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Opinión

A 30 años del desplome del Muro de Berlín

'El castrismo se ha conservando como una reliquia. Esa es su justificación y nuestra vergüenza.'

Nueva York
Berlineses sobre el Muro de Berlín.
Berlineses sobre el Muro de Berlín. Getty Images

No puedo creer que hayan pasado 30 años desde que derribaran el Muro de Berlín que daría paso al derrumbe del mundo comunista en Europa Oriental y en la Unión Soviética. Recuerdo vívidamente las noticias de esos días, el júbilo de las muchedumbres que celebraban el fin simbólico de la opresión que ese muro había representado y que, casi enseguida, se traducía por el desplome de todos esos regímenes artificiales. El experimento marxista se caía a pedazos y la humanidad lo celebraba. El capitalismo se reafirmaba como símbolo del progreso. Los partidos socialistas de medio mundo se apresuraban a distanciarse de sus orígenes.

Mi amigo Wolfgang Porschen, que vivía entonces en Aquisgrán, vino a visitarme poco tiempo después y, como regalo, me trajo un fragmento del muro (aún lo conservo) que una de sus tías había arrancado con sus propias manos. Un genuino fragmento de historia: el hormigón armado con que los soviéticos habían querido construir el socialismo. ¡Qué alegría me producía ese sueño despedazado! ¡Que regocijo infundía el retorno de la razón, de las lógicas leyes del mercado, allí donde había prosperado la aberrante ilusión de la igualdad totalitaria!

Los cubanos teníamos razones para esperanzarnos. ¿Cómo pensar que el precario régimen cubano pudiera sobrevivir cuando sus principales sostenes, representados por los países del Pacto de Varsovia, habían dejado atrás la fantasmagoría socialista y reingresado en la historia real? Iba contra todo pronóstico cuerdo suponer que el castrismo podría sostenerse cuando todos sus cimientos se hundían, cuando su arbitraria y fracasada gestión se evidenciaba poco antes con la farsa del "Caso Ochoa" que culminaba con el asesinato de sus propios verdugos. Muchos abrigamos ilusiones para nuestro país, cierto es, en aquella gigantesca convulsión de hace 30 años.

Los hechos posteriores sirvieron para decepcionarnos. El castrismo decidió resistir el embate y nuestros compatriotas de adentro no tomaron ninguna iniciativa ni los estadounidenses aprovecharon la ocasión para extirpar de una vez y por todas el tumor purulento; sino que permitieron que sobreviviera y se replicara un decenio después. En la escarmentada Europa Oriental el comunismo no volvería levantar cabeza, pero en los países del llamado Tercer Mundo, especialmente en América Latina, los socialistas asaltaban el poder valiéndose esta vez de la vía electoral y reciclando sus viejas monsergas. Este bandazo regional a sinistra vendría a darle un segundo aire a la tiranía cubana por otros 20 años. ¡Quién lo habría imaginado!

El castrismo se ha conservando como una reliquia. Esa es su justificación y nuestra vergüenza. Se trata de una enfermedad que ha terminado por hacerse crónica y que ha emponzoñado la médula de un pueblo noble hasta la más abyecta desfiguración, como para que no creamos en la posibilidad de alguna redención, como para que —los que vivimos fuera— no anhelemos volver. La excepcionalidad de Cuba se fundamenta en su propio fracaso: en la incapacidad de los que mandan de gobernar medianamente bien, y en la incapacidad de los mal gobernados de exigir sus derechos, en el profundo escepticismo en el destino nacional que se les inculca a todos desde "arriba".

El único buen anuncio que puede hacerse es que el socialismo es un mal incurable y una desgracia irredimible. De ahí que en Cuba no habrá ni un atisbo de prosperidad ni de equidad social, ni de libertad, desde luego —que es elemento imprescindible para la feliz convivencia de los seres humanos—, hasta que la estructura de ese poder absurdo se desmorone, al igual que ocurrió hace 30 años con el infame Muro de Berlín.

6 comentarios

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Profile picture for user padre Ignacio

Lo único que puede pasar es que algún militar se vuelva loco y les ajusticie y el chance es casi nulo, tengo información de que los cazas cubanos hacían entrenamientos desartillados, o sea que el chance de meterles un cohetazo es prácticamente nulo, la otra es que los Gringos le metan una operación quirúrgica, pero a ellos eso no les trae ninguna ganancia al contrario después se tienen que echar el muerto de la reconstrucción arriba. Cuba es un feudo, propiedad de la familia Castro, que pasara de generación en generación y la única esperanza de los mulatos es huir, en eso EU les ayuda muchísimo. Los pueblos no pueden contra un ejercito que no le aguanta 12 horas al ejercito norteamericano, pero si es lo suficiente para mantenerlos a raya, eso mas el terrorismo de estado ejercido por la banda terrorista del MININT, sumado a la desinformación y adoctrinamientos sistemáticos, a lo cual se le agrega la falta de separación de poderes,échenle guindas al Pavo

"... El castrismo decidió resistir el embate y nuestros compatriotas de adentro no tomaron ninguna iniciativa..." Ni los cubanos de afuera igual nada hicieron, saben por qué? Porque somos estás cobardes que solo sabemos huir.

La solución aunque suene bruzca debe ser o una intervención panamericana o una operación quirúrgica de fuerzas especiales de varios países -aunque sea simbólico- con los EE.UU. al frente. Lo otro es alargar la agonía y el sufrimiento de todo un pueblo.

Profile picture for user pim-pam-pum

¡Cuántas esperanzas se perdieron al poco tiempo! La Europa comunista se iba al garete y Cuba seguía en lo mismo. Recuerdo que tuve la idea de que al fin regresaría a mi patria, el tiempo demostró que eso es imposible, ya lo de allá no tiene arreglo.

Bravo, Vicente!

Profile picture for user Amadeus

Muy bueno por Echerri. Es cierto, la "Gran Oportunidad" se les escapó a los cubanos en 1989, anestesiados y con la moral y la dignidad capada. Ahora seguir aguantando quién sabe cuántos años más. Esperanzas, ninguna.