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Turismo

Confirmado oficialmente: 2025 fue un año terrible para el turismo en Cuba

Cuba recibió 1,8 millones de visitantes internacionales, un 17,8% menos que en 2024, y la primera parte de la actual temporada alta fue anémica.

La Habana
Tres turistas en un local en La Habana Vieja.
Tres turistas en un local en La Habana Vieja. Diario de Cuba

Tal como se anticipó, 2025 terminó siendo un año desastroso para el turismo internacional en Cuba, uno de los sectores que el régimen sigue presentando como tabla de salvación económica. Según cifras oficiales publicadas por la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), la Isla recibió 1,8 millones de visitantes internacionales, un 17,8% menos que en 2024, cuando se contabilizaron algo más de 2,2 millones.

Los datos, expuestos por el economista Pedro Monreal en X, confirman que el discurso oficial sobre la recuperación del turismo carece de sustento. No solo el año cerró muy por debajo de las expectativas del propio Gobierno, sino que diciembre de 2025 registró el peor comportamiento para ese mes en los últimos cuatro años, evidenciando una temporada alta débil desde su inicio en noviembre.

De acuerdo con el informe de la ONEI, hasta diciembre arribaron a la Isla 2.604.092 viajeros en total, una categoría más amplia que incluye otras modalidades de entrada, lo que representa apenas el 86,6% del nivel alcanzado en 2024, es decir, 404.621 viajeros menos. Dentro de ese total, los visitantes internacionales —el indicador clave para el sector turístico— sumaron 1.810.663, equivalentes al 82,2% del año anterior, con una caída interanual de 392.454 personas.

Diciembre confirma el retroceso

Las estadísticas mensuales muestran que diciembre, tradicionalmente uno de los meses más fuertes del turismo en Cuba, cerró con cifras inferiores incluso a las de años marcados por la pandemia y sus secuelas. El dato refuerza la idea de una temporada alta "anémica" —como la definió Monreal— incapaz de revertir la tendencia negativa acumulada durante el año.

El gráfico oficial de la ONEI revela que las llegadas mensuales de 2025 se mantuvieron sistemáticamente por debajo de las de 2023 y 2024, sin lograr un repunte sostenido en ningún momento del año.

Caídas en los principales mercados

El desglose por países confirma un deterioro generalizado. Canadá, el principal mercado emisor, pasó de 860.877 visitantes en 2024 a 754.010 en 2025, una caída de más del 12%. La comunidad cubana en el exterior también redujo sus viajes a la Isla, de 294.816 a 228.091.

Especialmente significativa resulta la contracción del turismo procedente de Rusia, uno de los socios políticos del régimen: los visitantes rusos descendieron de 185.816 a 131.882, apenas el 71% del nivel del año anterior. Algo similar ocurrió con Estados Unidos, España, Francia y Alemania, este último mercado con una caída de casi el 50%.

Solo algunos países, como Argentina y Colombia, mostraron incrementos modestos, insuficientes para compensar el desplome general.

Sin cambios profundos, colapso irreversible

A inicios de enero el economista Emilio Morales describió en un artículo publicado en DIARIO DE CUBA un panorama profundamente deteriorado del turismo en Cuba, al que considera al borde del colapso total. Para el analista, la industria turística se ha hundido no por factores coyunturales, sino por errores estructurales y decisiones estratégicas fallidas tomadas por el conglomerado militar GAESA, que controla la mayor parte de la economía.

Morales sostiene que el país apostó de manera desproporcionada por la construcción de hoteles y megaproyectos turísticos, aun cuando el destino Cuba ya mostraba señales claras de pérdida de atractivo. Esa estrategia, según el análisis, desvió recursos esenciales de sectores críticos como la energía, la salud, el transporte, el agua, la agricultura y la producción de bienes, provocando un efecto dominó de colapsos simultáneos.

El autor describe un país sumido en una crisis humanitaria, con servicios básicos en ruinas, hospitales sin insumos, epidemias fuera de control, deterioro urbano, inseguridad creciente y una emigración masiva de profesionales. Morales considera que todo ello ha erosionado la imagen de Cuba como destino seguro y deseable, llevando a que turoperadores y aerolíneas abandonen la Isla y a que gobiernos extranjeros emitan alertas de viaje.

Morales afirma que Cuba se ha convertido en un lugar donde "nadie quiere viajar" comparándola con el "infierno", y subraya que el turismo no puede prosperar en un entorno marcado por el deterioro social, la falta de servicios esenciales y la ausencia de condiciones mínimas para los visitantes.

Finalmente, advierte que, si no se producen cambios profundos, el país podría enfrentar un colapso definitivo de su industria turística, ya que las condiciones actuales hacen prácticamente imposible una recuperación.

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