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Presos Políticos

El preso político Walfrido Rodríguez Piloto depone la huelga de hambre luego de más de 30 días

Mientras, organizaciones de derechos humanos denuncian las condiciones deplorables de los centros penitenciarios.

La Habana
El preso político cubano Walfrido Rodríguez Piloto.
El preso político cubano Walfrido Rodríguez Piloto. Cubanet

El calvario de las cárceles cubanas lastra de forma significativa la dignidad de los reclusos, con especial incidencia en los presos políticos. Como método para denunciar estos abusos, el opositor Walfrido Rodríguez Piloto se declaró en huelga de hambre a finales de abril y esta semana, con su salud notablemente debilitada, abandonó la protesta y "decidió seguir viviendo", según dijo el activista José Díaz Silva a Martí Noticias.

Rodríguez Piloto, quien cumple una condena de diez años en la Prisión de Jóvenes de Occidente, conocida también como Ivanov, en el Cotorro (La Habana), había sido trasladado a la sala de penados del Hospital Enrique Cabrera. Según Díaz Silva, "llegó a ese centro de salud en estado delicado, muy delgado y conectado a suero".

En el hospital, además, "permanecía esposado a una cama, extremadamente débil y bajo fuerte vigilancia", agregó.

El preso político, arrestado por su participación en las protestas del 11J en la localidad de El Palenque, municipio La Lisa (La Habana), es miembro del Movimiento Opositores por una Nueva República (MNOR), organización liderada por Díaz Silva.

Organizaciones denuncian el pésimo estado de las cárceles

Mientras la sociedad cubana se hunde cada vez más en la miseria, el escenario en las prisiones es aún peor, según denuncias de organizaciones como Justicia 11J y el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas (CDPC).

Así, Marta Perdomo, madre del preso político Nadir Martín Perdomo, denunció las condiciones en las que está recluido su hijo en un campamento de trabajo de la prisión de Quivicán (Mayabeque), un entorno en el que ha empeorado su salud, según un video compartido por Justicia 11J.

Martín Perdomo "tiene bronquitis, lo que se suma a otras condiciones de salud provocadas o agravadas por su encierro que lo afectan física y psicológicamente", sostuvo.

Al propio tiempo, Sonia Álvarez Campillo, madre de la presa política Saylí Navarro, recluida en la cárcel de mujeres La Bellotex (Matanzas), denunció que las presas en el cubículo de su hija "no pueden dormir por la cantidad de chinches que hay en los colchones".

Según relató a Martí Noticias, las internas permanecen expuestas constantemente a plagas y contagios sin recibir respuestas efectivas por parte de las autoridades penitenciarias.

Mientras, el adolescente cubano Jonathan Muir Burgos, encarcelado desde marzo por participar en una protesta antigubernamental en Morón, llegó a su cumpleaños 17 estando en prisión, mientras sus condiciones de reclusión se agravan a diario y la enfermedad de la piel que padece se ha visto incrementada "por el hambre, la falta de higiene, la infestación de chinches", así como por la "ausencia total de atención médica adecuada", denuncia su familia, citada por Martí Noticias.

En este contexto, "las personas privadas de libertad por motivos políticos enfrentan un escenario de extrema vulnerabilidad, donde el miedo y el control psicológico se utilizan como herramientas sistemáticas de castigo dentro de los penales", subrayó el grupo de asesoría legal Cubalex.

Al hilo de lo anterior, enfatizó: "El contexto actual del país, marcado por el aumento de las tensiones bilaterales y la militarización del régimen, incrementa los riesgos para los prisioneros políticos. Lejos de ser advertencias aisladas, las autoridades han reactivado con fuerza la práctica de amenazar directamente a estas personas con ejecutarlas ante un eventual conflicto bélico con EEUU".

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