El escritor, periodista independiente y prisionero político cubano José Gabriel Barrenechea Chávez se ha echado la culpa por no haber podido decir adiós a su madre, Zoila Chávez, aunque fue el régimen el que le impidió despedirse cuando ella aún respiraba.
En un texto escrito desde la cárcel La Pendiente, de Santa Clara, donde se encuentra recluido, y publicado por el medio independiente 14 y medio, Barrenechea Chávez evocó a su madre y a su hogar, al que afirmó deberle "eso poco de lo que puedo enorgullecerme".
En ese hogar, "el corazón y el cerebro, los brazos y hasta los pulmones" era Zoila Chávez, quien según contó su hijo en su texto, tenía las manos gastadas de lavar para la calle y de tanto limpiar.
Antes del 8 de noviembre, cuando el periodista fue arrestado por participar una protesta por un largo apagón y ella se hundió en una angustia de la que solo pudo salir al morir, el pasado 4 de mayo, Zoila Chávez tuvo que enfrentar la pérdida de otro hijo, el hermano de José Gabriel, contó él en su texto.
"La muerte de mi hermano la sumió en el mundo de la tristeza y la añoranza, del que, en verdad, nunca estuvo muy lejos. Pero fue en los últimos seis meses de vida en que su sufrimiento escaló hasta convertirse en calvario", escribió José Gabriel y asumió la culpa por esa tristeza.
"La culpa es mía. Porque a sabiendas del país en que me tocó vivir, cometí el gravísimo crimen de unirme a mis vecinos en el reclamo cívico de corriente eléctrica", se recriminó el preso político.
"Es cierto que si lo hice fue porque me angustiaba verla cada noche en medio de las tinieblas, sin poder visitar a nadie, sin su televisor y sus novelas de abuelas turcas, encerrada en su tristeza; o porque yo ya no sabía con qué iba mañana a hacerle el café, o calentarle el agua de su aseo matutino. Mas ello no justifica la realidad de sus últimos seis meses, en que por creerme que vivía en un país diferente la dejé todavía más sola, más envuelta en las tinieblas y tristezas de una noche interminable, en la cruz en que un impensado impulso mío la trepó", se fustigó el periodista.
"No pude despedirme de ella, no pude pedirle que me perdonara y recibir su bendición", lamentó Barrenechea Chávez. "No pude contarle cómo, tras tantos años de negarme a la verdad, he entendido por fin lo que en realidad es esencial en el mundo humano: su fundamento es quienes, entre sufrimientos y alegrías, nos paren, nuestras madres".
"Ella, lo sé, me perdona y sigue velando por mí. Desde ese mejor lugar al que trato de merecer ir yo también, algún día", concluyó el periodista.
Zoila Chávez falleció a los 84 años. Padecía un cáncer de vejiga con metástasis en la uretra y los riñones, que la mantuvo encamada durante sus dos últimas semanas de vida.
El 21 de abril había recibido una transfusión de sangre, ya que sufría constantes sangrados que hicieron descender su hemoglobina. Ese día, según la familia, "los médicos no dieron esperanza de mejoría y la enviaron a la casa". Desde entonces, su estado se fue deteriorando progresivamente. En sus últimos días, necesitó suero y oxígeno. En las 48 horas finales, dejó de comer y ya no respondía a estímulos.
"En sus momentos finales solo llamaba a su hijo, casi como un susurro, decía su nombre, Gabi, como cariñosamente lo llamaba", relató una fuente familiar al medio independiente Cubanet, tras la muerte de Zoila Chávez.
Durante los últimos seis meses, ella vivió en soledad y profunda tristeza. Por exigir pacíficamente el restablecimiento del servicio eléctrico, Barrenechea Chávez recibió la medida cautelar más severa, la prisión provisional. La Fiscalía solicitó una condena de entre tres y ocho años de prisión por el presunto delito de "desorden público".
En una entrevista con Cubanet, la madre había expresado su dolor por el encarcelamiento de su hijo y su deseo de volver a verlo: "Ese día va a ser la felicidad más grande de mi vida".
Pese al agravamiento de su salud, las autoridades no permitieron el reencuentro. La familia solicitó al jefe de la prisión La Pendiente, en Villa Clara, que le concedieran un pase para visitar a su madre. La respuesta fue que solo la vería "cuando se muera".
Esa promesa se cumplió el lunes 5 de mayo, cuando el periodista fue conducido desde la cárcel hasta la funeraria municipal de Encrucijada, donde se realizó el sepelio de su madre, a la que solo pudo ver muerta.
La crueldad del régimen cubano generó reacciones de indignación, entre ellas la del hermano de Johana Tablada, subdirectora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
En una publicación en Facebook, el arquitecto expresó: "Muy triste esta noticia. Zoila falleció y no pudo ver a su hijo después de suplicar que antes de morir la dejaran verlo. Murió sufriendo por su enfermedad, pero peor aún, por su dolor como madre".
En su mensaje denunció la indiferencia institucional, el silencio de la prensa oficial y la represión política, y comparó lo ocurrido con "una película que relata crueldades de otro país y de otra época".
La publicación fue replicada por la madre de Tablada, Carolina de la Torre. Ambos se hicieron eco de la declaración realizada por el laboratorio de pensamiento cívico Cuba X Cuba a propósito de la muerte de Zoila Chávez.
La plataforma calificó lo sucedido como un "acto de burda y desmesurada crueldad consumado exactamente una semana antes del Día de las Madres".
El caso de José Gabriel Barrenechea y su madre es solo el ejemplo más reciente de una de las herramientas de castigo que han usado las autoridades de Cuba contra disidentes, opositores y periodistas independientes o simplemente cubanos que eligieron no subordinarse al régimen ni ser piezas de su aparato de propaganda.
La icónica cantante cubana Celia Cruz fue víctima de la misma práctica en 1962, cuando las autoridades le negaron la entrada al país para ver por última vez a su madre.
Es común el sentimiento de culpabilidad de los familiares cercanos a alguna persona fallecida. Entiendo también el vacío espiritual de este señor, por haber priorizado la lucha por la democracia y la libertad de la Patria, a la familia. No lo critico, aunque yo no soy patriota. Nunca hubiera tenido esas dudas. Ahora bien, lo que hay que destacar aquí es la odiosa represión de una vulgar dictadura. Todos los presos políticos en Cuba deben ser liberados YA!! El comunismo es perverso.