La isla se achica
detrás del asiento 27A.
Para esto no hay remedio
todavía. Es un fenómeno óptico
es un fenómeno sociopolítico
es un fenómeno económico
es un fenómeno de fenotipo.
El avión ruge y tiene hambre.
Por eso va lleno de puertorriqueños.
¡Tiene sentido!
Yo muero de sed porque el agua
es muy cara en los aeropuertos
y el mar, desde mi ventana abunda
en su bailoteo incesante, ese mar
que de tan azul es de un verde
muy brillante.
La isla termina justo donde comienza
este mareo que intuyo de raíz espiritual.
Por eso siempre verifico que la bolsita
blanca esté en donde tiene que estar:
cerca de mi boca.
Por las turbulencias me mareo
por dejar detrás de la ventana
de un avión hambriento su silueta
cada vez más diminuta, sus colores
cansados mecidos por el viento.
Tomo fotos de la isla en su acto de
desaparición. Veo sus greñas verdes
detrás del ala blanca del avión. Siento
que se despiden de mí en un tono burlón.
Me pide que la retrate bien, que encuentre
su ángulo mejor. Pero yo no estoy para eso.
El avión tiembla y yo me llevo la bolsita blanca
a la boca, respiro y exhalo dentro de ella.
El mar a lo lejos parece que escupe mi rostro.
La espuma hace que la cara me arda
de placer y de vergüenza.
La bolsita blanca sigue tan limpia
como siempre. La arcada es un reflejo
más que otra cosa, algo que carece
de sustancia.
Igual la isla, el avión el mar y yo…
somos un reflejo más que la cosa real.
Margarita Pintado Burgos (Puerto Rico) es autora de los poemarios Ficción de venado (2012; 2024), Una muchacha que se parece a mí (2016; 2024), Simultánea, la marea (2022) y Ojo en celo/ Eye in Heat (2024). Ha recibido el Premio de Poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la beca Letras Boricuas (Fundación Mellon) y el Premio Ambroggio (The Academy of American Poets). Codirige el espacio de poesía Distrópika. Escribió, junto a Lorenzo García Vega, la “novela bloguera” Ping-Pong Zuihitzu.