La vida de los presos políticos cubanos es un permanente calvario. Para denunciar las condiciones inhumanas en las que se encuentran, al menos diez de ellos permanecen en huelga de hambre, siendo el caso más crítico el de Yosvany Rosell García Caso, quien cumple este lunes 26 días en inanición voluntaria y cuya vida corre un riesgo inminente, denunció este domingo su esposa, Mailin Sánchez, en su perfil de Facebook.
"Su estado de salud es grave; si coge el virus este (en referencia a la circulación descontrolada de varias enfermedades en el país), en su condición, me lo mata. Donde se encuentra, en la prisión todavía, hay mosquitos. No quiero excusas ni justificaciones", enfatizó y pidió fe de vida de García Caso.
En tal sentido, la Embajada de EEUU en Cuba escribió en su perfil de Facebook: "Condenamos los abusos y malos tratos que sufren los presos políticos en las cárceles del régimen cubano. Es alarmante que presos del 11J como Yosvany Rosell García están en huelga de hambre manifestándose en contra de los constantes abusos". "Nos unimos a su exigencia de liberación para todos los presos políticos", recalcó.
Asimismo, el activista Edesio García resaltó que "no es la primera vez que este preso político se ejercita en esta presión contra la dictadura" y, por ello, "mañana podría morir", denunció.
La situación de García Caso, sin embargo, no es aislada, toda vez que también se encuentran en huelga de hambre los presos políticos José Antonio Pompa López, Josiel Guía Piloto, Lázaro Piloto Romero, Adrián Fernando Domínguez, Daniel Alfaro Frías, Aníbal Palau, Walfrido Rodríguez Piloto, Onaikel Infante y Óscar Corría Sánchez.
"Están aislados e incomunicados. Sus familiares no conocen su situación actual, excepto en el caso del prisionero político Yosvani Rosell García Caso, a quien las autoridades penitenciarias permitieron que su esposa visitara para conminarlo a abandonar la huelga de hambre", dijo el activista y líder sindical Iván Hernández Carrillo.
La maquinaria judicial como patrón represivo
Además de reprimir a los presos políticos a tal punto que las huelgas de hambre sean su única vía para protestar, la Seguridad del Estado continúa utilizando la maquinaria judicial para reprimir, como lo evidencia la condena reciente al preso político Manuel de Jesús Rodríguez García.
Así, según recogió Martí Noticias, su madre, Nilda García, "denunció la fabricación de pruebas y la coerción del Estado sobre el sistema judicial que lleva a que los testimonios de los testigos sean desestimados si contradicen la postura del Gobierno".
"Fue criminal, porque ahí los testigos lo que hicieron fue defender a mi hijo. La abogada dijo que a mi hijo no se le podía poner esa causa porque no había motivos como para eso, porque todo el mundo había sido claro y él en ningún momento le pegó al guardia. Él discutió por sus derechos y, cuando el hombre lo fue a tocar, él le quitó la mano y más nada. Eso fue lo que sucedió", detalló.
"En los últimos días, la situación de Manuel de Jesús Rodríguez García vuelve a evidenciar este patrón de persecución estatal: ha sido objeto de nuevas maniobras represivas destinadas a mantener bajo control y silenciar su voz. Las autoridades cubanas están utilizando el sistema penal como un instrumento de intimidación, imponiendo medidas disciplinarias y restricciones extremas que buscan, básicamente, quebrarlo física y emocionalmente", dijo Juan Carlos Vargas, director ejecutivo del Centro de Denuncias de la Fundación para la Democracia Panamericana.
Vargas señaló que "la incomunicación, las amenazas y las represalias por cualquier gesto de inconformidad revelan un mecanismo diseñado por la dictadura para castigar el pensamiento crítico y enviar un mensaje de temor al resto de la sociedad".
Así, el régimen crea las condiciones para que los reos se declaren en huelga de hambre en señal de protesta y luego, cuando se declaran en tal condición, los sigue reprimiendo, con más fuerza si cabe, por haberles plantado cara.
En tal sentido, la directora del CDPC, Camila Rodríguez, enfatizó que "el sistema penitenciario cubano es hoy un espacio de degradación humana y represión política. No se trata de fallas aisladas, sino de una política estructural de castigo y silencio que requiere una respuesta internacional firme".