La cadena española Meliá Hotels International continúa expandiendo su presencia en Cuba, a pesar del desplome sostenido del turismo en la Isla y las advertencias sobre el entorno operativo. Desde julio, la compañía asumió la administración del Hotel Gran Bristol, una instalación habanera hasta ahora bajo gestión de la exclusiva marca suiza Kempinski, informó Reportur, citada por la revista oficial Excelencias.
El inmueble, ubicado en las inmediaciones del Capitolio Nacional, fue diseñado con un estilo Art Deco que remite a los años 30 y dispone de 162 habitaciones. Su incorporación eleva el número de hoteles operados por Meliá en la capital cubana, consolidando así su posición como socio extranjero preferente del régimen cubano en el sector turístico.
El Gran Bristol había sido gestionado por Kempinski desde 2020, el segundo hotel de esa firma en Cuba, después del Gran Hotel Manzana, inaugurado en 2017 como la primera incursión de la marca en América Latina.
En su más reciente informe semestral, Meliá calificó la situación del sector turístico cubano como "retadora" y señaló como principales obstáculos la crisis energética, los problemas logísticos para importar suministros esenciales y el impacto negativo de la imagen internacional de la Isla. El informe también aludió a la influencia de las redes sociales, donde proliferan denuncias sobre escasez, inseguridad y deterioro de la infraestructura.
Pese a este panorama, la cadena española logró obtener autorización oficial para operar una empresa importadora propia, destinada exclusivamente a abastecer sus instalaciones. Este privilegio contrasta con la realidad del resto del país, donde escasean productos básicos incluso en hoteles gestionados por firmas extranjeras.
Aunque Meliá reconoce caídas en indicadores clave, como la tarifa media por habitación (con un descenso del 8,3%) y los ingresos por habitación disponible (que bajaron un 20,8% en el primer trimestre de 2025), la empresa dice apostar por fortalecer su mercado tradicional —el canadiense— y captar demanda local, ante la disminución de vuelos desde otros destinos.
La situación del turismo en Cuba sigue siendo crítica. Según datos de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la ocupación hotelera nacional en el primer trimestre de 2025 fue de apenas 24,1%, una cifra alarmante si se considera que corresponde a la temporada alta.
El propio balance de Meliá indica que la ocupación de sus instalaciones en la Isla se mantuvo en el 40,5%, una caída respecto al año anterior. En términos absolutos, hasta junio de este año Cuba había recibido a 981.856 visitantes internacionales, lo que representa 327.799 menos que en igual período de 2024.
La tendencia descendente persiste desde la pandemia. En 2024, Cuba logró atraer 2,2 millones de turistas internacionales, por debajo de los 2,4 millones de 2023 y lejos de los 4,6 millones de 2018 o los 4,2 millones de 2019, años en los que se alcanzaron cifras récord.
El turismo continúa siendo una de las fuentes principales de divisas para el Gobierno cubano, solo por detrás de los servicios médicos exportados y las remesas. Por ello, a pesar de la caída de visitantes, el régimen y sus socios empresariales mantienen sus apuestas en el sector, mientras ignoran o minimizan las causas estructurales del declive: represión política, deterioro económico, falta de transparencia y creciente aislamiento internacional.
¿Qué tendrá Meliá para ser tan "servicial"?
A Meliá ,se le debían decomisar todas sus propiedades u hoteles en usufructo en la isla y prohibición permanente de inversión en la isla por violación de derechos laborales fundamentales y apoyo a los verdeolivos.