No hemos cambiado mucho desde que se escribió la Biblia
y toda promesa de redención se rompe por innumerables caídas.
Mariano Picón-Salas, Regreso de tres Mundos
Hay vuelta en revolución.
No hay heroísmo en el exilio. Se vuelve a donde se ha estado. Cuando se narra, la experiencia se hace crítica de la sociedad de la relectura. Hay crítica cuando supera las trampas de la forma y narrativa cuando supera los entretejidos de la estructura social; se supera la impostura.
No solo se cose y se canta, también se advierte una consecuencia en el ritmo lento del inconsciente colectivo. Lo que se debe cambiar es concretamente el alma entera.
No hay relectura sin Revuelta.
Kristeva: ¿contra quién rebelarse si el poder y los valores aparecen vacantes o están corrompidos?
La Revolución opera más desde su espera que desde su proyección transformadora y triunfa en el espíritu de sociedades secularizadas por el fracaso de las religiones monoteístas. Lo que hay de nuevo y transformador antes bien lo exige en sacrificios humanos. Hasta el de la propia libertad.
Hablar de Revolución supone hablar de tradición y de fracaso y de fervor político: de sus oficios suicidas.
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Venezuela no solo ha devorado vidas humanas en las guerras civiles, en el
azar sin orden de una sociedad violenta, en convulsionado devenir, sino que
también marchitó —antes de que fructificaran bien— grandes inteligencias
Mariano Picón-Salas, Procesos del pensamiento venezolano
El hecho histórico supera los límites de la subjetividad romántica, no quiere someterse a la naturaleza. Lo que se perfecciona no es la historia, son las formas de contarla.
La Revolución se escribe desde la anulación del optimismo y de la libertad individual. No se justifica por su afán de transformación progresiva de los males de la sociedad como por sus ansias de venganza.
El siglo XX se caracteriza por pretender la sumisión de la esfera individual al bien de las masas. La pasión es pasión política; toda estética deviene en el dominio de la norma.
Se vuelve a la pretendida anulación de las clases que, de tan pretendida, fracasa.
Pero el individuo, el idealista por excelencia es el que fracasa antes de contemplar su afán transformador.
Se busca cambiar la historia, pero no cambiar su rumbo.
Armando Rojas Guardia: Un país acostumbrado a confundir la política del Estado con la figura del caudillo de turno. La despersonalización e institucionalización del poder.
La ética, la contemplación, la pasión que en el fondo ampara la naturaleza humana han estado del lado del artista, del que supo hacer frente a la vicisitud política hasta caer en el dominio de una historia que por revisitada en su empeño por la utopía transformadora no se somete al diálogo de la tradición y del que, por el contrario, se conformaba con el amparo de los ideales que la conformación de una república baldía le exigieron: el espíritu positivista, la idea de una civilización que por renegada, era perseguida.
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Tan soñada revolución formaba parte de
un capítulo inconcluso de la independencia nacional
Mariano Picón-Salas. La palabra revolución
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La vuelta de la revolución es la que busca comprender en el origen las estructuras sociales que han de desmantelarse y la que, a costa de su violencia y fe desencarnada, retrocede a estados previos a la civilización.
Toda propuesta civilizadora es también un documento de barbarie.
La lucha por la dignificación de las condiciones humanas, la igualdad de derechos y garantías sumida a una esfera política o a la otra —que se superpone— radica siempre en un proyecto a desarrollarse. Se determina el hombre y la humanidad en cuanto a condiciones materiales. Se espera al perfeccionamiento de éstas para su desarrollo.
El hombre, sus derechos y garantías palidecen en tanto el poder de la revolución. La búsqueda de la libertad y de la justicia son instrumentos para hacer prevalecer el poder de quien ejecuta, cuando no radica en el afán del espíritu modernizador que a costa ha traído años de esclavitud y de la diálectica inconcusa que en sus indicios pretendía erradicar.
Al igual que la revolución, desde la independencia, se institucionaliza una soberanía que ha dejado de lado sus albores de justicia. Simone Weil: lo que ha de ser soberano es la justicia.
La justicia, más que el fin de toda constitución es el instrumento de un discurso desacreditado ante su falta de realización para la vida en sociedades. Se confunde justicia con igualdad e igualdad en revuelta contra el orden de las clases que en intervalo se confunde con el ascenso del sistema de las democracias en occidente.
En el presente, la experiencia se cuestiona. La historia es en tanto desalentadora cuando se compara con la espera de recoger sus frutos. Se sirve de la promesa de futuro y el lenguaje de las idolatrías que el cristianismo sembró entre los valores renegados de una sociedad.
La historia de la independencia y de la palabra Revolución, antes bien, afianzan la lucha por depender de otro. Se anula el deseo de cambio y toda promesa apuesta por la superación de su época.
Viviana García Hoyos nació en Mérida, Venezuela, en 2001. Sus textos han aparecido en revistas y suplementos literarios venezolanos.