Si analizamos la trayectoria económica del castrismo a lo largo de estas más de seis décadas en el poder nos encontramos con que los bandazos o giros inesperados entre las distintas estrategias de dirección han estado a la orden del día. Siempre han oscilado entre la dirección centralizada y las palancas de mercado. Aunque la predilección de la jerarquía gobernante se ha inclinado casi siempre por las primeras, no han dudado en acudir a las segundas cada vez que el agua le llega al cuello.
Cuando en 1975 decidieron descartar las tesis guevaristas de centralización económica y adoptar las tímidas herramientas del mercado contenidas en el sistema de Cálculo Económico, muchos pudieron pensar que esa sería una estrategia permanente para dirigir la economía cubana, máxime tomando en cuenta que ese método se aplicaba en la Unión Soviética y otros países de Europa oriental.
Sin embargo, apenas diez años después, atemorizados por el auge de la perestroika gorbachoviana, los gobernantes cubanos optaron por rectificar los "errores" del Cálculo Económico, y retomaron la política de planificación centralizada, alegando que los mecanismos económicos por sí solos, sin la participación de medidas para fortalecer la conciencia del hombre, no garantizaban la construcción del socialismo.
Pero esa vuelta a las prédicas guevaristas no duraron mucho, pues ya en los primeros años 90, con el advenimiento del "Periodo Especial en Tiempo de Paz", el castrismo echó mano nuevamente a mecanismos de mercado, esta vez incluso con mayor profundidad que en 1975, en aras de evitar el colapso definitivo del régimen.
Sin embargo, hacia finales de esa década, tras advertirse una mejoría en la situación de la economía, los mandamases cubanos, de manera gradual, fueron cancelando algunos de los espacios del mercado, e impusieron trabas al trabajo por cuenta propia, el cierre de varios mercados agropecuarios de oferta-demanda, así como la obstaculización de la inversión extranjera. Todo con ese enfermizo propósito de controlar y no perder el control sobre la economía.
De igual manera, durante el mandato de Raúl Castro y de su heredero Díaz-Canel se han ido alternando medidas de centralización y descentralización, que no han permitido visualizar una estrategia definida de dirección de la economía. La denominada "actualización del modelo económico", alentada por el benjamín del poder, fue una de ellas. Según ha declarado el propio Díaz-Canel, muchas de las medidas comprendidas en el reciente paquete de las 176 transformaciones fueron estudiadas durante mucho tiempo, en los congresos del Partido y otras instancias, pero sin llegar a consenso en cuanto a su materialización.
Durante ese periodo, incluso, algunos investigadores oficialistas como Camila Piñeiro Harnecker se manifestaban en contra de la liberalización de las fuerzas productivas: "Apelando a la empresa privada y al mercado no construimos el tipo de hombres y mujeres que construyen la sociedad socialista, y avanzamos hacia una racionalidad que terminará por desechar el horizonte socialista" (Repensando el socialismo cubano, Ruth Casa Editorial, 2013).
Solo ahora, cuando el atolladero económico y financiero en que se debate la nación no aguanta más, es que el castrismo se decide a adoptar medidas más audaces que privilegian el mercado con el objetivo de mantener a flote a la economía.
No obstante, hay señales de que tales medidas podían ser solo temporales, y en el fondo mantener el control del Gobierno sobre la economía. Primero fueron la creación de mecanismos gubernamentales para velar por el trabajo de los actores no estatales y las empresas, como el Instituto Nacional de Actores no Estatales y el Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales, respectivamente. Y más recientemente los topes de precios anunciados ya en varios territorios, e incluso el control sobre los márgenes comerciales —que en la práctica funcionan también como topes de precios— llevados a cabo en algunas provincias del país, indican que el régimen se niega a dejar de interferir en el desempeño de la economía.
No es descartable entonces que en el futuro esa interferencia se transforme en otro periodo guevarista de predominio de la planificación centralizada de la economía cubana.
Estas 176 medidas las han lanzado para alimentar alguna posibilidad de diálogo con el Departamento de Estado, pero no es viable implantar de golpe el capitalismo en un país con economía centralizada, porque debe haber un cambio importante de pensamiento en la gente y en la propia burocracia.
esta gentuza seria capaz de dejar que la gente fuera feliz ...pero controlandole la felicidad o poniendole tope como a los precios
LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU. LA MEJOR SOLUCIÓN: CUBA ESTADO 51 DE EEUU.