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Deportes

Entre reformas urgentes, recortes y nostalgia por Barcelona 92, La Habana busca salvar su modelo deportivo

El INDER admite que el 60% de las instalaciones deportivas cubanas están fuera de norma, más de 1.500 talentos se pierden cada año y los entrenadores carecen de acceso a tecnología moderna.

La Habana
Raúl Fornés, vicepresidente del INDER.
Raúl Fornés, vicepresidente del INDER. Cubadebate

Ante el progresivo deterioro del sistema, el vicepresidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), Raúl Fornés, ha hablado de una ambiciosa, pero difícil estrategia de reformas en Cuba con horizonte en los Juegos Olímpicos de 2032. En una entrevista publicada por el portal oficial Cubadebate, reconoció los severos problemas estructurales que enfrenta el deporte en la Isla y delineó un conjunto de transformaciones orientadas a recuperar parte del prestigio perdido

Entre los anuncios y los objetivos, sin embargo, persiste una distancia marcada por la precariedad económica, la emigración de talentos y el colapso de la infraestructura deportiva.

Uno de los pilares de la proyección institucional es la contratación de atletas en ligas extranjeras, una política que Fornés califica como "irreversible". Este modelo busca no solo elevar el rendimiento competitivo de los deportistas cubanos, sino también generar ingresos para ellos y, de forma colateral, para la Federación, que, según el funcionario, percibe entre un 10% y un 20% por derechos de formación, adicional al salario de los atletas contratados. Aun así, los beneficios colectivos de este esquema siguen siendo poco evidentes: mientras algunos atletas brillan individualmente, el rendimiento general de Cuba en eventos internacionales continúa a la baja, se quejó Fornés.

El vicepresidente del INDER también admitió la necesidad de una renovación urgente del cuerpo técnico nacional. La mayoría de los entrenadores cubanos carecen de formación actualizada y acceso a tecnologías modernas, lo que los deja en clara desventaja frente a las metodologías que dominan el deporte profesional global. La solución propuesta: programas de superación técnica y el rediseño de los planes de estudio de la Licenciatura en Cultura Física, con énfasis en especialización real.

Quizás el diagnóstico más crudo fue sobre la infraestructura deportiva. Fornés reconoció que las mejores instalaciones datan de 1991 y ya no cumplen los estándares internacionales. La meta es ambiciosa: rehabilitar el sistema antes de 2032. No obstante, la realidad es que, según el propio funcionario, hace casi una década no se invierte adecuadamente en el deporte de base, lo que ha provocado el colapso de toda la pirámide formativa.

Otro frente de cambio es la regionalización del deporte, una nueva política que busca concentrar recursos en disciplinas y territorios con tradición y potencial reales. Esto supone abandonar el modelo de desarrollo uniforme y reconocer que provincias como Guantánamo, por ejemplo, no tienen sentido en invertir en disciplinas como el patinaje. En paralelo, el Gobierno priorizará oficialmente aquellos deportes que garantizan medallas: lucha, boxeo, judo o atletismo, dejando en segundo plano a las disciplinas sin resultados comprobados.

El funcionario fue categórico al admitir que el modelo vigente ha provocado la pérdida anual de más de 1.500 talentos, debido a la desaparición de eslabones intermedios como las escuelas pre-EIDE y las ESPA provinciales. La nueva ley del deporte —que se espera sea aprobada este mes en la Asamblea Nacional— contempla la institucionalización de academias deportivas con presupuesto propio, en un intento por reconstruir el sistema que llevó a Cuba a ocupar el quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, un pasado que parece cada vez más lejano.

No obstante, la implementación efectiva de esta visión dependerá de la disponibilidad de recursos, de la voluntad política real y del contexto internacional. Fornés advirtió que la participación de Cuba en Los Ángeles 2028 no está garantizada si se mantienen las restricciones de visado por parte del gobierno de Estados Unidos, apelando al recuerdo de la ausencia en los Juegos de 1984 como precedente.

En suma, el funcionario configuró un sistema deportivo que apuesta por un cambio estructural, tardío, que intenta conjugar nostalgia, planificación y pragmatismo. Pero mientras se rescata la retórica del deporte como pilar de la Revolución, la realidad cotidiana de entrenadores sin medios, atletas sin relevo y estadios derruidos sigue pesando más que los planes. 
 

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