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Represión

'El día que se llevaron a mi hijo, me quitaron el miedo'

'Me lo soltaron bajo fianza, pero si dejo que la gente se olvide de quién es Jonathan Torres Farrat, me lo vuelven a meter preso', dice la madre de un adolescente cubano procesado por el 11J.

La Habana
Jonathan Torres Farrat (der), con su bebé en brazos, su madre, Bárbara Farrat, y el activista Arian Cruz.
Jonathan Torres Farrat (der), con su bebé en brazos, su madre, Bárbara Farrat, y el activista Arian Cruz. B. Farrat/Facebook

Cada vez que Bárbara Farrat iba a ver a Jonathan Torres Farrat a la prisión, se fijaba en que su hijo portaba un reloj distinto. Unas semanas antes de que liberaran al adolescente, le compró uno para que tuviera el suyo propio. Para Jonathan, cada regalo de su madre es sagrado; no obstante, el día en que se marchaba para su casa, se lo quitó de la mano y se lo dio a Brandon: "Tú sabes que las cosas de mi mamá yo no las presto, ni las vendo ni nada. Esto es hasta el viernes porque, como yo salí, tú también vas a salir".

Jonathan y Brandon David Becerra Curbelo eran compañeros en la prisión Jóvenes de Occidente. Estaban allí por participar en las manifestaciones del 11J en el barrio de Toyo. Sus madres han luchado desde fuera para que todos los menores de edad encarcelados sean liberados, y la libertad de uno era la libertad del otro.

El martes 25 de mayo, después de la visita familiar a los presos, Bárbara Farrat recibió la noticia por parte de su abogado de que se había tomado un cambio de medida en el caso su hijo, quien tiene una petición fiscal de ocho años de privación libertad. La madre se dirigió entonces al Tribunal de La Habana, donde supo que a Jonathan Torres, de 17 años de edad, le habían concedido libertad bajo una fianza de 3.000 pesos.

Después de nueve meses tras las rejas, Jonathan Torres volvía a su casa y, por primera vez, iba a abrazar a su hijo de meses. Es una libertad que puede ser temporal, pues aún no se sabe qué pasará con él. Su juicio no tiene fecha por el momento.

Todo lo que ha vivido este joven le ha servido para mantener cautela con lo que dice y hace. Ahora quiere estar con su familia, con su hijo y disfrutar de una libertad que ha costado el sacrificio de su madre, quien no ha parado de pedir por él y los demás menores presos.

"No es lo mismo tener a mi hijo en una visita en la prisión, que al lado mío. Puedes dormirlo o molestarte al lado de él porque no se queda dormido; cargarlo y, después, que lo cargue la mamá a ver si se duerme, pues ella está más adaptada que yo. Me adataré ahora, poco a poco, porque igual me estresa, pero es lindo. Yo quise tenerlo", dijo Jonathan sobre su bebé pocas horas después de haber llegado a su casa.

En el número 443 de la Calzada de 10 de Octubre todos estaban de fiesta la noche en que el adolescente salió en libertad bajo fianza. La familia vive en una habitación de cuatro por cuatro en la que hay dos camas además de la cuna del bebé. El techo tiene filtraciones y las goteras han desteñido las fotos y cuadros colgados en la pared. En el espacio de la azotea que les sobra, reciben a la gente que los va a visitar para saber de Jonathan. Comparten cervezas con todo el que llega. Son gente humilde, de barrio, que recibe y da de a corazón.

"Yo creo que a Jonathan lo sueltan con dos objetivos: se dieron cuenta de que él tiene 17 años de edad y, yo he dado tanta lucha… quieren hacerme pasar a mí como una espía", valora Bárbara Farrat.

"Yo no soy de la CIA porque mi techo se está cayendo. Bueno, ahora quizás quieren hacerme pasar por Seguridad de Estado, como los 'ripieros' son los que trabajan para ellos… Al final, el objetivo es mantenernos en suspenso siempre", añade.

Bárbara Farrat, de 33 años, ha sido una lideresa entre las madres del 11J. Ha defendido a capa y espada la libertad, tanto de su hijo como de los demás menores, que han sido condenados a penas de hasta 20 años de cárcel. La libertad bajo fianza de Jonathan ha sido el resultado de su batallar constante, de enfrentamiento a la Seguridad del Estado y las autoridades.

"La primera vez que vino aquí la Seguridad del Estado yo supe que iba por el camino correcto. Mientras la policía política no te tiene presionada, no estás dando en el clavo. Yo hacía directas y daba entrevistas esporádicas, pero cuando se me tiró por primera vez la Seguridad del Estado, empecé a hacer directas y dar entrevistas constantes, porque me di cuenta que ya estaba ejerciendo una real presión en ellos", explica Bárbara Farrat.

"Llegaba a (la cárcel) Jóvenes de Occidente y a Jonathan no lo llamaban por el Torres (su primer apellido), sino que le decían Farrat, directo", agrega.

Todo este trayecto desde el 13 de agosto —día en que la Seguridad del Estado se llevó a Jonathan de su casa para no devolverlo más— ha sido de permanentes presiones y amenazas para Bárbara y Orlando, su esposo, a quien la policía política ha llegado a preguntar por qué defiende tanto a Jonathan, si no es su hijo biológico. A esto Orlando responde: "lo amo igual".

Aun así, el momento más crítico que recuerda la pareja fue cuando los visitaron los agentes Denis y Luisito y les dijeron que "al niño lo iban a mandar para Guantánamo" y que a ellos los iban a montar en un avión y sacarlos del país.

"Yo me les eché a reír y les respondí que a mí me tenían que matar para montarme en un avión", recuerda Farrat.

"Un día hice una directa apoyando a Camila Rodríguez a Tata Poet, y ellos (la policía política) me dijeron que a mí no me iban a tocar porque yo era madre de uno de los menores, pero en cambio la iban a coger con todas las amistades y gente que nos apoyan", cuenta.

"Me tuvieron casi un mes en silencio. La gente se preguntaba por qué yo no hacia directas ni me manifestaba, y yo les decía que porque no quería y ya", añade.

"Cuando deportaron a Carolina (Barrero) para España por apoyarnos el día en que le estaban haciendo juicio a nuestros hijos, yo caí en una depresión que sola me retiré de las redes por una semana".

"A mí me duele más cuando a alguna de las personas que nos defienden y nos apoyan le hacen algo, que cuando me hacen algo a mí o a otra madre, pues, al final, nosotras estamos luchando por nuestros hijos".

A Jonathan Torres, a causa de constantes subidas de presión, se le produjo una herida en el corazón que se le descubrió cuando ya tenía cinco centímetros. El adolescente requiere tomar Enalapril para mantener la presión estable y que disminuya la herida.

"En la estación de Acosta y 10 de Octubre estuvo 15 días sin el medicamento", afirma su madre. Después me lo pasan para Manto Negro y no le dejaban tampoco pasar el medicamento porque exigían un certificado que viniera de la estación de Acosta".

“La herida del corazón de mi hijo, de cinco centímetros ha aumentado considerablemente. Mi hijo solo tomaba la mitad de un Enalapril por las mañanas y ahora tiene que tomar una pastilla entera por las mañanas y por la tarde. Si a Jonathan se le hubiera mantenido el tratamiento estable, con seis meses que él estuviera tomando el medicamento la herida le hubiera cerrado. Tuvimos que hacer muchas presiones y denuncias para que por fin dejaran que recibiera su medicación".
 
Bárbara Farrat sabe lo que es depender de un medicamento para mantener su salud estable. Ella y Orlando son pacientes de VIH y ambos dejaron de tomar sus medicamentos como protesta por la situación de su hijo.

"Después, cuando nos hicimos las pruebas para retomar el tratamiento de retrovirales, salió que nos estaban haciendo resistencia, y entonces los hemos dejado de tomar hasta que nos pongan nuevo tratamiento", cuentan.

Aunque Jonathan podría estar un paso más cerca de la libertad, su madre sigue ejerciendo presión por él y por los demás menores acusados y condenados por el 11J.

"A mi hijo me lo soltaron bajo fianza, pero si yo dejo que la gente se olvide de quién es Jonathan Torres Farrat, me lo vuelven a meter preso. Yo todos los días de este mundo voy a recordar que él está en la calle, pero bajo fianza y esperando un juicio", asegura Bárbara Farrat.

"El día en que me llevaron a mi hijo de esa puerta para afuera, me quitaron el miedo", zanja y se da el último trago de cerveza.

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1 comentario

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Profile picture for user Ana J. Faya

Hacen falta muchas madres como esa en Cuba que enfrenten a los esbirros de ese régimen.