, y su familia sigue sin respuestas. Su caso, lejos de ser una excepción, muestra cómo la desaparición forzada se ha institucionalizado como herramienta de control y castigo, condenó el medio.
Organizaciones nacionales e internacionales han denunciado el uso sistemático de estas prácticas, que violan derechos fundamentales y buscan paralizar cualquier intento de movilización o denuncia en el contexto electoral.