Pese a que al menos 19 cubanos han muerto bajo custodia del régimen por falta de atención médica durante 2026, según el subregistro del grupo de asesoría jurídica Cubalex, la negligencia de las autoridades continúa prevaleciendo en las cárceles. Así lo demuestran las recientes denuncias de las madres de los presos políticos cubanos Luis Emilio Cabrera Díaz y Ibrahim Domínguez Aguilar, quienes no estarían recibiendo el tratamiento o el diagnóstico que necesitan.
Cabrera Díaz, quien cumple una condena de 12 años de privación de libertad por participar en las protestas antigubernamentales de julio de 2021, padece soriasis, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel. Su condición se ha agravado en estos cinco años de encierro en la prisión camagüeyana de máximo rigor Kilo 9, conocida como "La Disciplinaria".
"De la rodilla para abajo tiene excoriaciones, los pies podridos, reventados, destilando humor", describió su madre, Norma Díaz Hurtado, al medio estadounidense Martí Noticias.
"En cinco o seis ocasiones ha estado ingresado. En el tiempo que lo tienen en el hospital de la prisión, le suministran los medicamentos y ya después no. A hospitales civiles nunca lo han llevado", añadió.
La semana pasada, la mujer publicó un escrito dirigido a la Seguridad del Estado en su página de Facebook, exigiendo atención médica para su hijo y recordando que ese es un derecho de todos los cubanos.
La mujer afirmó que el deterioro de Cabrera Díaz "es visible a la vista de cualquiera" y criticó que a los agentes de la Seguridad del Estado no les importe "la salud de un hombre que no robó, ni mató".
"¿Hasta cuándo tengo que pedir por la salud de mi hijo?", cuestionó la mujer y exigió que, como el régimen no lo va a liberar, al menos le brinde atención médica, que es "un derecho que tenemos todos los cubanos".
Ibrahim Domínguez Aguilar, quien fue condenado a diez años de cárcel por participar en las protestas del 11J, al igual que Cabrera Díaz, lleva 12 días con un intenso dolor pélvico. Fue llevado al hospital, pero luego fue devuelto a la prisión de Boniato, donde cumple su sanción, sin haber recibido diagnóstico, difundieron en Facebook los creadores de contenido Yau ASalcedo y Yois Ramos, quienes se hicieron eco de la denuncia de la madre del recluso, Mercedes Aguilar.
"Mi hijo lleva días con un dolor fuerte. Tuve que ir a la Seguridad del Estado a pedirle que me sacaran a mi hijo para un hospital. Lo llevaron. Le hicieron análisis y todos dieron negativo, pero sigue el dolor ahí, que no se puede sentar, no se puede acostar", contó la mujer a Martí Noticias.
"Los médicos dijeron que le hicieran un seguimiento. No le han hecho nada. He pedido que lo ingresen para ver qué tiene mi hijo. Yo estoy desesperada pero no importa la vida de los presos políticos", criticó.
"Hace falta que lo atiendan, que lo pasen por el somatón. Los médicos que lo vieron, los especialistas, lo atendieron muy bien, pero no saben de qué es el dolor y el dolor sigue", lamentó la madre del prisionero político.
Sola con un niño autista: las consecuencias de la reclusión de Yasmany González Valdés para su esposa
A los estragos físicos y psíquicos que sufren los presos políticos en Cuba se suman los que sufren sus familias y el caso de Ilsa Ramos, esposa del rapero contestatario y preso político Yasmany González Valdés, es un ejemplo.
El rapero fue arrestado en mayo de 2023. Diez meses más tarde fue condenado a cuatro años de cárcel por propaganda enemiga. Su encarcelamiento dejó Ramos sola con un niño autista, que la golpea, según relató ella en un video publicado en su página de Facebook.
"Mi niño, desgraciadamente, me va a matar porque ya no aguanto tantos golpes, porque no tengo la fuerza para resistir eso", expresó desesperada.
Su hijo mayor no siempre consigue contener al menor autista, que agredió incluso a la mujer que lo cuidaba. El único que lograba controlarlo era González Valdés.
La desesperación de Ramos es mayor debido al estado de salud de su esposo, a quien encontró con fiebre alta y sin atención médica ni medicamentos durante una visita reciente al Combinado del Este, donde está recluido.
González Valdés recibió el primer pase carcelario en mayo de 2026, cuando había cumplido más de la mitad de su sanción. A los pocos días fue devuelto a la prisión, como represalia por mostrar en Facebook las secuelas físicas que le ha dejado la cárcel.
El Centro para una Cuba Libre exige que las cárceles de Cuba sean inspeccionadas por organismos independientes
El director del Centro para una Cuba Libre, John Suárez, exigió que el régimen cubano permita el acceso del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a sus cárceles, donde, según las autoridades de Cuba, no hay presos políticos, en un texto publicado el domingo en Diario de Las Américas.
El activista exiliado señaló que ese organismo pudo inspeccionar las prisiones de Cuba por última vez en 1989, un hecho que contrastó con las más de 100 visitas que ha realizado al centro de detención de la Base Naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo desde 2002.
"El único territorio de la isla de Cuba donde las condiciones carcelarias son inspeccionadas de forma independiente es la zona controlada por Estados Unidos", subrayó Suárez.
El autor mencionó varios ejemplos que han demostrado a lo largo de la historia la importancia de las inspecciones del CICR para visibilizar la situación de los prisioneros políticos.
En el caso de Polonia, recordó que la organización "obtuvo acceso en enero de 1982 y visitó a 4.851 personas encarceladas en 24 centros a lo largo de ese año, realizando tres visitas a Lech Walesa".
"Los delegados entrevistaron a los detenidos sin testigos, presentaron cientos de solicitudes de liberación por motivos médicos (muchas de las cuales fueron aprobadas) y distribuyeron ayuda", rememoró.
En Chile, "el acceso temprano del CICR salvó vidas y fundamentó el caso contra (Augusto) Pinochet", destacó el director del Centro para una Cuba Libre.
"Exigir el acceso del CICR no es una petición de carácter técnico; es una exigencia de transparencia. La historia demuestra que la transparencia —combinada con la presión constante de la diáspora y el apoyo material sostenido a las víctimas de la represión— es la vía por la que las sociedades cerradas terminan por abrirse", concluyó John Suárez.