Durante más de medio siglo, el régimen cubano ha logrado proyectar una imagen épica y moralmente legitimada de sí mismo, mientras consolidaba un modelo represivo y excluyente. Esa contradicción, así como las redes políticas, académicas y culturales que la han hecho posible, serán algunos de los temas que abordará el politólogo Armando Chaguaceda en el III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", que se desarrollará en Madrid, los días 1 y 2 de junio.
Doctor en Historia y Estudios Regionales e investigador en Gobierno y Análisis Político AC (GAPAC), Chaguaceda ha dedicado parte de su trabajo al estudio de los mecanismos contemporáneos del autoritarismo y de las formas de influencia política desarrolladas por regímenes como el cubano.
Su intervención, titulada "Una Cuba democrática frente a la agenda autoritaria en la región", se producirá en la mañana de la primera jornada del foro, en una mesa dedicada a la identidad de la nación y a la redefinición del proyecto nacional.
El problema del castrismo no termina en las fronteras de la Isla, advierte Chaguaceda. "Es importante discutir el problema de la influencia autoritaria cubana en la región y más allá, en el mundo, para la propia transición cubana y para el estado de la democracia y la paz en América Latina y en el mundo", señala.
Al mismo tiempo, llama la atención sobre la capacidad del régimen para construir legitimidad internacional en distintos espacios y entiende que "el desafío principal en este tema es la larga influencia que ha tenido Cuba en ámbitos de sociedad civil, de academia, de medios de comunicación, de clase política, del mal llamado progresismo de las izquierdas, aunque no solo de las izquierdas en Occidente y en lo que se llama el sur global".
En su opinión, uno de los errores más frecuentes ha sido subestimar el alcance de esa influencia debido al deterioro económico y material del país. Sobre ello argumenta que "seguir leyendo la influencia del Estado cubano a partir de que es un país pobre demográfica, económica y militarmente es un error, porque es una potencia diplomática y de influencia autoritaria, aun cuando depreda a una población y a una isla llevadas hasta el límite".
Para explicar este fenómeno, el investigador utiliza una comparación con Corea del Norte, un país igualmente empobrecido que ha destinado gran parte de su capital a desarrollar armamento nuclear. "Cuba, en el corazón de Occidente, no podía hacer eso al lado de Estados Unidos; simplemente apostó a que el arma nuclear de Cuba es el sharp power. Es la influencia en el mundo de las ideas, de la influencia política y de la diplomacia".
Según expone, ese capital simbólico le permite al régimen "legitimar su imagen, boicotear o impedir acciones conjuntas y colectivas de sanción que ayuden a una transición, y descalificar cualquier labor opositora, presentándola como una oposición violenta, mercenarista y reaccionaria".
La dimensión intelectual de ese fenómeno ocupa un lugar central en su reflexión. Armando Chaguaceda insiste en que la influencia cubana no opera únicamente desde estructuras estatales tradicionales, sino también mediante redes académicas, espacios universitarios, movimientos sociales y organizaciones internacionales.
"Estos aspectos del debate sobre Cuba vinculados a su influencia intelectual, como son muy específicos, tienen que ver con el número de universidades en las que influyen, la cantidad de grupos de solidaridad, las alianzas con liderazgos de movimientos sociales que son bien vistos, pero que cuando llegan al poder se convierten en lo que siempre fueron: aspirantes a dictadores", añade.
En ese contexto, introduce algunas preguntas incómodas para el ámbito académico democrático: "¿Cómo es posible que la academia formada en democracia (...) justifique esto? ¿Cómo es posible que exista una entidad como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), que es la mayor red de instituciones de ciencias sociales del hemisferio, financiada incluso con recursos europeos, y cuyas directivas, durante cinco períodos consecutivos desde inicios de los años 2000, han apoyado a la dictadura cubana?".
Su crítica alcanza también a sectores intelectuales cubanos que, afirma, han preferido guardar silencio frente a esas dinámicas de legitimación: "¿Qué pasa con los intelectuales y los académicos que, por tener una carrera exitosa, por miedo al bullying del régimen cubano y de sus aliados dentro de la academia, nos replegamos y no damos esta pelea por defender los espacios del país del que nos echaron y del país donde estamos viviendo?".
No obstante, Armando Chaguaceda considera que el escenario internacional está cambiando. Observa una creciente erosión del relato romántico construido alrededor de la Revolución Cubana y una percepción cada vez más extendida sobre el carácter reaccionario del régimen.
"Creo que se va ganando más conciencia internacional sobre que Cuba no es una revolución, sino un régimen muy reaccionario; sobre que Cuba es un peligro, no solo para la propia población cubana, sino para el hemisferio", advierte.
"Ya tenemos la experiencia venezolana: ¿cómo Cuba pudo hacer un proceso de colonización por invitación a un país infinitamente más poblado, más rico y más grande, y apoyó a un sector de su clase política para convertirlo en una dictadura?", añade como prueba de esa capacidad de expansión autoritaria.
El politólogo considera que los aportes que puede hacer en espacios como el Foro DDC son "compartir nuestros trabajos, que son resultado de un monitoreo con datos precisos, de mapeos de actores y relaciones de esta influencia autoritaria de Cuba, y proponer rutas para contrarrestar esto a través de la cooperación entre académicos, universidades y entidades de la sociedad civil democrática".
Podrás seguir su intervención y las de la treintena de expertos en diferentes áreas que participarán en el foro a través de nuestra página web, nuestro canal de YouTube y demás redes sociales. Las sesiones quedarán online para que también puedas verlas en diferido.
Consulta aquí el programa del III Foro DDC: "Para la Cuba de Mañana"