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Boxeo

Tras vender una medalla olímpica, el púgil Mario Kindelán presume de haber rechazado miles de dólares

Una anécdota del doble monarca en citas estivales muestra la subordinación del deporte en Cuba a los deseos del difunto dictador Fidel Castro.

Holguín
Mario Kindelán.
Mario Kindelán. Trabajadores

El bicampeón olímpico cubano de boxeo Mario Kindelán, quien tuvo que vender una de sus medallas de oro en citas estivales e intentó hacer lo mismo con la otra, presumió de haber rechazado cientos de miles de dólares y un cheque en blanco en el mejor momento de su carrera deportiva, en una reciente entrevista con el canal de Youtube Liván Deportes TV.

En 1999, el púgil holguinero ganó el título de la división de 60 kilogramos en los Juegos Panamericanos de Winnipeg y luego en el Campeonato Mundial de Houston —en el que la escuadra cubana sufrió una cadena de derrotas que las autoridades de la Isla atribuyeron a que los árbitros estaban en su contra—, después de pasar tres años alejado del boxeo por una sanción.

Ese retorno exitoso y su maestría para golpear y esquivar los puños de los rivales lo colocaron en el foco de promotores del mundo del profesionalismo.

En 1999, contó el boxeador retirado, unas personas fueron a la habitación del hotel donde se hospedaba y le ofrecieron 250.000 dólares, solo para que se los enviara a su familia en Cuba hasta que pudiera sacarlos. A esa suma añadieron "un cheque en blanco, lo que yo quisiera".

Kindelán no aceptó la oferta. "Pensé en mi país, en mi pueblo, en mi familia", aseguró 26 años después. "Mi respuesta en ese momento fue que no, y que yo no iba a traicionar a mi país ni a mi patio", recalcó.

También afirmó que su felicidad consiste en haber nacido en Holguín y se definió como "un devoto" de su provincia, a pesar de que esta le dio la espalda cuando fue sancionado y no recibió ningún apoyo para reincorporarse.

El boxeador holguinero retirado relató que le solicitó par de tenis a un entrenador de la provincia para volver a las prácticas y el técnico le dijo que ya él era un deportista "desfasado", que el calzado disponible era para los púgiles que tenían posibilidades de entrar al equipo nacional.

Ese año, Mario Kindelán fue campeón a nivel provincial y nacional, y regresó al equipo grande. Así comenzó una racha de triunfos que solo se vio interrumpida en 2002, con su primera derrota en cuatro años.

Después de ganar los Panamericanos y el Campeonato Mundial, el púgil holguinero conquistó su primer título olímpico en Sidney 2000. Cuatro años después, reeditó su actuación en Atenas 2004.

En su camino a lo más alto del podio en Australia, enfrentó un primer obstáculo en Cuba, que superó gracias a Fidel Castro. La anécdota refleja la subordinación del deporte en la Isla a los deseos del dictador.

"El colectivo técnico del equipo nacional quería bajarme para la división de 57 kg", contó Kindelán.

Él no estaba de acuerdo porque habría tenido que bajar mucho de peso. Además, ya les había ganado prácticamente a todos los púgiles de los 60kg y estaba seguro de que podía volver a hacerlo. No se sentía tan seguro de lograr el mismo resultado en la división inmediata inferior. Sin embargo, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) decidió que el campeón panamericano y mundial peleara en los 57 kg.

El INDER era la principal autoridad deportiva en Cuba y tenía la última palabra, excepto cuando Fidel Castro tenía una opinión contraria, como quedó demostrado en el caso de Kindelán.

El púgil, que tenía el número de teléfono personal de Fidel Castro porque este se lo había dado, lo llamó y le contó el problema. El dictador decidió que se mantendría en el peso ligero y así lo hizo saber a las autoridades del INDER.

Mario Kindelán se impuso en Sidney y le dedicó la medalla de oro a Fidel Castro, de quien es un admirador confeso.

En 2023, cuando transcendió que había vendido su primera presea dorada en Juegos Olímpicos, porque no podía comer ni mantener a sus hijas, y que había intentado también vender la que conquistó en la capital de Grecia, Kindelán aseguró que prefería deshacerse de sus medallas antes que "desertar", pues eso hubiera significado traicionar al difunto dictador.

En 2020, dijo al medio estatal Trabajadores: "Creo en Fidel como otros creen en Cristo".

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5 comentarios

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Siguen los cuentos de tía tata con los cheques en blancos, ni usted mismo se cree eso.

Profile picture for user El Mongo

Es que seguro le enseñaron el ticket de parqueo y le dijeron que era un cheque y con el intelecto que tiene......

Profile picture for user Ramon Santis

nada, celebro tu decision. A comer de las medalas hasta que se acabe el money jajajajajaja. Y no te acerques a la frontera de Mexico-US; por que vas para atras! Una muela era cuando el Cagandante estaba y otra es ahora cuando la candela viene chapeando bajito. Por lo demas de tan honarable decision jodistes la vida de mucha familia que podias haber salvado del castro-comunismo.

Profile picture for user El Mongo

Pues a comer Moringa, todo te pasó por comepinga.

Ja,ja, pues come Fidel y de paso dale a tu hija comida Fidel.