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Opinión

El país donde la historia se repite

María Corina Machado, que logró unir a la oposición venezolana en las últimas elecciones, tilda ahora de traidores a otros líderes opositores, de cara a las elecciones venideras.

Oldenburg
María Corina Machado en campaña electoral, 2024.
María Corina Machado en campaña electoral, 2024. Europa Press

La historia no se repite. Frase con la que están de acuerdo casi todos los historiadores. Ningún acontecimiento se repite ni en el tiempo ni en el espacio. Solo a un Nietzsche se le puede ocurrir que vivimos en un tiempo cíclico. Cada uno es único y solo en su unicidad puede ser entendido. No se repiten los hechos pero, en eso también podrían estar de acuerdo los historiadores, algunos se parecen. O riman, dice un novelista colombiano.

A veces también los sucesos se parecen demasiado entre sí. Por ejemplo, hoy, con el surgimiento de movimientos y partidos xenofóbicos y homofóbicos en casi todos los países de Occidente, no pocos observadores hablan del regreso del fascismo en Europa. Y evidentemente, aunque esos surgimientos tienen mucho en común con los fascismos del pasado siglo, no son iguales y, mucho menos, responden a los mismos condicionamientos. Un análisis comparativo entre ambos fenómenos —el fascismo de ayer y el nacional-populismo de hoy— puede ser importante; incluso necesario. Pero una cosa son las comparaciones y otras las analogías. Si solo usamos las segundas despojamos a "lo nuevo" de todas sus novedades.

Podríamos convenir entonces en que los hechos no se repiten pero los procesos se entrecruzan y encadenan hasta el punto de que podrían derivar, desde una perspectiva histórica, en un solo hecho (por eso hablamos del nacional populismo como un "hecho"). Nos explicamos así por qué una de las ramas preferidas de la historiografía sea la historia comparativa. Solo a partir de un estudio comparativo podemos entender, en efecto, la especificidad de un hecho o de un proceso.

Más difícil, sin embargo, es abordar la temática de la comparación en el caso de las historias nacionales, donde se supone que, por ser historias, los hechos y procesos no logran repetirse pues ocurren en tiempos diferentes. De eso estaba convencido hasta que me topé con la historia del proceso venezolano a partir de la llegada del chavismo donde, desde ese momento hasta ahora, ha sido mantenida dentro del país una contradicción nunca resuelta entre una muy numerosa oposición civil y un Gobierno que reposa en estructuras militares. Efectivamente, la historia del periodo chavista es la historia de hechos que sin cesar se repiten. Una y otra vez. Como si sus actores se movieran alrededor de un círculo. Un caso raro en la historiografía moderna; sin dudas.

Los votos y las balas

En Venezuela, desde que Chávez asumiera el poder, continuado después por Maduro, ha tenido y tiene lugar una lucha irregular y prolongada entre la lógica de las balas y la lógica de los votos. Pero a la vez, el Gobierno no solo quiere ser militar sino además civil y, para eso, como es el caso de las mayoría de las dictaduras contemporáneas, requiere de elecciones periódicas con el objetivo de legitimar políticamente a la dominación policial y militar que sin contrapeso ejerce. Esa es precisamente la contradicción nuevamente revelada después del horroroso fraude electoral cometido por el dictador Maduro el 28 de julio. El Gobierno tiene las balas, pero no tiene los votos. La oposición tiene los votos, pero no tiene las balas.

Desde los dos lados enemigos, el uno quiere tener lo que tiene el otro y, evidentemente, ninguno lo tendrá. Entre la oposición y la dictadura venezolana predomina una relación asimétrica, pero en los dos lados. Y eso ha llevado a muchos opositores, sobre todo a esa fracción abstencionista que suele dominar periódicamente en la oposición, a romper la asimetría y buscar el apoyo de las balas. Pero como no las tiene, y nunca las tendrá, intenta recurrir a la posibilidad de un golpe militar o, en su defecto, a la intervención de una potencia militar extranjera, EEUU.  

Así ha sido desde el "carmonazo" de 2002 y el "paro patronal", pasando por la nefasta abstención del 2005, por la salida de Leopoldo López y sus macabras "marchas sin retorno", por cucutazos y macutazos, por parodias golpistas como la del 30 de abril de 2019, por "el Gobierno exterino" de Guaidó, por el "hasta el final" de María Corina Machado.

No. No nos veamos la suerte entre gitanos. La lógica de toda política abstencionista solo puede tener como objetivo una salida golpista o una invasión extranjera y, de acuerdo a los parámetros de esa lógica, se explica el nuevo llamado a la abstención hecho por la líder de las elecciones de 2024, María Corina Machado. Eso supone, renunciar o, en el mejor de los casos, suspender, la lógica política-electoral por una lógica militar que no proviene de la oposición civil. El problema es que esa última también es la lógica de Maduro, una lógica donde su Gobierno se mueve como un pez en el agua. En el reino de la antipolítica, Maduro, y sobre todo su segundo, Diosdado Cabello, son reyes.

¿Ha caído Machado en una trampa o se encuentra en su elemento al haber llamado a la abstención en las elecciones regionales, municipales y parlamentarias que tendrán lugar el 25 de mayo? ¿O ambos casos a la vez? Para responder a esa pregunta crucial debemos detenernos a desmenuzar el núcleo central: las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio (28-J).

Negociando indirectamente con Maduro

Desde antes de que fuera dado a conocer el escandaloso fraude, las elecciones del 28-J estaban viciadas. Lo estaban porque María Corina Machado, vencedora indiscutible de las primarias de octubre del 2023, estaba inhabilitada. También lo estaba la candidata sustituta que eligió Machado, la profesora María Corina Yoris, quien, sin mediar argumento alguno, fue rechazada por el régimen.

Evidentemente, el régimen esperaba que después de las ilegales inhabilitaciones, María Corina Machado declarara —no sin cierta razón— que las elecciones eran una farsa y llamara a las calles para que Maduro enviara a sus soldados a disparar a diestra y siniestra y después imponer el estado de emergencia a fin de decretar  la suspensión de las elecciones. Pero para sorpresa de Maduro, Machado insistió en continuar el proceso electoral, anunciando un tercer candidato, lo suficientemente anodino en su apariencia para que no fuera cuestionado por el régimen. Sí, Machado estaba indirectamente negociando con Maduro. Con la candidatura de Edmundo González Urrutia quedó claro que Machado había tomado muy en serio el proceso electoral, hecho que concitó el apoyo de toda la oposición unida.

La campaña electoral de Machado fue apoteósica. Las calles de toda Venezuela fueron colmadas por millones de ciudadanos. Machado había logrado unir en contra del régimen a la ciudadanía. Todo permitía avizorar que en ese momento se estaba produciendo un quiebre, uno que pondría punto final a la larga era del chavismo, que de un movimiento social de masas se había convertido en una clase política-policial y militar de Estado. Una nomenklatura, en el peor estilo estaliniano o cubano del término.

De más está decir que gracias a los esfuerzos de la oposición electoral conducida por la valiente María Corina Machado (sobre todo después de que fuera revelado y demostrado el grotesco fraude) Maduro quedó a punto de ser noqueado. Solo las dictaduras del mundo, encabezadas por la rusa de Putin (todas igual de tramposas que la de Maduro) pasaron por alto el fraude. Pero todas las democracias occidentales, incluyendo las de la izquierda latinoamericana, desconocieron el triunfo de Nicolás Maduro. Así resultó probado por la propia Machado que cuando las masas se identifican con un proceso electoral desarrollan una inteligencia que, en los momentos donde no surgen objetivos, no tiene cómo aparecer.

¿Qué había demostrado María Corina Machado? Básicamente tres puntos. Primero: que la oposición unida y organizada, con objetivos claros y precisos está en condiciones de derrotar a Maduro. Segundo: que esa oposición solo podía unirse en torno a un proceso electoral y que, por lo mismo, es absurdo renunciar a una estrategia probada como exitosa. Tercero: que no es necesario hacer depender el proceso nacional del apoyo internacional, como intentó hacerlo Guaidó.

María Corina Machado unificó a las diversas filas de la oposición venezolana reactivando los cuatro puntos cardinales que habían sustentado a la oposición democrática, puntos que fueron establecidos durante las elecciones de 2013. Esos cuatro puntos indican que, para subsistir, la oposición debe de ser democrática, constitucional, pacífica y electoral.

Sin embargo, esos cuatro puntos habían sido irrespetados durante el pasado reciente por la propia oposición. En 2018, en las conversaciones que tuvieron lugar en Santo Domingo, Julio Borges (entre otros) impulsó una estrategia abstencionista, debido al solo hecho de que esa oposición no estaba en condiciones de ponerse de acuerdo en torno a una candidatura única, sobre todo entre AD y PJ. Ambos partidos ahora vuelven a reincidir en el abstencionismo, expulsando de sus filas a todos los que disienten de sus directivas. El resto es conocido. Durante un largo tiempo sin participación electoral, los partidos se desconectaron de la ciudadanía, muchos terminaron arruinados y sobre esa ruina fue montada la parodia de Guaidó, manejada por extremistas como Leopoldo López y Antonio Ledezma.

En 2023, María Corina Machado fue nombrada candidata de la oposición compitiendo con partidos que apenas existían. Si no hubiera ido a elecciones, directa o indirectamente, Machado habría arrojado a su partido y a su persona a las ruinas opositoras, y nuevamente la ciudadanía se habría transformado en masa amorfa. Pero lástima; eso no lo entendió Machado. Su éxito político había sido electoral, y su fracaso político solo podía devenir del abandono de la línea electoral. 

Pues bien, eso es lo que hizo. Maduro, perverso pero no tonto, sabía también que si Machado, aún después del fraude, continuaba en la línea electoral, podía llegar el temido momento de la ingobernabilidad. Pero, en cuanto supo que Machado había ordenado abstenerse, se apresuró a adelantar las elecciones de 2025. Con el llamado de Machado a la abstención, Maduro podía asegurar su gobernabilidad sin necesidad de hacer trampas y luego avanzar a paso de vencedores a fin de dar curso al Estado Comunal, órgano cuya función no puede ser otra que refundar una dictadura de hecho transformándola en una de jure.

Con ese llamado a la abstención de Machado, se aseguraría la supervivencia del régimen, debe haber pensado Maduro. Esas entre otras, fueron las razones que impulsaron a diferentes partidos y dirigentes de la oposición a no acatar la decisión de Machado. Y la líder empeoraría la de por sí ya mala situación, insultando a quienes no aceptaron su decisión, con el epíteto de traidores.

Traidores traicionados

Con el uso de la artera palabra traición, Machado dividiría a la oposición en dos partes irreconciliables. En términos políticos esa división recrearía los dos polos tradicionales de la oposición desde que existe oposición: a un lado los abstencionistas, al otro lado los participacionistas. Alacranes contra borregos, dicen los deslenguados.

Para una mentalidad democrática, en política —a diferencia de en la guerra— no existen las traiciones. Solo existen posiciones cambiantes. Pero si esa palabra existiera, también sería inapropiada. Traición solo puede cometer alguien que pertenece a los tuyos. En el juego político, uno es leal antes que nada con su partido, y no tiene por qué serlo con todos los partidos. Si un miembro del mini-partido Vente, el partido de María Corina Machado, se hubiera opuesto a la determinación de la líder destinada a abandonar la lucha electoral, sería más comprensible el término de traición. Pero ella se dirigió a los miembros de otros partidos muy diferentes al suyo. Es decir, no respetó la independencia y autonomía de los partidos.

Peor aún, como traidores Machado designó a dirigentes y militantes de partidos históricos. ¿De cuándo acá ella tiene potestad sobre un Nuevo Tiempo, por nombrar solo a uno de los partidos que han decidido concurrir a los comicios de mayo?  En este caso estamos hablando de una gran cantidad de dirigentes políticos opuestos al chavismo desde la primera hora, entre ellos tres ex candidatos presidenciales (Capriles, Falcón y Rosales), a dirigentes como Andrés Caleca, a los expresidentes de la MUD, Jesús "Chúo" Torrealba y Ramón Guillermo Aveledo, a candidatos como Juan Requesens, a políticos con sensibilidad social como Mercedes Malavé, y a muchos pero muchos más.

¿Quién autorizó a Machado a calificar de traidores al núcleo de lo que había sido y, en cierto modo es, la oposición venezolana? Frente a tan terrible acusación solo podemos inferir dos posibilidades. La una no es contraria a la otra, y estas son: o Machado intentó hacer un tajo en la oposición dividiéndola en dos frentes entre los leales y los no leales a su persona (es decir, entre el machadismo y el resto) o Machado cree como los chavistas que la voz del líder —la suya— es infalible e irrefutable. De acuerdo con esa creencia, al movimiento de Machado podríamos considerarlo, desde el punto de vista político, como una nueva versión venezolana del populismo autoritario latinoamericano. Efectivamente, ha sido probado muchas veces: no basta estar en contra de Maduro para ser un demócrata. Hay, en la oposición venezolana un segmento cuyas tendencias anuncian, desde ya, nuevas formas de autocratismo.

Lo que no puede ni podrá evitar Machado (Maduro tampoco) es que la ciudadanía discuta acerca de las posibilidades que se dan dentro y fuera de los partidos. Ir a votar es desconocer los resultados del 28-J, dicen los unos. No hay ninguna contradicción entre participar en elecciones y desconocer el fraude de julio, contestan los otros. Las elecciones son para legitimar a Maduro, dicen los unos. Las elecciones no legitiman más que a los candidatos, dicen los otros.

¿Y la comunidad internacional?, preguntan los unos. ¿Cuál comunidad?, preguntan los otros. En estos momentos estamos al borde de una tercera guerra mundial y a la mayoría de los países del mundo les interesa un pepino lo que pasa en Venezuela. Necesitamos la ayuda de EEUU, dicen los unos. ¿Y por eso Machado calla frente al ultraje a que han sido sometido los venezolanos en las cárceles del Salvador?, preguntan los otros. Son delincuentes, dicen los unos. Pero antes que nada son conciudadanos, responden los otros. Y así sucesivamente.

Las opiniones están divididas, y es bueno que así sea, pues sin división no hay política. Pero, y eso es lo que afirman los participacionistas venezolanos, para participar en política no tenemos otra alternativa que participar en elecciones. Las elecciones nunca derribarán a Maduro, les contestan. ¿Y quién te ha dicho que las elecciones son para derribar a dictaduras?, preguntan los participacionistas, y añaden, las elecciones son para sentar presencia. ¿Y qué sacas con eso, preguntan los abstencionistas, si tu presencia no cuenta? A esto responde el participacionista: la ausencia cuenta menos. Y agrega: todos los éxitos de la oposición venezolana han sido electorales. Todos los grandes fracasos de la oposición han sido impulsados por los abstencionistas. Eso significa votar sin elegir, dice el abstencionista. Elegimos nuestro derecho a votar, responden los partipacionistas, o ustedes prefieren que les regalemos sin chistar a Maduro 277 curules, 24 gobernaciones y 335 alcaldías. Y así sigue…

Leo esas opiniones en las redes y me digo; esa discusiones las he oído muchas veces, diría, desde que comenzó el Gobierno de Chávez. De pronto tengo la impresión (no puedo dejar de pensarlo) que en Venezuela la misma historia se repite sin encontrar jamás una salida. Y entonces decido poner ese mismo título a mi artículo: "El país donde la historia se repite". ¿Hasta cuándo?, me pregunto después. La respuesta solo puede ser una: hasta que no se repita más.


Este artículo apareció originalmente en el blog Mires. Se reproduce con autorización del autor.

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17 comentarios

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La Historia sí se repite. Claro, no siempre con los mismos actores. Pero se repite. Sobre todo si nos olvidamos de ella. Eso lo dijo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, George Santayana, o simplemente Santayana.
Y lo demuestran la oposición en Cuba, y la venezolana frecuentemente.
Porque una cosa es pensar de modo diferente ("La libertad es siempre la libertad de aquel que piensa diferente", Rosa Luxemburgo) y otra es la división que existe en los movimientos o agrupaciones opositoras de los dos países. La victoria de la oposición venezolana en las pasadas elecciones (sí, demostrar tan evidentemente el fraude electoral fue una victoria contundente) sólo se logró con la unión.
Eso lo sabe a la perfección la "zurdería internacional", de ahí la filosofía del divide et impera de Julio César que han hecho suyo, y el lema hipócrita "Proletarios de todos los países, uníos".

Profile picture for user José D Martínez

Lo más cierto es qué "no es necesario hacer depender el proceso nacional del apoyo internacional, como intentó hacerlo Guaidó." Soberanía es una palabra qué vale mucho. Nosotros los extranjeros podemos estar informados dé ciertos acontecimientos y tener nuestras propias opiniones privadas o públicas pero los qué deciden son los Soberanos dé x País. Eso es saber respetar.

Profile picture for user Plutarco Cuero

La lógica de Fernando Mires es como una suiza enrollada en un tobillo ...

Si alguien se ha ganado el derecho de opinar y calificar de traidores o no a la oposición que se presta para otra falsa elección, es Maria Corina Machado. Desde afuera del agua todos nadamos muy bien y si alguna nacionalidad no tiene moral para decir si ella está bien o mal, o para hablar de lucha armada, somos los cubanos, que podemos conocer de primera mano, como actúan estos regímenes totalitarios.
No votar es entregarle los escaños a la dictadura en bandeja de plata , pero votar es legitimar y aceptar unas falsas elecciones, sin dudas un gran dilema.

Si alguien se ha ganado el derecho de opinar y calificar de traidores o no a la oposición que se presta para otra falsa elección, es Maria Corina Machado. Desde afuera del agua todos nadamos muy bien y si alguna nacionalidad no tiene moral para decir si ella está bien o mal, o para hablar de lucha armada, somos los cubanos, que podemos conocer de primera mano, como actúan estos regímenes totalitarios.
No votar es entregarle los escaños a la dictadura en bandeja de plata , pero votar es legitimar y aceptar unas falsas elecciones, sin dudas un gran dilema.

Profile picture for user Weston

Obviamente el amigo Zayas (comentario más abajo), sigue siendo un hombre inteligente cuando no le tocan su punto de delirio (Donald Trump). Efectivamente, cualquier postura que tome la oposición es mala, simplemente porque los venezolanos eligieron DEMOCRATICAMENTE a Chávez, y han demostrado ser tan corruptos a través de la historia, que nunca ha existido una oposición unificada ante el chavismo.

Para mí, que vivi en Venezuela casi una década, todos estos años, han sido prueba fiel de que cada país tiene el gobierno que se merece y que la sacrosanta Democracia no funciona en América Latina.

Esto pica y se extiende, porque como dice el Bobo de la Yuca, pudieran venir futuros negocios entre los EEUU y Venezuela.

La única esperanza no es Trump, sino Marco Rubio, por aquello de que él que sabe que la dictadura cubana durará lo que dure la dictadura venezolana. Y realmente creo que Marco Rubio siente y padece por Cuba.

Profile picture for user Ana J. Faya

Repito lo dicho por Robinson con una coletilla: "No es María Corina la traidora ni la que divide, los que dividen la oposición son los líderes de pacotilla como el Capriles y los otros que les encanta figurar", quienes nunca han logrado ganarle una elección a Maduro, como sí la ganó la dupla de María Corina y Edmundo Glez. La autorización a llamarlos traidores se la ganó María Corina Machado exponiéndose públicamente en toda la campaña electoral pasada, y exponiendo con pruebas del fraude de Maduro en la arena internacional la realidad de ese régimen.

Sra. Ana :
Gracias UD. Muy Brillantemente completó mi idea, María Corina tiene en sus panties todo lo que les falta al Capriles y al resto de los opositores al Chavismo.

Profile picture for user Ana J. Faya

Es que, además, a esos opositores se les olvida que el presidente electo de Venezuela es Edmundo González, a quien Maduro ninguneó y de hecho sacó del país. Eso solo, el reconocimiento de a quién los venezolanos eligieron debe ser razón suficiente para no presentarse a estas elecciones. Yo suelo coincidir con los trabajos de Mires, pero aquí salió con un foul a las mallas, me parece.

No es María Corina la traidora ni la que divide, los que dividen la oposición son los líderes de pacotilla como el Capriles y los otros que les encanta figurar. Y por supuesto Mires un izquierdoso raza no puede menos que dar opiniones sesgadas y fuera de la realidad.

La mision de Corina Machado es enterrar lo poco que queda de opoficcion en Venezuela. Lo esta logrando con máxima nota. Bravo Corina! Hurra! Le gritan desde la Habana.
Ya lo he dicho por estos lares; hay Maduro pa siglos. Amen.

Bah,la oposición flojita venezolana no tiene c.....para entablar una lucha armada como el M -19,las FARC como sus vecinos colombianos.Lo de ellos es agitar a la población ,si hay muertos,se esconden o toman el avión al exilio.Si le sumamos que los chavistas lcompran a "opositores "ya tenemos la fotografía.Que sigan jodidos ,ellos votaron en masa por Chávez y su pandilla de corruptos.No fue como el hp de Birán,el " Cenizas" que prometió elecciones,no nacionalización,respeto a la propiedad privada , alejamiento de la ideología comunista.Por el nunca se voto,llegó a la capital habanera en un tanque con unos pocos dignos y los forajidos nonagenarios que aún quedan .En menos de un año empezó los fusilamientos de excompañeros de causa como contrarrevolucionarios y ya ven Cuba es un basurero sostenido por petroleo de los p...jos venezolanos. En mi opinión la oposición venezolanabes pura ficción,más después del reciente fraude electoral.En tanto Trump oye los pedidos de la Chevron ....

O sea, ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. De acuerdo. ?

Profile picture for user EL BOBO DE LA YUCA

?Votar o no votar? Los brasileros tienen un proverbio para el dilema actual de la oposición venezolana: "se correr o bicho pega, se ficar o bicho come" (si corres, el animal te atrapará; si te quedas, el animal te comerá). En inglés sería "dammed if you do, dammed if you don't".

Por más que nos pese reconocerlo, hay que admitir que Maduro, Cabello & Co. en poquisimo tiempo revertirán la situación en la que cayeron después del fraude evidente, y volveremos a ver a los americanos con Trump a la cabeza más interesados en hacer negocios (entiéndase comprar petróleo) que en cómo se entienden los venezolanos entre ellos.

Profile picture for user Plutarco Cuero

Bobo estás perdiendo puntos como pitonisa ... Me parece que es obvio que Maduro va a tener que buscar formas ingeniosas para vender su fango bituminoso ...

Profile picture for user JCAleman

El churre socialista de Mires es como un tatuaje en la frente, no lo puede ocultar.

María Corina no es la que divide a los opositores en traidores y patriotas, es el régimen criminal y represivo contra el que ella lleva dos décadas luchando y sin claudicar. El mismo que impone, premia o castiga no solo a los que lo aplauden, sino también a los que se le oponen.

Alguien que no sea un fanático puede realmente creerse que "con el llamado a la abstención de Machado, se aseguraría la supervivencia del régimen", solo porque una líder valiente y democrática llame traidores a un famélico grupo de probados colaboradores del régimen. Claro, eso permite al articulista combatiente, sacar del sombrero la palabrita "fascista", esa que tanto ama la lacra wokeista.

¿Quién autorizó a Machado a calificar de traidores al núcleo de lo que había sido y, en cierto modo es, la oposición venezolana? Pues, 7,443,584 votantes que eligieron deshacerse de la tirania, o sea, cerca del 68% de los venezolanos.